domingo, 30 de enero de 2011

EN DEFENSA DEL PROCESO DE CONSTITUCIÓN DE LA MASCULINIDAD.

Desde hace un par de años, y gracias a la lucha de las propias mujeres cansadas de la secular dominación masculina, se ha instaurado en la sociedad una idea que es la de igualdad de género. Para decirlo sencillamente el género es un conjunto de prácticas y hábitos por los que los seres humanos nos relacionamos entre nosotros a partir de un cuerpo que tiene una significación sexual. El género también puede expresar una relación social de dominación mediante la instauración de un modo de dominación generalmente de origen histórico/tradicional.
En pos de esa igualdad de género proclamada es que planteo defender los procesos por los cuales se constituye la masculinidad, algunos de los cuales no son bien comprendidos por aquellos que no los han atravesado.
Entiendo a la masculinidad como las prácticas y hábitos que constituyen y definen el ser hombre y varón. Las prácticas y hábitos sociales son el resultado de procesos sociales que están incrustados en la sociedad y hunden sus raíces en el pasado. La tradición es el vehículo que transmite los saberes sedimentados al presente y los proyectan al futuro.
Como todo proceso, el proceso de construcción de masculinidad tiene pasos que conformaran un ritual con sus pertinentes ceremonias. Para ilustrar mejor estos procesos, empiezo por describir algunos de estos rituales y ceremonias.

LOS CONCURSOS:
El varón nace, debido a su propio proceso de evolución biológica, con una tendencia muy marcada a la solidaridad. Esta creación humana no debe ser entendida desde una mirada moral sino estratégica. La solidaridad social a la que me refiero es aquella que podríamos llamar relación cooperativa y es lo que posibilitó que el hombre pudiera cazar animales mayores en virtud de un trabajo común. Esta solidaridad se inscribirá en acciones que se desarrollan en el transcurso de vida de los varones involucrados. Los ritos de constitución, tienen como objetivo institucionalizar prácticas y hábitos. La solidaridad, paradojalmente, suele expresarse como una competencia que determinará no solo la idoneidad del compañero, cuando se necesite, sino que también permite expresar las jerarquías y autoridades que toda cooperación requiere. Algunos ejemplos de lo manifestado se encuentran ilustrados por lo que llamo “los concursos”:

Concurso de flatos:
Obviamente en su camino evolutivo el hombre fue dejando de ser ese animal necesitado de sus sentidos para sobrevivir. El costo del pensamiento ha sido la pérdida de esas capacidades visuales, olfatorias, etc. Pero, no obstante lo dicho, se puede constatar algunos residuos de esas facultades pérdidas y que se ejemplifican en la confirmación del self mediante los propios efluvios. Todos reconocemos nuestros propios aromas corporales y los ajenos nos parecen detestables.
Pero esta particularidad, en algunos momentos del proceso de constitución de la masculinidad, se transforma en un rito.

Descripción:
Supongamos una carpa con cuatro adolescentes amigos que decidieron irse a festejar la primavera de campamento a la ciudad de Lobos. Cuando deciden acostarse de noche, después de haber comido, la carpa que los alberga seguramente será el escenario de una competencia que tiene a la expulsión de los gases como motivo secundario ya que el primario es demostrar a los compañeros que uno es un varón y que es confiable para lo que el grupo pretenda. EL primer flato producirá escenas como la siguiente:
- ¡Huy! ¡Hijo de puta! ¡Te cagaste!
- Si. Ja, Ja, Ja.
Al instante, todos los miembros del grupo, comenzarán a expulsar sus gases en medio de risas, gritos, insultos inclusos manoseos. Cada miembro intentará ser considerado el mejor “tirapedos” no solo por lo estruendoso o largo del suceso, sino también por el aroma que estos gases, que contienen mayoritariamente metano, suelen poseer. En pos de este objetivo, habrá algunos que, siendo más audaces que los otros, se desnude e intente encender el gas que expele intencionalmente por su orificio excretor buscando, con este estúpido pero varonil acto, la carcajada, la complicidad y la admiración de sus compañeros.
El concurso de flatos, o “pedos” en el lenguaje vulgar, es uno de los ejemplos y ayuda a construir la imagen de varón en la identidad masculina y bien puede ser calificado como escatológico.

Concurso de orinada.
Si en el concurso de flatos se pone en exhibición una excreción anal, en el concurso de orinada se exhibe el atributo fálico, tan querido y a veces subestimado. Ya Freud ha mencionado la ligazón particular que significa la posesión de un falo y/o su ausencia.
El falo es el símbolo de una masculinidad que no excluye la homosexualidad masculina.
Como órgano de reproducción, el falo ocupa una posición externa y cómoda, esto define que sea fácil tomarlo con las manos ya que los dos órganos han evolucionado juntos y no sabemos quien lideró dicha evolución; si la mano desarrolló al falo o viceversa. Lo cierto es que desde pequeño, el varón se toma su falo casi en todo momento y nunca dejará de hacerlo llegando a fallecer, en algunas contadas circunstancias, con su falo en la mano. Al respecto, recuerdo un chiste que hace referencia a esta precisa circunstancia.
El atributo mayor del falo masculino es su capacidad de erección. Como dotado de una energía propia, mágica y asombrosa, el falo es capaz de modificar su dimensión no solo a conciencia del self sino también inconcientemente. Esta rebeldía que expresa el falo en relación a una autonomía de la conciencia, es, a mi juicio, el motor de la evolución humana.
Los dos actos que tienen al falo como protagonista principal, aunque no las únicas, están definidas por la masturbación y el acto de orinar.
La masturbación masculina se realiza, generalmente, en forma solitaria con las excepciones de rigor. Sin embargo, el acto de orinar, si bien íntimo, en el caso del varón puede ser motivo para la exhibición de su falo y de sus dotes de orinador. Ilustremos con un ejemplo

Descripción:
Fin de un partido de fútbol amateur en cualquier lugar. Los jugadores de dicho partido, compañeros y adversarios, hacen cola en una manguera para tomar, de acuerdo al turno de llegada, agua para refrescarse y reponer lo perdido en la contienda deportiva. Una vez que el último de los jugadores sació su sed, uno de ellos, se pone a orinar en un paredón preferentemente. En el mismo instante, un segundo orinador se hace presente en el mismo paredón y comienza a orinar en el pero describiendo círculos o formas con su falo que, como un inyector de líquido, termina estampando la orina en el paredón con las mismas formas que propuso el orinador. Este desafío que propone el segundo orinador es respondido por el primero quien hace lo mismo. Es posible que comiencen a sumarse otros orinadotes y que incluso, en el frenesí de la orinada general, todos se vean involucrados orinándose mutuamente.
Al igual que en el concurso de flatos, todo sucederá en ambiente risueño y jocoso lo que hará al fenómeno alegre.

Concurso de escupidas.
Se ha hablado del ano, del falo y, como no podía ser de otra manera, ahora se hablará de la boca.
Esta no solo nos permite alimentarnos y percibir el mundo a través de los sabores sino que posibilita, junto con la garganta y todo el aparato foniátrico, el maravilloso y fascinante proceso de comunicación. La conciencia nos indica las palabras a utilizar pero la boca es la que emite el lenguaje.
Como uno de los orificios del cuerpo humano, tanto permite el ingreso como el egreso. Por la boca entonces entrará el alimento, ya sea de origen material o simbólico, y expulsará eructos y saliva que, en determinadas ocasiónese se transforman en salivazos.
Los eructos, al igual que los flatos, posibilitan la expulsión de gases corporales correspondiéndole a los primeros poseer una estentoreidad que los segundos no tienen siendo el atributo principal de estos últimos, su aroma muchas veces hediondo.
La producción de saliva puede ser abundante e inconciente, denominándose baba, o puede ser manipulada por la lengua y los músculos de las mejillas con una intención explícita de expulsión. Este es el caso que pretendo describir.

Descripción:
Un grupo de amigos, los mismos que se fueron de campamento y los que jugaron al fútbol, se reúnen a comer un asado en el patio de la casa de cualquiera. Compran la carne, el carbón, las achuras, el pan, el vino y la cerveza. La sal la pone la casa. Unas palabras al margen, cuando los varones se juntan a comer asado, es raro que alguien piense en la ensalada o en el postre. Se come carne y pan y si hay suerte, chimichurri, y si aún hay más suerte, el chimichurri está bueno y picante. Se bebe vino y cerveza básicamente. Con los años el rito del asado masculino se mantiene pero se incorpora la soda, las gaseosas, el tomate, la lechuga y la cebolla determinando que la carne, sus condimentos, el pan y las bebidas sean lo más importante y constituyan propiamente el rito del asado como tal. La ceremonia del asado es otro de los momentos del proceso de construcción de la masculinidad pero hoy no será tratado esperando presentarlo en otra ocasión.
Después de comer el asado dejando una generosa porción de vacío junto a restos de achura y huesos, la mesa cubierta de botellas vacías y semillenas acompañadas groseramente con pedazos de pan, pedazos de asado, de chorizo, etc., algunos de esos varones se sienta en donde puede y, desabrochándose el botón de su pantalón, exhibe su abdomen hinchado de alcohol y grasa reforzando, dicha exhibición, tomándose la panza con sus dos manos y agitándola grotescamente. En ese momento en que su organismo accede a un equilibrio de origen químico y neurológico, su existencia no es pues su conciencia se diluye en los recuerdos del pasado asado. Cargada e inflamada su garganta y relajado desde el cabello hasta los pies, escupe hacia un costado intentando acertar en una caja de cartón en la que se trajeron las mercancías. El compañero, al notar la primer escupida, intencionalmente produce un bolo salival y repite la operación intentando acertar a la misma caja de cartón.
Los comensales se dan cuenta y todos, por turno o desordenadamente, comienzan a escupir intentando acertar a la caja de cartón quien ya ostenta algunos aciertos.
A consecuencia del alcohol y la grasa consumida, algunos ya directamente escupen pedazos de carne, hueso, pan, etc., quedando no solo la caja sino sus alrededores más próximos, si se me permite la expresión, con las señales evidentes de la competencia de escupidas. No es raro, al igual que en el concurso de orinadas, que el destino de los salivazos cambien de dirección y la competencia por acertar en la caja se oriente al ojo del compañero.

Los concursos mencionados forman parte directa y son uno de los ejemplos de los ritos y ceremonias que constituyen el género masculino. Por medio de ellos, los varones nos reconocemos como tales y conformamos fratrías indisolubles en el tiempo. Estos procedimientos son primitivos y su origen se encuentra muy lejano en el tiempo. La necesidad de preservar territorios de caza y de hembras para la reproducción pudo haber estado en el comienzo de la evolución y la forma de trasmitir los procedimientos eficaces encuentra en los ritos y ceremonias, cada cual con su particular permofance, uno de los ejemplos mas evidente. Mediante estos procedimientos institucionalizados y sedimentados en una historia en común y en un proyecto de vida colectivo que considere la singularidad individual, el hombre viene recorriendo su camino.
De tal manera que sirva este escrito para hacer un llamado en defensa y protección de los hábitos y prácticas que colaboran en la constitución de una masculinidad y para preservar el proceso de constitución de esos hábitos y prácticas.
Los varones, al fin de cuentas, también somos un género.

jueves, 27 de enero de 2011

LA TRAGEDIA QUE SIGNIFICA EL OLVIDO DEL SER. Ensayo sobre el debate sobre la baja de imputabilidad penal.

INTRODUCCIÓN

Vivimos en un mundo compartido. Todos vivimos entre Todos. No podemos vivir solos. Al vivir en un mundo en donde concurrimos Todos a desplegar nuestra existencia humana, acontecen eventos que involucran nuestra vida y también nuestra muerte.
La significación de esta evidencia empírica, antes que analítica, correrá por cuenta de la cultura. El hombre occidental suele nombrar a estos eventos con la palabra tragedia.
Designamos con esta palabra un evento fatal que no podemos entender y, debido a esta imposibilidad, exteriorizamos nuestra angustia y nuestro miedo ante la muerte mediante palabras, y a veces, mediante nuestras acciones.
El 19 de enero de 2011 unos ladrones, ingresaron a un domicilio en la localidad de Tolosa y uno de ellos, de quince años, mato de un tiro al dueño de lugar. A raíz de este suceso, como viene sucediendo no solo en la Argentina sino en la mayor parte de los países occidentales, comienzan a escucharse las mismas voces de siempre ya sea buscando motivos para endurecer las penas o motivos para no hacerlo.
De lo que se trata esta reflexión es de mostrar otros puntos de vista sobre el tema.
No es que el tema de la imputabilidad o los debates sobre menores delincuentes no sean importantes. Estos son temas que hacen a la vida en colectividad, pero también debemos admitir que son reiterativos. Desde la academia como desde los medios de comunicación, incluso lo que se entiende como sentido común, se asiste a un debate reiterado en donde se dirimen viejas antinomias ideológicas en relación a la cuestión social que podría definirse como el delito.
Pero no es de criminología ni de judiciabilidad de las conductas humanas de lo que yo quiero hablar. Estas disciplinas, por las que siento un gran respeto, están todavía inmersas en esa cuestión ideológica que yo pretendo trascender. Yo quiero presentar otra mirada, otra visión.
Pero, debo advertirlo, mi visión no va a poder llegar a ninguna conclusión que satisfaga a los que se empeñan en encontrar motivos para uno u otra de las acciones sobre lo que “se debe hacer”. No se qué se “debe hacer” ni puedo decir qué se “debe hacer”, por lo menos no en este momento y en este lugar. No pretendo explicar ni dar una receta. Solo puedo abrir una puerta de reflexión. No se siquiera si es la puerta correcta. Como se puede apreciar, son muchas las cosas que no se. Quiero partir desde esta ignorancia y recorrer la reflexión desde ella en el convencimiento de que lograré llegar a algún fin.
De tal manera que, si el lector mantiene una esperanza de que lo que va a leer le va a aclarar algo, debe dejar este escrito en este punto y satisfacer su inquietud por otros medios.
Pero que no pueda concluir no significa que no pueda asumir una posición social y política al respecto o mantenerme en silencio. Las formas de la militancia y el compromiso no se agotan en el enarbolamiento de una pancarta.
Esta reflexión tratará más sobre dudas, temores, ignorancias, etc. sobre un tema social que me es muy difícil de enmarcar pero que se relaciona con el evento acaecido en Tolosa y que ya fuera mencionado.
Comencemos.

1. LA TRAGEDIA. OCCIDENTE. HYBRIS.

Lo trágico es lo desgraciado, lo fatal , y es producido o por el destino, escrito por los dioses, o por la desmesura.
La Tragedia griega, en forma de narración épica o representación teatral, relataba estos hechos que inevitablemente terminaban con la muerte de aquel que pusiera en práctica la hybris.
La hybris griega -y nosotros descendemos mal que nos pese de los bárbaros griegos, de allí la pertinencia de citarlos- es la desmesura propia del humano, no del Ser. La vida humana es, para nosotros, trágica. La desgracia, lo fatal, nos acompaña en forma de hybris que fue lo que mató a Antígonas, a Paris, a Prometeo y a muchos más. Sófocles es un ejemplo de lo mencionado.
Vivimos, pues, en un mundo compartido y en el que suceden tragedias.
Una de estas tragedias sucedió hace un par de días en el domicilio de un hombre en Tolosa Un ladrón de quince años lo mató de un tiro.
Presentado así, de esta manera, de este texto surgen múltiples senderos de indagación. Varias disciplinas ya han marcado los ejes principales; la psicología, la filosofía, el derecho, la jurisprudencia, la sociología, la criminología, la antropología, etc., dan sus conclusiones y sus posiciones al respecto. Sin embargo, nos seguimos asombrando, compadeciéndonos e irritándonos hasta el punto de pedir venganza porque las tragedias, bien lo sabían los dioses olímpicos, nos sobrepasan. Y, como nos trascienden, suelen angustiarnos.

Para enmarcar primeramente la cuestión, debo, al menos, fundarla:

La tragedias no tienen explicación. No se explican.
La sociedad humana castiga los delitos que se cometen en ella.
Hay una relación entre la hybris y el delito. Esta relación es trágica.

Entonces, yo no voy a explicar nada por que no se puede, no hay nada que explicar. La descripción de la tragedia evita todo intento de explicación. El tema en cuestión es como la sociedad humana castiga los delitos que se cometen en ella y que relación tiene la hybris en toda esta cuestión social. El primer tema que yo quiero plantear, ya que al parecer la cuestión etárea es la que funda el debate , es el de la edad. Interrogarme por la edad. Saber que es y por que se toma como un elemento en una escala de punibilidad.

2. LA EDAD.

Antes de entrar de lleno al tema, debo decir aunque sea una breves palabras sobre qué es la edad.
La edad es el tiempo que uno ha vivido. Los existencialistas, especialmente Heidegger pero también Sartré -aunque este no se si se consideraba a sí mismo existencialista o fenomenólogo- llamaron a la edad un existenciario.
El termino tiene connotaciones paralelas en relación al tiempo y su uso a influenciado a la historia (edad de hierro, edad de bronce, etc), a la literatura en relación a las metáforas de la edad (la niñez como un despertar, la vejez como un adormecerse, etc).
La edad, al referirse a la existencia del Ser, deja de ser una “cosa” y pasa a ser una dimensión social ligada al paso del tiempo, un sujetamiento. De aquí extrae su trascendentalidad para esta reflexión.

2. 1 La edad cronológica.
Al plantear el tema de la edad me pregunto si los años calendarios son una buena variable para comprender la edad.
La edad cronológica, es la forma de “medir” la edad que se ha impuesto en la sociedad moderna occidental y responde a un criterio biopolítico. Ya la sola idea de la medición nos alerta acerca de su fin, su telos.
La biopolítica intenta ya no domesticar a los cuerpos para las fábricas o para el ejército -lo que Foucault llamó la anatomopolítica- sino que ahora intenta enmarcar todos los eventos de la vida de los individuos. Al mismo tiempo, la edad cronológica permite a los Estados aplicar programas políticos, asistenciales, educativos, etc., que se planifican, especialmente, a partir de edades cronológicas.
Pero la edad cronológica no es cierta. Y no lo es por varias razones:

Biológicamente mi hígado puede estar mas “viejo” que mi corazón.
¿Que cambia en mí tan solo en un día? Si la edad cronológica se mide a partir del año calendario ¿por que el último día de mis diecisiete años soy menor y el día siguiente no? Esto nos lleva al tema de la edad social que ya veremos.
¿Hay una universalidad cronológica entre los seres humanos? Un sujeto de quince años nacido en Palermo ¿es igual/similar/idéntico/homólogo a uno nacido en Bagdad, en Charata, en Islamabad?
¿no hay diferencialidad por género?

Primer conclusión: la edad cronológica no es apta para el debate sobre los Seres. La edad cronológica es el instrumento que tienen los Estados para elaborar sus políticas. La utilidad de la edad cronológica solo refiere a una instrumentalidad burocrática que despersonaliza al Ser.

Desde esta primera conclusión, todo el debate jurídico-político queda enmarcado en esa instrumentalidad racional técnica que impugna al Ser y que, obviamente, no tiene como objeto evitar lo que se propone sino autoreproducirse. De tal manera que no continuaré por esta línea de reflexión. Pero quiero dejar aclarado que este sendero debe ser tenido en cuenta en el debate sobre imputabilidad de menores por que hace a la definición de menor; un menor es aquel individuo que no tiene dieciocho años o veintiuno. Pero no nos dice nada, solo es un criterio cronológico ligado a lo biopolítico. Este es un argumento que debe ser un insumo en el debate garantista. Demasiado se ha escrito para que yo lo repita. Continuemos.

2.2 La edad social.
La edad social, como un existenciario, es la edad que una sociedad considera apto a un sujeto “para” o que “puede” hacer determinadas actividades o cumplir determinados roles. Generalmente la sociedad, por medio de la cultura, provee rituales -los llamados rituales de iniciación o de transición- que, mediante una ceremonia, identifican a toda la sociedad, que el sujeto no es lo que era y ahora es lo que es. Pasa de un estado social a otro, deja de ser niño o joven y pasa a ser adulto o cazador. Dos ejemplos ligados al género: en nuestra sociedad una niña cumple quince años y deja de ser niña y pasa a ser señorita. La ceremonia de la fiesta viene a significar el rito de transición: se deja de ser niña y se “es” ahora señorita. Sin embargo, en otras culturas como la wichí o la qom, para nombrar a dos culturas cercanas a nosotros, es la menarca la finalización de la niñez y el inicio de la adultez y se ceremonializa de otra forma. En el caso de los varones, también puede ser la aparición de ciertos signos corporales, el vello púbico por ejemplo, o la internalización de determinados valores comunitarios o la adquisición de ciertas habilidades los que ameriten el inicio del rito de transición. Entonces, un niño que ya puede lanzar la flecha y acertarle a un objetivo distante, será preparado y cumplirá el ritual que su comunidad acostumbra. En nuestra sociedad, es nuevamente el criterio cronológico el que prima: el joven al cumplir dieciocho años ya puede tener su registro de conductor, ingresar al ejército, se le otorga la mayoría de edad, etc.
Solo como un dato paralelo a lo dicho, para nuestras sociedades la edad social contiene lo que se conoce como la edad legal y le cabe la impugnación de la primera conclusión.
Toda sociedad, entonces, se estratifica por edades poseyendo cada una de ellas obligaciones, responsabilidades, excepciones, roles, etc. que marcan un ritmo en el curso existencial de la vida. La estratificación por edades es también un sistema de expectativas de roles sociales. Se espera que un niño haga cosas de niños y los viejos hagan cosas de viejos.
El sistema de edades, como todo el complejo significativo cultural de una sociedad es previo al nacimiento del sujeto y este no puede escaparse de él. Esto quiere decir que el mundo es preexistente al sujeto y éste nace en un mundo que lo está esperando y que pone ciertas expectativas en él. El Ser que porta ese sujeto, esta sujetado a un sistema de edades y este a un sistema de deberes, obligaciones y premios que configuran algunos clivajes para el curso existencial de la vida.
Obviamente, dejo este tema planteado aquí pues su profundización nos aleja del núcleo central de esta reflexión. Una lectura de los autores mencionados mas lo que se encuentran a disposición sería imprescindible para continuar.

2.3 La niñez, las niñeces.
Habíamos dicho que un sistema estratificado según edades, no importa su origen, es también un sistema de expectativas lo que significa expectativa de roles, de conductas,;en fin, de acciones sociales. La niñez no está exenta de este sujetamiento y se espera de los niños/as que actúen según dichas expectativas; pero ¿que es la niñez?
Básicamente, y para no extenderme e irme del tema, la niñez es un período inicial de la vida existencial del Ser que posee específicas características: es una edad en que se es dependiente, se desarrollan procesos de aprendizaje social que serán usados durante toda la vida, comienza a forjarse una identidad individual y social, etc. Estos procesos son universales en relación al criterio estadístico o demográfico pero no son vivenciados y significados por igual por todos los miembros de una sociedad. Si el Ser cursa su vida de manera diferencial - lo que lo hace ser único y singular- es por que es un yo monádico entre otros yoes monádicos que terminarán constituyendo, en relación, un mundo intersubjetivo y social. No es adecuado, entonces, hablar de niñez sino es solo a título estadístico y sustantivado; sino de niñeces, de prácticas individuales y singulares que hacen al niño/a Ser.
Como el mundo moderno se caracteriza, entre varias dimensiones, por la protección a la niñez - ya que hay menos niños en el mundo de los que había hace cien años- la hemos idealizado y dejamos de comprenderla. Acá, me pondré un poco odioso, pero debo ser honesto conmigo mismo.
¿por que creemos que la niñez es ese estado único en donde se puede ser feliz? ¿por que creemos que los niños son buenos per se?
Hay infinitos ejemplos que nos indican que todas las pasiones y las emociones humanas están presentes en la niñez incluidas la maldad y la violencia. ¿Serán estas dos prácticas características universales de los humanos? ¿No hay posibilidades de que esté equivocado? Muchos filósofos creen que no y otros sí. Freud está en el grupo de los primeros, Rousseau en el de los segundos. Es recomendable su lectura.

Segunda conclusión: la sociedad moderna idealiza a la niñez porque idealiza el futuro. Una sociedad que hace del cambio su “motor” encuentra en un utópico futuro una esperanza que le permita soportar la angustia de un presente que lo ha olvidado. La sociedad moderna, cultora de lo ente, de las “cosas”, de las “cosas-para-el-consumo”, por perseguir este culto, se olvida del Ser y al olvidarse del Ser se olvida de sí misma y vive en un permanente conflicto. La idealización de la niñez y del futuro puede ser una evidencia de la angustia existencial por una realidad que no me conforma, que no me satisface.

Obviamente, lo dicho no impugna la defensa de la niñez ni las políticas asistenciales hacia esa franja etárea pero ¿por que hay más presupuesto para la niñez y no para la vejez si en las sociedades modernas casi están equiparadas las franjas etáreas? El mundo no se ha rejuvenecido sino todo lo contrario, el mundo está envejeciendo aceleradamente.
Entonces, no hay una niñez única y universal, sino niñeces, vejeces, adulteces, etc. por que el hombre se va haciendo mientras va viviendo. Este es un argumento que, junto con el cronológico, debieran ser tenidos en cuenta a la hora de planificar reformas al sistema legal vigente. Sin embargo, no digo nada nuevo.

Tercera conclusión: el Ser que vive en este mundo intersubjetivo, que es previo a su nacimiento y que ya posee ciertos elementos que el Ser internalizará, está enmarcado en un sistema estratificado de edades, que es también un sistema de expectativas y su curso de vida lo dota de singularidad. No hay Seres universales, hay Seres-sujetados por determinadas expectativas que lo hacen Ser.

3. EL MUNDO. SIGLO XXI.

¿Como relacionar la hybris con el concepto de niñeces que acabo de describir? ¿cual es la ligazón que me permita comprender la tragedia de Tolosa ocurrida el 19 de enero de 2011? Lamentablemente no la encuentro.
Solo encuentro diagnósticos sociales, programas de erradicación de la violencia, programas de seguridad urbana, discursos pidiendo bajar la imputabilidad de los menores, discursos oponiéndose a estos otros discursos, debates jurídicos sobre el derecho de los menores, obligaciones del Estado argentino ante Foros internacionales a raíz de la firma de determinados tratados que serían contradichos por la propuesta de baja de la edad imputable, cadáveres, cárceles, etc.
Yo no quisiera enrolarme en este debate. Hay especialistas que lo pueden hacer mejor que yo. Pero se, positivamente, que el mejor Estado, la mejor familia, la mejor sociedad en donde se divinice el ente, el consumo, la exhibición suntuosa de las cosas superfluas, no podrá evitar que sucedan eventos como los ocurridos. Mientras haya inequidad social, habrá menores en condición de vulnerabilidad - como si la sociedad toda no estuviera bajo las mismas condiciones- que saldrán armados a tratar de ser lo que no pueden Ser.
Estoy seguro, también, que hay herramientas eficaces para amortiguar algunas situaciones particulares y que estas herramientas provienen de la política pero también provienen de la sociedad civil.
Se que en las condiciones de vida, en el mundo de vida, están las claves para entender porque un individuo de quince años porta un arma y asesina/mata a otro que no conoce y que, a partir de ese momento, cambia la vida tanto de él como la de la familia del muerto.
Adhiero a las ideas más humanistas y menos represivas y se que hay formas de evitar que determinados niños/as nazcan condenados por su color de piel, por su nivel de ingreso, por su cultura, etc.
Se muchas cosas al respecto pero ninguna de ellas me satisface a la hora de entender la tragedia que aconteció en Tolosa.
En este mundo suceden eventos que escapan a nuestro entendimiento y esta característica cultural es el origen de nuestra angustia y de nuestro temor.

CONCLUSION FINAL.

Como dije al principio, no llego a una conclusión que me agrade, que me satisfaga. Sigue primando en mí esos sentimientos que nos hacen ser una organización social, que me hacen ser partícipe de este mundo en que vivimos todos.
Dos de esos todos son actores de una tragedia, Tolosa, ¿o todos lo somos?
Una respuesta puede estar en la escuela estoica. El estoicismo enseñaba a aceptar la realidad tal cual ella se presenta a la vida del Ser. El estoico no practica la hybris, no hay desmesura en su accionar y la vida, según los estoicos, sigue un curso natural tal como lo quieren los dioses. El estoicismo ideal niega la tragedia porque impugna la hybris. Pero el estoicismo no produce cambios. La desmesura suele producirlos, no siempre en forma positiva. La vida del hombre tiende más a la desmesura que al estoicismo
El mundo en que vivimos no es estoico, sino su contrario. Nietzsche abogaría por lo dionisíaco de este mundo.
El mundo en que vivimos es un mundo donde la racionalidad instrumental pretende dominar lo ente. En este intento olvida al Ser. Al olvidar al Ser está expuesta a la hybris casi permanentemente. El Ser ya no encuentra el rumbo para su existencia y se engaña en el consumismo como remedo de ésta última. Al hacerlo, la tragedia encuentra mayores posibilidades de emerger.
En un mundo donde no todos tienen la mismas posibilidades para desplegar las potencialidades del Ser y éste se encuentra sujetado por condicionamiento de clase, de etnia, de género, de nacimiento, de ingresos, etc., la tragedia señoreará y solo podremos dar buenos diagnósticos sociales, elaborar eficientes programas políticos para amortiguar los efectos de la vulnerabilidad social pero no evitaremos todas las posibilidades para que la tragedia no emerja.
Si vamos a debatir sobre los homicidios a manos de menores debemos tener en cuenta lo dicho en relación a la edad -sobre todo la edad cronológica- y a las condiciones de vida existenciales que nos hacen ser Seres-sujetados singulares. Quizás descubramos, en armonía con la ideología garantista en relación a la imputabilidad de los menores, que muchos de ellos son condenados al momento de nacer y que la justicia debería empezar asegurando las mismas posibilidades para todos los ciudadanos de un Estado. Esta sería la finalidad de la política y su justificación.
Pero me sigue quedando en la boca ese gusto a poco, a que no digo nada nuevo, a que todos ya sabemos lo que sabemos. ¿Será el estoicismo la respuesta? Se que el autoritarismo no lo es por eso me enrolo en la ideología garantista, pero, al enrolarme, no logro despejar mis dudas.

Lo que sucedió en Tolosa es una tragedia como las que se están desplegando en todo el mundo moderno. La tragedia de mañana se está gestando hoy día en una villa argentina, en una favela brasilera, en un palacio en Francia, en un penthouse en la Recoleta.
Si el hombre no rescata su Ser de la enajenación que le presenta este mundo racional instrumental, si se deja atrapar por las “cosas” tan solo por lo efímero que le promete el consumo, adoptará la hybris y estará condenado a la tragedia.
Los dioses en el Olimpo lo saben desde siempre.

Munro-Florida Enero 2011.

martes, 25 de enero de 2011

CARTA ABIERTA A LA FARÁNDULA ARGENTINA

Farándula: Profesión, arte y ambiente de los comediantes.

Con todo el respeto que me merecen por su condición inalienable de seres humanos en primer lugar y como ciudadanos de la Nación Argentina en segundo lugar, quiero expresarles mi mas profundo desacuerdo con lo que ustedes, la farándula, encarnados en las expresiones de sus mas conspicuos representantes, han planteado en las últimas semanas aprovechándose, debido a la ausencia de una ética, de disponer de micrófonos para emitir sus opiniones las que, por propia definición, se alejan de lo que es una argumentación, la que creo que están imposibilitados de realizar. Al mismo tiempo, me interesaría generar un debate sobre los temas que planteo en esta carta abierta.
La postura sostenida ante cámaras, de personas de las que desconocemos su nombre, pues el imperativo artístico así lo ordena, motiva en mí una sospecha. Mirtha Legrand, no es en realidad Mirtha, Moria Casán, no es en realidad Moria, Susana Gimenez, no es en realidad Susana y Marcelo Tinelli vaya uno a saber si es o se hace.
En primer lugar y con todo el respeto que su condición ya precisada por mi en las líneas que preceden ustedes merecen, el hecho de que no usen su verdadero nombre, que es lo que hacemos la mayoría de los seres humanos que no somos de la farándula, los hacen sospechosos. Los mafiosos y los genocidas son los que nos han acostumbrado a conocerlos mediante el uso de alias o seudónimos. Vaya aquí pues, mi primer sospecha.
¿Es Mirtha Legrand la que habla o es la verdadera persona que se pone ese nombre para poder filmar películas la que opina? ¿Es Susana Gimenez la que desaprueba las organizaciones de Derechos Humanos o es la mujer, cuyo nombre desconozco, que debe usar ese nombre por que sino no sabemos quien es? Quisiera, si fuera posible, que dilucidaran esta condición pues creo que aquí radica el meollo de toda la cuestión ya que, si la opinión con la que desacuerdo es del personaje, me parece que, al estar sometidos durante tantos años al calor de las “luces del espectáculo” y la débil gloria producida por una buena temporada de recaudación veraniega, están confundiendo la realidad con la ficción. A tal efecto, y como para sumar a mis argumentaciones, les recomiendo leer con atención, la Carta a D´alembert sobre los espectáculos, escrita por Jean Jacques Rousseau en relación a lo malsano de la representación artística y los efectos perniciosos sobre la sociedad. Me eximo de repetir lo que magistralmente escribió el autor ginebrino y que puede ser consultado, por si les interesa.
Como los personajes de la farándula utilizan la farándula para esgrimir sus opiniones, es lícito pensar que todo es parte del show y, como el show, desde que los norteamericanos se han dado cuenta, es “show Business”, sus opiniones reflejan sus intereses mercantiles y no los del conjunto de la Nación. Ante esto quiero hacer una reflexión: he decido utilizar el concepto de Nación y no de pueblo pues sé, positivamente, que las posturas esgrimidas por ustedes se alejan de lo popular por mas que necesiten del pueblo para que consuma lo que sus programas publicitan y que ustedes no están en condiciones de controlar pues ellos son sus dueños, es decir, sus patrocinadores y ya se sabe, desde que Max Horkheimer y Theodor Adorno escribieran el excelente artículo “La Industria Cultural” en su ya clásico libro Dialéctica del Iluminismo, que en el “show Business” prima el interés mercantil ante todo. Por eso es claro que, después de hablar del hambre, de la inseguridad, de la corrupción gubernamental, etc., se publiciten pomadas hemorroidales que no sabemos si son eficaces o solo son cremas sin ninguna utilidad farmacológica, compra y venta de alhajas usadas en sumideros fenicios de dudoso origen o en dietas que prometen bajar de peso sin decirnos las consecuencias para nuestro cuerpo que pueden traer aparejada.
La segunda crítica que quiero realizar a la farándula es que, como dije, utilizan el espacio por el que reciben el dinero que pagamos nosotros, vía el incremento del precio de las mercancías debido al costo de publicidad, para publicitar sus opiniones, es decir, cuando hablan, digan lo que digan, facturan, lo que profundiza la sospecha que vengo argumentando. No son capaces de hablar en otro lugar que no sea el de sus programas o programas amigos ya que si lo hicieran, difícilmente tuvieran el auditorio servil que tienen y que está representado por sus empleados, muchos de los cuales, los odian, según surge de investigaciones periodísticas realizadas por los mismos periodistas que les chupan las medias, lo que también las hace dudosas. Sería interesante que se presentaran en Universidades públicas con prestigio, en ONG´S, en clubes de barrio, en Sociedades de Fomento incluso en Escuelas o instituciones sociales similares y aceptaran debatir abiertamente sus propuestas, si es que las tienen, pero dudo que posean el caudal intelectual para hacerlo ya que no contarían con la admiración cholula que es tan frágil como una pompa de jabón un día de alta presión atmosférica.
De tal manera, sépanlo, que sus opiniones no reflejan las opiniones de todo el conjunto de la Nación; por más que quisieran, no son representantes del pueblo y la elección de sus programas no es un sustituto del voto electoral regulado por una ley, es más, me atrevería a decir, que solo responden a un sector minoritario que siempre menospreció a la democracia y mucho mas a eso que se conoce como equidad social y que es uno de los motivos por lo que en la Argentina haya hambre, esa hambre de la que ustedes no se hacen cargo pues están muy ocupados en disfrutar lo que la suerte de la vida les dio por que, convengamos, lo que ustedes hacen lo puede hacer cualquiera por que por ello están ahí. Si sus posturas fueran realmente honestas y su preocupación también lo fueran, deberían hacer algo para morigerar los hechos que denigran, pero no lo hacen. Es más cómodo hacer una crítica sin fundamento y aviesa en su propio espectáculo, que como dije, les permite facturar, que preparase para un debate en donde pueden ser interpelados por opiniones diferentes y ahí si, deberán argumentar y no regodearse en opiniones.
Entonces, rechazo cualquier pretensión de representatividad que ustedes, a manera de un solipsismo televisivo, pretenden arrogarse. El solo hecho de zappear, valga el neologismo, nos indica que sus programas no son vistos en su totalidad sino que, mientras haya gritos, peleas, insultos, etc., logran atraer la atención de los televidentes como logra hacerlo el ruidoso y enorme tren que pasa por las vías y que asombra al niño en brazos de su abuelo o abuela y que dice “¡chau tren!” mientras una sonrisa explota en su rostro. Esto, mal que les pese, no es una verdadera atención.
No hay ningún mérito en conducir un almuerzo en donde los invitados saben de antemano lo que sucederá o que pagan para publicitar su obra de teatro o sus servicios profesionales, no hay talento en bajar de una escalera en un escenario iluminado para la ocasión con trajes de luces cosido por otras que cubren las cicatrices de cirugías o estrías que el tiempo esculpe en nuestros cuerpos, no hay virtud en exhibir a personas desafinadas o bailarines ignotos para el escarnio público y mucho menos en entrevistar a personas que conocen las reglas del juego y que, además, ya conocen las preguntas de antemano las que están prolijamente ordenadas en un papel que hace las veces de “machete escolar”. Eso no es talento, es viveza y con esa viveza no se construye un país, solo se hacen pingües negocios cuyo resultado, como dije, lo pagamos los consumidores en el precio de cada producto que compramos ya sea leche o perfume, es decir, así como los políticos viven de los impuestos, los artistas televisivos viven de la publicidad, ergo, es el conjunto de asalariados el que sostiene los dos mundos; el de la política y el de la farándula, lo que no es una extraña coincidencia ya que la política es también representación y la farándula se transforma en política cuando su “show” involucra opiniones “de” política. El decir “a mi no me interesa la política” es, ya, asumir una posición política.
De tal manera que, señoras y señores de la farándula, agradezcan que vivimos en un país en donde hay impuestos regresivos como el IVA y no progresivos como Ganancias que sí se cobran en los países que dicen admirar, agradezcan que no tienen competencia por que trabajan en canales monopólicos pues si la hubiera, serían desplazados por artistas con talento algunos de los cuales se comprometen, como León Gieco y su Mundo Alas solo para dar un ejemplo, en cambiar la situación social del país, agradezcan que somos un país educado, pacífico y cholulo y que, con tal de sacarnos una foto con el artista de turno, somos capaces de pasar largas horas en la escalera de un hotel o en la puerta de un canal para que el artista malhumorado nos firme un autógrafo de pasada para poder exhibirlo ante nuestros amigos y decirle “¿A que no sabes a quien vi?”.
Ustedes se quejan de la inseguridad pero tienen yernos que han estafado a ahorristas, como Gastaldi, han ingresado de contrabando automóviles importados como el Mercedes Benz que se ingreso mediante un permiso de un discapacitado (hay que ser muy turra para aprovecharse de esto ¿no?), han elogiado a gobiernos genocidas y se han definido como de derecha y hasta han tenido el tupé de pensar que podían presentarse como candidatas a diputadas, utilizan las pequeñas miserias de los seres humanos para que las expongan ante cámaras con tal de lograr un punto mas de rating y así ganarle a la competencia, etc. No saben, pues nunca viajan en colectivo o concurren a una villa, lo que es la miseria de la gente ni el dolor de no tener que comer, no son capaces de compartir parte de su dinero con los mas necesitados, no hacen obras, invierten sus dineros en el exterior y vacacionan en Punta del Este o compran equipos de fútbol extranjeros, viven en Miami, compran chacras marinas en Uruguay y pretenden hablar de patriotismo, ética, cariño a la patria, etc. Esto es parte de la hipocresía en la que viven.
Ustedes dicen “El pueblo tiene el gobierno que se merece” aludiendo a un gobierno legítimo y legal al cual yo no voté y con el que tengo profundas diferencias, incluso ideológicas; yo pregunto “¿Tenemos la farándula que nos merecemos?” y acá paro por que creo que, como inicio, es suficiente. Podría seguir un par de páginas más fortaleciendo mis argumentos y describiendo sus miserias humanas pero lo escrito me ha puesto ya, al igual que sus pésimos y berretas programas, de muy mal humor.
Y ahora, dejando de lado el respeto que hasta aquí he mantenido, debido a la educación que me dieron mis padres y pidiéndoles perdón de antemano a ellos, a mis padres, no a ustedes, les digo en su rostro cuajado de hipocresía con todo lo ancho de mi boca, por mi ¡pueden irse... ya saben donde! Noviembre 2009.-

lunes, 24 de enero de 2011

AGUANTE

ACLARACIÓN: Este artículo fue escrito en el año 1995. Quizas tenga valor hoy día.


“POR QUE TENEMO aguante, aguante de verdá...” gritan enardecidas miles de gargantas en la popular de algún estadio porteño. “Aguante los redondos” se lee en un muro cualquiera de esta ciudad.
La principal característica del concepto aguantar es soportar. Las ciencias físico-matemáticas nos dicen que un cuerpo soporta o aguanta el peso de otro cuando no se destruye, cuando no desaparece como tal. Es decir, una estructura soporta el peso de otra estructura cuando no se derrumba.
Sociológicamente, aguantar es mucho más complejo y nos remite, creo, a una transformación de la conciencia. Trataré de explicarme mejor.
1.
Aguantamos, es decir, soportamos, cuando no hacemos nada por evitar esta situación, cuando somos incapaces de elaborar alternativas eficaces que inviertan esta situación. Aguantamos cuando nos dominan, es decir, obedecemos sin cuestionar el mandato de nuestro dominador. El aguante entonces, es una de las características de la dominación.
Esta actitud llega al límite cuando nos vanagloriamos de nuestra capacidad de aguante, así grita la muchedumbre en los estadios colmados y ocultan en sus gritos la realidad de una dominación eficaz.
Que paradoja que mientras nos sentimos orgullosos de esta aptitud, en realidad no estamos sino confirmando nuestra incapacidad y nuestra falta de imaginación para dejar de aguantar y esto es resistir.
Resistir es diferente a aguantar. Supone una acción contraria e inversa que se opone a la fuerza que se nos impone. Resistir nos obliga a tener imaginación y a la acción reivindicativa. Abrevemos un poco en la historia.
Cuando el ejército fascista alemán invadió Europa con sus blindados y sus SS, se comenzaron a organizar fuerzas irregulares que luchaban contra el invasor. Tomaron el nombre de “La Resistencia” y no se debe subestimar el valor de sus acciones bélicas en la derrota del nazismo.
Por otro lado, cuando Perón fue depuesto de su gobierno en el año 1955, pasado el primer momento, los militantes peronistas se organizaron en lo que ellos mismos llamaron “la resistencia peronista” y actuaron en contra del gobierno de facto. Su objetivo principal era el retorno del líder al país.
Se resiste cuando se realizan acciones tendientes a evitar alguna opresión. Se resiste cuando se agudiza la imaginación. Se resiste pues, cuando se intenta evitar una dominación.
Lamentablemente, "la popu" no ve claramente donde está el objetivo. Por eso aguanta.
2.
He mencionado que esto deriva a mí entender de una transformación de la conciencia no de su pérdida por que la conciencia no se puede perder, no es una “cosa” que se atesora como una mesa o un pantalón. La conciencia es el conocimiento que uno tiene de su mismo y de su entorno. Esta transformación de la conciencia, es también transformación de la identidad. Como todos sabemos, las identidades de hoy día no son lo que fueron antaño, en términos de algún pensador contemporáneo, las identidades han estallados fragmentándose en una cantidad muy grande de identidades. Lo que ayer era la clase proletaria se ha transformado vaya a saber en qué. Jóvenes, jubilados, gays, roqueros, modernos, mujeres golpeadas son algunos de los llamados nuevos movimientos sociales que indican la fragmentación a la que estoy aludiendo. Y esta fragmentación de las identidades colectivas de ayer no encuentra una alternativa eficaz de resistencia. La dominación, creo, no es ajena a esta fragmentación de las identidades ya que por lo menos en la actualidad, recoge con creces los frutos de su dominio.
Ayer se escribía en las paredes de la ciudad de Buenos Aires "luche y se van" y esto era resistir, hoy se puede leer "chau menem" y al lado un cartel gubernamental festejando el triunfo con el dominante y casi autoritario "Sin Vueltas".
Las identidades han estallado, las clases se han diluido y los nuevos colectivos no encuentran la pista para resistir. La imaginación resistente se agota en las marchas de los jubilados por los $450 y en la de los estudiantes contra el arancel. ¿Es que no podemos pensar? ¿Es acaso que estamos tan dominados que nos es imposible elaborar alguna estrategia eficaz e imaginativa en contra de esta dominación? ¿Es cierto que no hay más utopías?
Quiero creer que no. Quiero ilusionarme con que en algún lugar de esta ciudad aún hay sujetos no pasivos que resisten y no simplemente aguantan. Quizás la poesía sea la herramienta que estamos buscando en una época en que el panfleto partidario aburre y molesta. Quizás descubramos la fuerza de la palabra escrita con imaginación en una época en donde nos quieren hacer creer que la imagen puede reemplazar a mil palabras. Quizás se esté elaborando una nueva utopía en los arrabales de las ciudades, en las letras de algunas canciones.
En una época saturada de imágenes seductoras, de música sin contenidos, de cuerpos esbeltos y tostados a lámparas infrarrojas, quiero creer en la fuerza de la palabra escrita. Una palabra vale más que mil imágenes televisivas. Una poesía tiene más fuerza que una propaganda. Quiero poner en evidencia la trampa que nos ponen.
Ayer hablábamos de libertad y autonomía. Hoy estamos haciendo interminables colas para pagar nuestra tarjeta de crédito.
Ayer nos ilusionábamos con el futuro. Hoy nos encontramos enfrentándonos a nuestro vecino por que no pagó las expensas y entonces nos ha aumentado nuestra parte.
Ayer creíamos que era posible. Hoy apenas nos contentamos si llegamos a fin de mes.
O quizás no sea tan así. Quizás yo también he entrado en la vorágine de la crítica sin sentido y me escondo detrás de ella para no reflexionar o comprometerme. La crítica es una herramienta temible, no para el que es criticado pues directamente la niega sino para el crítico que se acostumbre y se adormece en ella. La crítica puede ser un anestésico intelectual si no nos moviliza.
3.
En esta época de aguante, he intentado reflexionar poquito a poco sobre las trampas a que nos somete el lenguaje despiadado de fin de siglo.
En algún lugar de este usado planeta hay resistentes, el asunto es ¿donde están? ¿Cómo podemos hacer para encontrarnos? ¿Cuál es el sortilegio que nos permite comunicarnos?
Partisanos, maquisard, rebeldes, en algún destartalado tinglado deben estar ocultándose esperando el momento en que una nueva creatividad los convoque.
No todo está perdido. Aún quedan por toda la ciudad, los ecos siempre renovados de las vanguardias que no se han aquietado. Solo esperan las condiciones propicias para emerger.

Invierno 1995.-

sábado, 22 de enero de 2011

EL FRACASO DE LA SOCIEDAD CIVIL.

Desde fines del siglo XVIII asistimos a un debate acerca de cómo se da la conformación de la sociedad; La historia nos muestra que, al derrumbarse el ancient regime y modificarse la estructura social, surgieron nuevos actores sociales que, en un proceso dialéctico, contribuyeron en la concreción de nuevas relaciones sociales. Los señores feudales y la aristocracia de sangre dejaron lugar a los burgueses y a los proletarios, los estamentos religiosos debieron retirarse y ese lugar fue ocupado por las ciencias y lo que posteriormente se conocerá como las profesiones liberales. Solo la corporación militar se mantuvo más o menos como siempre.
De esta manera, surgirá lo que se conocerá como sociedad civil para designar al colectivo que no es el Estado o la Iglesia y que constituye, junto con esos dos estamentos, la sociedad moderna. La sociedad civil, justamente, estará compuesta por la burguesía, la clase trabajadora, la ciencia, el comercio, los artistas, los deportistas, las profesiones liberales, los intelectuales, etc.
Como se ha dicho, desde fines del siglo XVIII y en virtud de la influencia de la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, la importancia del pueblo (o Tercer Estado en Francia) y los propietarios de los medios de producción se hace más importante que la Iglesia. El Estado republicano que se instituye, lo hará en competencia y complementación con la sociedad civil. En otras palabras; la independencia cada vez mayor de ésta, el proceso de construcción de legitimidad del Estado republicano mediante la búsqueda del Bien Común, la búsqueda de mayores espacios de autonomía para los individuos producirá fricciones entre la estructura estatal política y las esferas privadas de los ciudadanos.
En virtud del auge de las ideas liberales individualistas por sobre las colectivas o socialistas aumentarán estas esperables fricciones llegando a principios del siglo XXI con el triunfo, coyuntural, de la perspectiva liberal, triunfo que comienza a ser interpelado después de ña debacle financiera, otra más, del 200872009. El liberalismo apelará permanentemente a la impugnación del Estado y a la glorificación del individuo racional y, consecuentemente, a la sociedad civil.
Lo que me interesa plantear en esta reflexión es que no necesariamente la sociedad civil sea lo que estos ideólogos plantean. No es cierto que el individuo sea racional y se comporte de esta manera y no es cierto que el individuo, por si mismo, pueda actuar más eficazmente que en sociedad. Tampoco es cierto que la sociedad política sea la responsable de la crisis de esta sociedad (mas allá de ciertas responsabilidades que si le competen y que debatiré, quizás, en otra reflexión).
La sociedad civil ha fracasado en lo que se le ha pretendido adjudicar, esto es, ser el único vehículo de la dinámica social. Quiero decir; la evolución de las sociedades se da, desde la época Moderna, por la imbricación estructural entre la sociedad civil y la sociedad política determinando que ninguna de ellas pueda ser la única responsable de la dinámica social. Si la sociedad política pretende hegemonizar el cambio social, es posible asistir al surgimiento de dictaduras, totalitarismos y autoritarismos, si la pretensión de hegemonía esta a cargo de la sociedad civil, asistiremos al surgimiento de sociedades mercantiles inequitativas que reducirán el espesor del concepto de ciudadanía subordinando los intereses colectivos y sociales a los meramente individuales y rentísticos. La construcción de una sociedad equitativa y democrática supone el reconocimiento de las dos estructuras sociales mencionadas.
Pero, debería probar argumentalmente estas proposiciones y, para ello, utilizaré algunos ejemplos: el fluir del tránsito, “la seguridad vial”, el comportamiento en los estadios de fútbol, la higiene urbana, la evasión de impuestos, etc.
Si observamos objetivamente lo que propongo, verificaremos que no nos comportamos, como sociedad civil, como deberíamos. Esto es responsabilidad propia de cada uno de nosotros, sin embargo, descargamos esta responsabilidad ya sea en políticos (que tienen otro tipo de responsabilidades) o en el Estado. Si hay un accidente de tránsito, es culpa del Estado o la corrupción política y no el exceso de velocidad o de alcohol del chofer que tiene su registro vencido. Si se desata una gresca en una tribuna popular, será responsabilidad de los dirigentes o de la policía y no de quince monos intoxicados con tetra. Si se quema un local bailable, la culpa será del inspector que no inspeccionó y no del propietario que no previno el accidente por no querer perder dinero o del estúpido que prendió un sillón hiperinflamable para hacer un chiste. Vuelvo a repetir; más allá de las responsabilidades políticas (y criminales) del Estado hay también una responsabilidad civil que no puede llegar a constituirse como tal. Lo dicho; es más fácil adjudicarle la responsabilidad a otro lejano y desconocido que admitir la propia estupidez. La injerencia de la política en el mal comportamiento de las personas en un estadio de fútbol, en el devenir desastroso del tránsito en la ciudad o en la ruta, en la falta de higiene en baños públicos y en las calles de la ciudad, no son responsabilidad exclusiva de la sociedad política sino de la sociedad civil y el hecho de deslindar responsabilidades en otros, tan caro a la “mentalidad” argentina, no solo puede ser un indicador de cobardía sino, también, de estupidez.
La concordia social se basa en el imbricamiento armónico entre la sociedad civil y la sociedad política. La preeminencia de una por sobre la otra, tiende a romper esa armonía de la que estoy hablando. Cada uno de nosotros, ya sea como funcionarios de un Estado o como ciudadanos tenemos responsabilidades que cumplir. Despreocuparnos de esta cuestión no colabora en la formación de una sociedad armónica y coherente.

viernes, 21 de enero de 2011

DE CAMBIOS, MIEDOS Y TOLERANCIA



Que estamos viviendo un tiempo diferente en la Argentina y en el continente es un hecho muy difícil de negar.
Como toda situación novedosa, se producen acontecimientos que resultan que modifican los clivajes de nuestra interpretación de la realidad. Ante esto, los hombres reaccionamos de diferente manera según nuestro aparato psíquico y según nuestros capitales sociales, culturales, etc. Algunos verán estos cambios con temor, otros con esperanza y otros sencillamente no los percibirán.
De lo que me interesa reflexionar en este lugar es sobre cómo los sujetos nos posicionamos ante estos cambios que acontecen en nuestra vida y cómo, en un mundo intersubjetivo, las acciones de unos tienen consecuencia sobre la vida de los otros.

Cambiar o no cambiar, he aquí la cuestión.
Como dije, la Argentina y la región están viviendo cambios muy profundos y que se verifican particularmente en lo social. Gobiernos que pretenden dejar atrás muchos años de autoritarismo y de libertad de mercados, de alineamientos internacionales ineficaces y de modos de producción y de distribución de la renta social que tendían a la concentración y no a la distribución, se ven enfrentados a determinados desafíos propios de los hechos que están produciendo.
Los sucesos que están aconteciendo en la región están implicando modificaciones muy profundas en sociedades conservadoras y autoritarias acostumbradas a vivir de acuerdo a los dictámenes de una minoría propietaria ligada al capital extranjero. La Argentina y el Brasil son dos claros ejemplos, pero también Bolivia, Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, etc.
Estas minorías representadas por el capital privado y los poderes constituidos llámense jueces, legisladores, gobernadores, periodistas, intelectuales orgánicos, terratenientes, etc., no están acostumbrados a que la gente común y los intelectuales comprometidos con el cambio los impugnen. Justamente, el autoritarismo que han pergeñado con su accionar histórico, les ha hecho creer lo que no es. De ser tan solo ciudadanos iguales a todos, creen ser partícipes de una ciudadanía con privilegios que los ubica en un limbo ajeno a los aconteceres sociales; por eso no entienden y se enojan cuando se los interroga en su profesionalidad, cuando se impugnan sus saberes, cuando se pone en duda su autoridad profesional.
Los años de autoritarismo, que salvo excepciones han ocurrido en nuestros países, les han hecho creer que son los poseedores de la verdad cuando en realidad lo único que tienen es un poder económico basado no en sus aptitudes personales sino en estrategias fraudulentas. Como decía un representante de nuestra más rancia aristocracia agroganadera asustado por la compra de tierras de los recién llegados a la riqueza devenida ésta de sus negocios de inmigrantes, “las estancias no se compran, se heredan”. Esta herencia que recibieron las aristocracias latinoamericanas devino del despojo territorial de las comunidades originarias en virtud de crueles guerras o de la alianza con el capital extranjero que se despreocupo del desarrollo de la región. Entonces, estas “clases”, si se me permite la utilización del término hoy caído en desuso, se han criado creyendo que son los verdaderos dueños de estos países y todo aquello que modifica el status quo es una afrenta a “su” libertad, a “su” patrimonio, a “su” seguridad. Al fin y al cabo, creen ser los “padres fundadores” de la verdadera nación.
Esta falsa creencia construye una mirada sobre el mundo y la realidad que afecta la vida social en general. Si el patrón de estancia cree que su peón es un bárbaro incivilizado y que nunca podrá apreciar la belleza de un Picasso o la armonía en una ópera de Verdi, entenderá que no deberá aumentarle su salario porque se lo gastará en vino y chacareras. Si el CEO de una empresa cree que su obrero lo único que quiere es escuchar cumbia y beber dos litros de vino cuando juega su equipo de fútbol, creerá que es un desperdicio construir un jardín de infantes para sus hijos o incluso pagar impuestos para que los hijos de ese obrero pueda concurrir a la facultad o construir un hospital público para que pueda curarse de las enfermedades que su estilo de vida le trae. Al fin de cuentas, como el civilizado Sarmiento suponía, la chusma no es susceptible de educación, para ellos ni siquiera justicia; la horca o el fusilamiento era lo más adecuado, tal como le escribió a otro gran civilizado el señor Mitre, el general que solo ganó una batalla y aún hoy en día se pone en duda si fue su estrategia o la huida de su contrincante, el Gral. Urquiza, militar profesional quien se retira  del campo de batalla sin utilizar su temible caballería. Algunos creen que hubo un pacto de alguna logia secreta, lo que no sería extraño en una tierra en donde las logias contribuyeron a su organización nacional.
La vida mirada desde las alturas no llega a vislumbrar siquiera lo que acontece por el subsuelo. El piso no es nada más que el sustrato en donde se depositan los sedimentos y ellos no están para eso, que el polvo sea barrido por la servidumbre. La luz de las estrellas los ha elegido y los ilumina en su razón civilizadora en contra de la barbarie del populacho que pretende, -eso mismo digo-, pretende ser como ellos. ¡Es inaceptable! pensarían Echeverría o Cané; hay que construir unas vallas para que no los molesten y les den seguridad, vociferan las Legrand y las Gimenez preocupadas por la “ola de inseguridad” que no las afectan personalmente. Una continuidad, entonces, entre la generación del ´37, la del ´80 y la de los ´90, ésta última del siglo XX.
Cuando los cambios acontecen, entonces, es esperable que haya temores y que los que se sienten amenazados realicen acciones tendientes a anular esos cambios y que éstos no los afecten como “clase”, sobre todo en sus ingresos. Y como el miedo no es un buen consejero cuando se trata de analizar lo social, de este temor nace el odio, la bronca, la ira contra los gestores del cambio.
En vez de desarrollar la tolerancia es preferible profundizar el odio y las acciones que emanan de él. Es claro. Podemos apreciarlos en los discursos que los poderosos emiten a toda hora en los medios que están a su disposición. Por medio de los intelectuales orgánicos, esa vieja categoría gramsciana que hoy no ha perdido vigencia, tratan de imponer su visión de los cambios más allá de que esta visión se atenga o no a lo que realmente sucede. Entonces, una acción de gobierno legal y legítima en defensa de los intereses de todos, es un “ataque” a la libertad o una “presión” a alguna corporación, un discurso realizado por el presidente o presidenta es una “afrenta” a los verdaderos intereses de los que “realmente les interesa la patria”, la investigación de los delitos de lesa humanidad que lamentablemente han sucedido con abundancia en nuestro continente, tiene “hartos” y “cansados” a determinados intelectuales que ya no quieren oír hablar más de eso porque ya “pasaron muchos años de esos sucesos y debemos superar las viejas antinomias”, la utilización de un vocablo como “monopolio corporativo de noticias” no es adecuada porque en realidad, si hay un pequeño diario perdido en una lejana ciudad, no podemos hablar “estrictamente de monopolio señor Secretario de Medios”, si se plantea que se deben compartir las exorbitantes ganancias que el modelo de producción y de distribución implementados por estos gobiernos, se sufrirá la acusación de “populismo demagógico” o de “autoritarismo económico”.
Estas reacciones, como se puede apreciar, no están sustentadas en argumentaciones que soporten las críticas,  sino que son meros discursos defensivos y ofensivos originados en ese odio de clase que los latinoamericanos ya conocemos y que hemos venido padeciendo desde hace al menos doscientos años.
Cualquier intento por distribuir lo producido socialmente, es un “ataque” a la libertad llevado a cabo por “autoritarios” de “izquierda” que hacen del clientelismo su estrategia de gobierno. En cambio, la entrega del patrimonio nacional, la expoliación del salario, la censura, la persecución ideológica son “actos en nombre de la libertad y de la democracia” que la “gente como uno” lleva a cabo porque, al fin y al cabo, “nosotros somos los fundadores de la patria”.
Este odio de clase, que vemos expresado en la Argentina en la voz de los periodistas de turno o en la voz de empresarios acusados de fraude y de delitos de lesa humanidad, es la misma voz que se escucha en Brasil en contra de Lula por parte de los “fazendeiros” y los dueños de las corporaciones mediáticas que ven en las medidas del líder del PT un peligro para sus privilegios de clase y son las mismas voces que alentaron a la policía de Ecuador a “matar al presidente Correa” en lo que los medios llamaron “un reclamo salarial”. No señores, no nos engañemos, detrás de este odio y de este miedo se esconde la intolerancia de clase y la preservación de ciertos privilegios devenidos no del trabajo legal sino de los fraudes, las estafas a los gobiernos y la exacción de lo que le corresponde al salariado.
Por eso es de destacar las acciones políticas que estos gobiernos están llevando a cabo. No hay persecución ideológica, no hay censura, cualquiera puede decir cualquier cosa en cualquier lado, incluso ofender las investiduras presidenciales y declamar guarangadas pasadas ya de moda (no olvidemos los insultos a Evo Morales por parte de los terratenientes racistas de Santa Cruz de la Sierra o a Cristina Fernández de Kirchner por parte de las “señoras bien” de Recoleta al decirle “Cristina, puta, grasa y montonera” en ocasión de la oposición a la Resolución 125/2008).
Estos gobiernos están dando muestra de una tolerancia a la que no estamos acostumbrados y eso, a personas como a mí, que tengo muchas críticas para hacerles a estos mismos gobiernos, me ubican conscientemente de un lado del mostrador.
No puedo coincidir con aquellos intempestuosos y  verborrágicos intelectuales y periodistas que son incapaces de comprender el ingreso universal por hijo o la falta de represión a la protesta social, no puedo entender a aquellos que están “hartos” de que se hable de los crímenes de la dictadura cuando hace tan solo un par de años se vanagloriaban de ser adalides de los derechos humanos sin haber creado alguna organización que defendiera de hecho esos derechos, no puedo menos que sentir náuseas cuando se acusa a una dirigente india por ser violenta en sus reclamos, violencia que no  ha producido ningún muerto se debe decir, pero que son incapaces de escribir cinco líneas acerca de las masacres producidas por los señores terratenientes que les han quitado a bala y fuego las tierras que originalmente les pertenecen y que aún hoy les siguen quitando sus tierras o las contaminan para plantar una soja que no consumimos.
¿Qué no puede criticar a los periodistas o a los jueces? ¿Por qué? ¿Qué solo vale la crítica al oficialismo porque eso es ser “progresista”? ¿Pero quién les ha dado tal representatividad? ¿De dónde creen ellos que son la elite ilustrada o la vanguardia intelectual del momento?
No señores, puedo dudar de ustedes, puedo impugnar sus ideas y sus pensamientos porqué no son capaces de debatir seriamente y con los requerimientos necesarios en relación al saber sencillamente porque no están a la altura, les falta lectura e inteligencia para poder debatir seriamente. Si quisieran ser críticos en serio, deberían leer a la Escuela de Frankfurt y muchos de ellos ni siquiera saben que fue.
Sin embargo, más allá de lo enunciado, defiendo el derecho que  tienen a decir lo que quieran, donde quieran y cuando quieran, pero no me nieguen a mí el derecho de dudar de su integridad y de su inteligencia. Sus propias acciones profesionales me lo están demostrando. Ni tampoco me cataloguen de oficialista ni de complaciente, no es un mote que me represente.
Vivimos un tiempo de cambio, ya lo dije,  es por eso que algunos tienen miedo pero su miedo no puede implicar una tragedia para otros. 
Este cambio que está aconteciendo en nuestra región supone un futuro mejor del que vinimos teniendo hasta aquí. Hay más dinero, hay mas consumo, hay menos conflictividad social y hay una esperanza de que este bienestar se sostenga. Todos los analistas serios, formados acá y en el exterior, coinciden en esta afirmación. Negar esta realidad es tener miedo de perder lo que espuriamente se consiguió de tal manera que las acusaciones a los gobiernos de la región que no se basen en datos o en argumentaciones serias ya sabemos qué es lo que están defendiendo y que es lo que quieren atacar. No son “débiles”, no son “empresarios ejerciendo su derecho a ganar dinero”, son antidemocráticos e intolerantes cuando no mentirosos y, en algunos casos, cómplices de delitos de lesa humanidad.
Y podemos discutirlos e impugnarlos siempre respetando su derecho a expresar su opinión, un derecho que ellos no nos permiten ejercer por que censuran en sus medios a quienes no piensan como ellos.
Pero no importa, más allá de que sus acciones hagan más lentas las transformaciones, más allá de las medidas cautelares para el cumplimiento de leyes sancionadas democráticamente, más allá de levantamientos de policiales golpistas y mentiras impresas en los diarios y declamadas en las voces de estos periodistas, Latinoamérica parece haber encontrado un camino diferente del que venía transitando. Dependerá de nosotros, los que sí queremos el cambio, que éste se asiente en la región pero no debemos comportarnos en forma intolerante o autoritaria. Se debe dejar que el discurso opositor se ejerza incluso si es maleducado o guarango, lo que no podemos hacer es no contestarle, ahí estaría nuestro fracaso.
La historia, mal que les pese a algunos, transcurre su devenir y estamos aprendiendo de ella. Hoy no está el revanchismo de la década del ´40, no se puede sostener que hay venganzas, pero parece que el odio y la bronca al otro permanece confirmando mi idea principal; el de la intolerancia de los privilegiados. No ha habido venganza de clases como sucedió en Paris en 1871 o en la Rusia Bolchevique de 1917, hay confianza y sabiduría en que las gestiones políticas son las correctas y que no se debe reprimir la protesta social ni censurar el pensamiento así este sea guarango y chabacano.
 Lo que hay que hacer es mostrar el disenso de manera educada y tolerante, argumentar antes que opinar, hacer un análisis patriótico y tomar una posición al respecto y no mentir, sobre todo si uno es un periodista o un investigador social. Ahí están los datos, interpretémoslos de acuerdo a una metodología honesta, rigurosa y adecuada.
Podemos criticar a estos gobiernos, no son perfectos, no pueden serlo. Hay muchas críticas que se les pueden hacer a Lula, a Mujica, a Fernández, a Morales, a Chávez, etc., pero no podemos mentir ni ocultar nuestros intereses. No es honesto de nuestra parte.
Debemos dejar el odio y la bronca de lado y desarrollar la tolerancia en el convencimiento de que en ello esta nuestro futuro. Ya sabemos a que conduce la bronca y el odio. No podemos repetir nuestra historia pues nuestros hijos y nuestros nietos nos pasarán la factura.
Como dije al principio, vivimos una época de cambios históricos, debemos tener la grandeza de espíritu para estar a la altura de la circunstancias, criticando lo que no nos gusta y apoyando lo que nos parece correcto, pero no podemos mentir ni odiar.
En fin, debemos ser tolerantes y así, entonces, podremos construir un lugar mucho mejor para que vivamos todos.
Octubre 2010.-

martes, 18 de enero de 2011

DE COBARDES Y MIEDOSOS CON LA BRAGUETA ABIERTA. Breve ensayo filosófico-político sobre el mal uso de las categorías del pensar.


Para comprender la realidad nacional que tanto nos apasiona –si es que pensamos en la cantidad de palabras y páginas que se escriben últimamente tratando de develar qué es lo que nos pasa-, no alcanza con pensar. No alcanza, digo, por que pensar piensa cualquiera. No valoro el pensamiento por sí mismo sino que digo que todo ser humano medianamente sano está en condiciones de pensar. Pero pocos piensan que piensan y menos aún por qué piensan lo que piensan. Y esto, en la Argentina del 2010, nos obliga a escribir las siguientes líneas.

¡Ay Europa, Europa!
Para pensar la Argentina, o Bolivia, o Nicaragua incluso el Zaire o Mozambique debemos desembarazarnos de determinados conceptos que han sido originados en la Europa civilizada, esa, la de la razón ilustrada, la del occidente culto y griego ¡bah!, en fin, la de Kant, Hegel, Locke, Rousseau, Schumpeter y otros tantos.
   Si bien somos herederos de ese pensamiento se debe decir, de una vez por todas, que no somos Europa, somos Latinoamérica y éste hecho nos hace únicos, singulares; sujetos históricos diferentes a los europeos, norteamericanos, africanos, asiáticos y polinésicos. Por eso propongo redefinir determinadas categorías del pensamiento ilustrado europeo y adaptarlas a nuestra situación histórico-territorial.
   Desde la Argentina, inserta en un contexto latinoamericano, es posible, entonces, formular un pensamiento filosófico-político propio, que si bien se reconoce en el manantial europeo, también recibe influencias de África y Oriente. Como corresponde a un continente colonizado y posteriormente poblado con inmigración extracontinental, el pensamiento latinoamericano está influido por todo lo enunciado.
   Pretender interpretar o comprender, ya que es imposible explicar, nuestra realidad con las categorías occidentales sin traducirlas al contexto de significación latinoamericano, es caer siempre, en errores. Esto no sería, por sí, demasiado grave ya que de última, el error puede ser demostrado e impugnar las acciones que de él pueden generarse. El problema mayor es cuando el error es emitido desde los medios hegemónicos y pretende ser la “verdad” y no sólo eso, sino la única “verdad” anulando otros discursos y otras formas de estudiar y comprender la realidad que no se basan en el error sino que, incluidas dentro del contexto correcto, nos dan, al menos, las herramientas indispensables para razonar la realidad en la que vivimos. Asistimos entonces en los últimos doscientos años –con algunas magníficas excepciones-, a la emergencia de un discurso basado en la tradición “culta” europea, que pretende demostrar qué es la Argentina y por qué  sucede lo que sucede.
   Este discurso instalado “desde arriba” ha obturado, desplazado, incluso censurado, otros discursos, otras palabras que, originadas “desde abajo” o desde usinas intelectuales verdaderamente nacionales –en el sentido de  nación que le daba San Martín, Artigas, Bolívar, incluso Eva Perón y no en el sentido fascista de Primo de Rivera-  siguen pretendiendo hacer escuchar otras voces que los aburridos cacareos pagados por aquellos mismos que se dicen nacionalistas o democráticos pero que, sin embargo, se asustan y hasta se confabulan contra gobierno nacionales populares elegidos democráticamente. Porque hay que decirlo claramente; se puede hablar de la nación y de la patria pero no se puede hablar de la nación y de la patria y condenar a la pobreza a millones de compatriotas por el solo hecho de ser indio o “negro” o conjurarse para desplazar (o derrocar) a gobiernos legal y legítimamente elegidos.  Pero pasemos ahora a lo serio.

¿Democracia? ¿Qué democracia; la tuya o la mía?
El pensamiento europeo, en su paranoica rigidez intelectual, cree que la democracia es solo la democracia á la europea, es decir, aquella democracia tipo Gran Bretaña o francesa devenida de las luchas contra el feudalismo, y considera que las democracias del subdesarrollo no son “verdaderas” democracias sino populismos autoritarios que no respetan la propiedad privada ni el libre cambio. De tal manera que está bien, entonces, intervenir en estos países “bárbaros” ya que no sabemos cómo es la “verdadera” democracia.
   Esta mentalidad obtusa, conservadora e idiota, no logra ver casi nunca, con la excepción de Jean Paul Sartre y algún otro, que estos países han sido colonizados por la racionalidad europea y que de aquí se han llevado, se han robado –es la palabra correcta-, los insumos necesarios para que su democracia haya podido consolidarse. Si no se hubieran robado las carnes y las lanas argentinas, el cobre chileno, el hierro boliviano, el algodón y el azúcar brasilero, el petróleo venezolano, etc., la tan progresiva Europa debería haber hecho frente a las revoluciones de 1848 y especialmente a la Comuna de Paris de 1871 en pésimas condiciones por lo que, muy probablemente, hubieran triunfado y hoy Europa sería la Comuna. Si no hubiera sido por la expoliación de nuestras riquezas expresadas en las materias primas pagadas a precio paupérrimo y a la colocación de sus excedentes manufactureros y de mala calidad, la civilizada Europa seguiría combatiendo entre sí como lo han hecho hasta la invención de la lanzadera volante que le permitió a Inglaterra pegar “el gran salto” a partir del desarrollo de la industria textil, ¿de donde habrán provenido las lanas y el algodón para dicha industria? ¿Y el carbón y la leña como combustible? ¿Dónde se habrán vendido a precios exorbitantes los excedentes industriales que dicha industria produjo? La India y la Argentina especialmente tienen la respuesta. Por eso solo le cabe el calificativo de idiota a uno que decía defender los intereses de la Nación Argentina y tuvo el tupé de decir, mientras se hincaba ante la reina de Inglaterra, que la Argentina era “la perla más preciada de la corona británica”. El idiota al que hago referencia fue el hijo de otro “hijo de mil madres” que a sangre y metralla conquisto un desierto habitado por sus legítimos dueños hoy obligados a vivir en los barrios de emergencias de las grandes ciudades argentinas o en los faldeos de los Andes contaminándose con los efluentes cloacales que los turistas de Europa producen cuando vienen a esquiar a Chapelco por dos “mangos”.
   Los continuadores de este pensamiento ilustrado y “culto” siguen viéndonos como bárbaros. La dicotomía civilización y barbarie, del “culto” e ilustrado Sarmiento, intenta prevalecer en las palabras de los idiotas de turno que hablan y hablan desde la TV, la radio y los medios gráficos acusando de populistas o de autoritarios a los gobiernos legal y legítimamente elegidos por los otros,  los “negros”, los “negros de mierda”, los “piqueteros vagos y drogadictos”, los “del cerro”, los de las “favelas”, los de las “barriadas”, etc. Son incapaces, por su propio miedo y su temor a perder sus espurios privilegios conquistados por traiciones o por sobornos, de ver a un compatriota como un igual a ellos, sin embargo se dicen democráticos, se dicen patriotas, dicen defender la nación. Ese miedo es el que nos muestra que tenemos razón. Es el temor que manifiesta la señora Legrand al decir que teme que su “sirvienta” –tal su expresión- la denuncie. ¿Por qué habría de denunciarla? ¿Acaso la señora Legrand la tiene en “negro”? O el miedo que tiene Leuco ante la amenaza “pavota” de un Don Juan que no puede levantarse a la “minita” que trabaja para el periodista “amenazado” ¿No le da vergüenza a Leuco decir lo que dice? O, y esto sino fuera en serio daría para reírnos, el “examen” que un ignorante como Eduardo Feinmann le “toma” a los “chicos” del Pellegrini y trata de enseñarles que tomar una escuela está mal y que configura un delito y que sus padres deberían estar más preocupados por el camino que tomaran estos jóvenes que no estudian ¡justo él que es abogado y nunca entró a un juzgado!
   Lo dicho, las categorías repetidas y no entendidas de los adláteres y cómplices del pensamiento hegemónico europeo en su vertiente neoliberal que ha fracasado en todos los lados en los que se instauró de modo violento, ya que se necesitaron dictaduras para imponer el “natural pensamiento”, no sirven para entender la realidad latinoamericana y, como no la entienden debido a su ignorancia, le temen.
   Le temen como en 1945 cuando un estratega como el Coronel  Perón crea el “movimiento obrero peronista” por mérito propio y por los desatinos de una izquierda que nunca comprendió a esas bases con las que pretendía hacer la revolución. ¿Qué revolución podían hacer si esos revolucionarios repetían –salvo magníficas excepciones- las órdenes emanadas de Moscú que, por si no lo sabemos, es Europa? Es el mismo miedo que expresaron los propietarios de las industrias y de las estancias, esa vieja y traidora “oligarquía agroexportadora” tan querida por Sarmiento y por Mitre, que no entendieron que el Coronel no los iba a expropiar sino que solo debían compartir un poco de sus fabulosas ganancias con un pueblo que se proletarizaba de la mano de la sustitución de importaciones. Tiene razón el gran pensador Milcíades Peña al afirmar en su tesis que el peronismo de Perón no fue revolucionario sino que, al contrario, posibilitó, concediendo “desde arriba” los derechos sindicales y un consumo doméstico que impidió la toma de “conciencia para sí” de lo que fue la “clase obrera argentina”. Claro, Milcíades debió desprenderse de las clásicas categorías marxistas europeas para realizar su excelente análisis del peronismo. Valga pues el ejemplo de un pensamiento nacional adaptando las categorías del materialismo histórico europeo a una particular coyuntura histórica argentina.
  Los que sienten  este mismo miedo, que generó el bombardeo de la Plaza de Mayo el 16 junio de 1955, los fusilamientos de José León Suarez, la ESMA y el Pacto de Olivos, hoy quieren hacernos creer que está mal que los “chicos” tomen los colegios para pedir condiciones  dignas de estudio por que “a la escuela se va a estudiar pibe”, que no está bien que haya una ley de medios por que no habrá “libertad de expresión” y entonces solo se emitirán noticias y programas “oficialistas” desconociendo las trapisondas hechas por un grupo de mafiosos para hacerse, mediante torturas, de Papel Prensa y poder así “manejar” los precios del “libre mercado” vendiéndose  a sí mismo por debajo del precio de costo pero a la competencia al triple de su valor, que no se debe indagar más en el pasado por que están “podridos” con eso de la “dictadura” y los “setenta”, que se debe dejar “tranquilos a los chicos” de una madre posiblemente apropiadora a la que la señora Legrand le manifestó su solidaridad ante el exabrupto de un juez que solo cumplió con lo que dice la ley, que no se puede otorgar “clientelarmente” el ingreso universal por hijo por que “esos se la gastan toda en droga y cerveza”, que no podemos, justo nosotros los argentinos de bien y “blancos”, aliarnos con ese “negro” de Lula o con ese “zurdo” de Chavez que, cada vez que se presentan a elecciones ganan por “afano”, en fin, que no está bien pensar por fuera de las categorías europeas ya que, al final de cuenta, si lo hacemos, no seríamos civilizados sino bárbaros, como ese Facundo Quiroga, ese Chacho Peñaloza o esa odiada Evita que vino a sacarnos “lo que es nuestro che”.
   Como dije, las categorías del pensamiento europeo, sin su adecuada traducción a nuestro contexto, no nos son muy útiles a la hora de pensar la realidad latinoamericana. Aquellos formados en una ciencia cómoda y funcional a los poderes establecidos, no son capaces de desarrollar una crítica epistemológica o meramente intelectual a dichos esquemas de interpretación y prefieren mantenerse calentitos en sus apoltronados sillones que salir a debatir seriamente con estudiosos documentados como Osvaldo Bayer o Horacio González tan solo para rendir un homenaje a muchos investigadores en la persona de dos de los mejores pensadores que tenemos en la actualidad.
   Esta ignorancia que manifiestan estos pseudointelectuales, a los que les corresponde el mote gramsciano de “orgánicos”, no sería grave si no fuera porque son cobardes y miedosos que, parece ser lo mismo pero que no lo es. Uno puede tener miedo y sobreponerse a él, sin embargo el cobarde se siente “amenazado” y es capaz de conjurar y aquí reside la peligrosidad.
   Es por eso que debemos tener una actitud militante ante este miedo y ante la cobardía expuesta en los medios por estos funcionarios de la mentira y de la traición. Se debe desnudar su ignorancia y su complicidad con los factores del poder que no piensa en una Argentina para todos sino una Argentina para pocos porque para eso se “conquistó el desierto” y se aniquiló a treinta mil personas. No podemos dejar que sigan mintiendo e inoculando su propio miedo en todos nosotros pues al final, nuestra pasividad solo los beneficiara a ellos en contra de nosotros y ya hemos sufrido la lamentable experiencia de perder los derechos conquistados.
   Podemos criticar lo que no nos gusta de este o de otro gobierno, podemos defender la propiedad privada y oponernos a lo que consideramos injusto, no debemos ser oficialistas ni “chupamedias” de los gobernantes de turno, la democracia no es para algunos nomás sino para todos los ciudadanos de un Estado, no es cuestión de que nos llamemos a silencio porque debemos apoyar a un gobierno, no nada de eso;  pero no podemos permitir la mentira, la injusticia, las trapisondas, las herejías y las “hijoputeces” de estos “buenos hijos de mil madres” que lo único que les interesa es seguir haciendo sus prósperos negocios a costa de nuestro bienestar y que se disfrazan con el traje de la patria y la nación  sin percibir ellos, los “cultos”, los civilizados, los “europeos en la barbarie”, que mientras toman su champagne cosechado en Mendoza y comen el salmón rosado del Pacifico chileno,  se les ve la ropa interior sucia por que  tienen la bragueta abierta.
Setiembre 2010.-