Desde hace un par de años, y gracias a la lucha de las propias mujeres cansadas de la secular dominación masculina, se ha instaurado en la sociedad una idea que es la de igualdad de género. Para decirlo sencillamente el género es un conjunto de prácticas y hábitos por los que los seres humanos nos relacionamos entre nosotros a partir de un cuerpo que tiene una significación sexual. El género también puede expresar una relación social de dominación mediante la instauración de un modo de dominación generalmente de origen histórico/tradicional.
En pos de esa igualdad de género proclamada es que planteo defender los procesos por los cuales se constituye la masculinidad, algunos de los cuales no son bien comprendidos por aquellos que no los han atravesado.
Entiendo a la masculinidad como las prácticas y hábitos que constituyen y definen el ser hombre y varón. Las prácticas y hábitos sociales son el resultado de procesos sociales que están incrustados en la sociedad y hunden sus raíces en el pasado. La tradición es el vehículo que transmite los saberes sedimentados al presente y los proyectan al futuro.
Como todo proceso, el proceso de construcción de masculinidad tiene pasos que conformaran un ritual con sus pertinentes ceremonias. Para ilustrar mejor estos procesos, empiezo por describir algunos de estos rituales y ceremonias.
LOS CONCURSOS:
El varón nace, debido a su propio proceso de evolución biológica, con una tendencia muy marcada a la solidaridad. Esta creación humana no debe ser entendida desde una mirada moral sino estratégica. La solidaridad social a la que me refiero es aquella que podríamos llamar relación cooperativa y es lo que posibilitó que el hombre pudiera cazar animales mayores en virtud de un trabajo común. Esta solidaridad se inscribirá en acciones que se desarrollan en el transcurso de vida de los varones involucrados. Los ritos de constitución, tienen como objetivo institucionalizar prácticas y hábitos. La solidaridad, paradojalmente, suele expresarse como una competencia que determinará no solo la idoneidad del compañero, cuando se necesite, sino que también permite expresar las jerarquías y autoridades que toda cooperación requiere. Algunos ejemplos de lo manifestado se encuentran ilustrados por lo que llamo “los concursos”:
Concurso de flatos:
Obviamente en su camino evolutivo el hombre fue dejando de ser ese animal necesitado de sus sentidos para sobrevivir. El costo del pensamiento ha sido la pérdida de esas capacidades visuales, olfatorias, etc. Pero, no obstante lo dicho, se puede constatar algunos residuos de esas facultades pérdidas y que se ejemplifican en la confirmación del self mediante los propios efluvios. Todos reconocemos nuestros propios aromas corporales y los ajenos nos parecen detestables.
Pero esta particularidad, en algunos momentos del proceso de constitución de la masculinidad, se transforma en un rito.
Descripción:
Supongamos una carpa con cuatro adolescentes amigos que decidieron irse a festejar la primavera de campamento a la ciudad de Lobos. Cuando deciden acostarse de noche, después de haber comido, la carpa que los alberga seguramente será el escenario de una competencia que tiene a la expulsión de los gases como motivo secundario ya que el primario es demostrar a los compañeros que uno es un varón y que es confiable para lo que el grupo pretenda. EL primer flato producirá escenas como la siguiente:
- ¡Huy! ¡Hijo de puta! ¡Te cagaste!
- Si. Ja, Ja, Ja.
Al instante, todos los miembros del grupo, comenzarán a expulsar sus gases en medio de risas, gritos, insultos inclusos manoseos. Cada miembro intentará ser considerado el mejor “tirapedos” no solo por lo estruendoso o largo del suceso, sino también por el aroma que estos gases, que contienen mayoritariamente metano, suelen poseer. En pos de este objetivo, habrá algunos que, siendo más audaces que los otros, se desnude e intente encender el gas que expele intencionalmente por su orificio excretor buscando, con este estúpido pero varonil acto, la carcajada, la complicidad y la admiración de sus compañeros.
El concurso de flatos, o “pedos” en el lenguaje vulgar, es uno de los ejemplos y ayuda a construir la imagen de varón en la identidad masculina y bien puede ser calificado como escatológico.
Concurso de orinada.
Si en el concurso de flatos se pone en exhibición una excreción anal, en el concurso de orinada se exhibe el atributo fálico, tan querido y a veces subestimado. Ya Freud ha mencionado la ligazón particular que significa la posesión de un falo y/o su ausencia.
El falo es el símbolo de una masculinidad que no excluye la homosexualidad masculina.
Como órgano de reproducción, el falo ocupa una posición externa y cómoda, esto define que sea fácil tomarlo con las manos ya que los dos órganos han evolucionado juntos y no sabemos quien lideró dicha evolución; si la mano desarrolló al falo o viceversa. Lo cierto es que desde pequeño, el varón se toma su falo casi en todo momento y nunca dejará de hacerlo llegando a fallecer, en algunas contadas circunstancias, con su falo en la mano. Al respecto, recuerdo un chiste que hace referencia a esta precisa circunstancia.
El atributo mayor del falo masculino es su capacidad de erección. Como dotado de una energía propia, mágica y asombrosa, el falo es capaz de modificar su dimensión no solo a conciencia del self sino también inconcientemente. Esta rebeldía que expresa el falo en relación a una autonomía de la conciencia, es, a mi juicio, el motor de la evolución humana.
Los dos actos que tienen al falo como protagonista principal, aunque no las únicas, están definidas por la masturbación y el acto de orinar.
La masturbación masculina se realiza, generalmente, en forma solitaria con las excepciones de rigor. Sin embargo, el acto de orinar, si bien íntimo, en el caso del varón puede ser motivo para la exhibición de su falo y de sus dotes de orinador. Ilustremos con un ejemplo
Descripción:
Fin de un partido de fútbol amateur en cualquier lugar. Los jugadores de dicho partido, compañeros y adversarios, hacen cola en una manguera para tomar, de acuerdo al turno de llegada, agua para refrescarse y reponer lo perdido en la contienda deportiva. Una vez que el último de los jugadores sació su sed, uno de ellos, se pone a orinar en un paredón preferentemente. En el mismo instante, un segundo orinador se hace presente en el mismo paredón y comienza a orinar en el pero describiendo círculos o formas con su falo que, como un inyector de líquido, termina estampando la orina en el paredón con las mismas formas que propuso el orinador. Este desafío que propone el segundo orinador es respondido por el primero quien hace lo mismo. Es posible que comiencen a sumarse otros orinadotes y que incluso, en el frenesí de la orinada general, todos se vean involucrados orinándose mutuamente.
Al igual que en el concurso de flatos, todo sucederá en ambiente risueño y jocoso lo que hará al fenómeno alegre.
Concurso de escupidas.
Se ha hablado del ano, del falo y, como no podía ser de otra manera, ahora se hablará de la boca.
Esta no solo nos permite alimentarnos y percibir el mundo a través de los sabores sino que posibilita, junto con la garganta y todo el aparato foniátrico, el maravilloso y fascinante proceso de comunicación. La conciencia nos indica las palabras a utilizar pero la boca es la que emite el lenguaje.
Como uno de los orificios del cuerpo humano, tanto permite el ingreso como el egreso. Por la boca entonces entrará el alimento, ya sea de origen material o simbólico, y expulsará eructos y saliva que, en determinadas ocasiónese se transforman en salivazos.
Los eructos, al igual que los flatos, posibilitan la expulsión de gases corporales correspondiéndole a los primeros poseer una estentoreidad que los segundos no tienen siendo el atributo principal de estos últimos, su aroma muchas veces hediondo.
La producción de saliva puede ser abundante e inconciente, denominándose baba, o puede ser manipulada por la lengua y los músculos de las mejillas con una intención explícita de expulsión. Este es el caso que pretendo describir.
Descripción:
Un grupo de amigos, los mismos que se fueron de campamento y los que jugaron al fútbol, se reúnen a comer un asado en el patio de la casa de cualquiera. Compran la carne, el carbón, las achuras, el pan, el vino y la cerveza. La sal la pone la casa. Unas palabras al margen, cuando los varones se juntan a comer asado, es raro que alguien piense en la ensalada o en el postre. Se come carne y pan y si hay suerte, chimichurri, y si aún hay más suerte, el chimichurri está bueno y picante. Se bebe vino y cerveza básicamente. Con los años el rito del asado masculino se mantiene pero se incorpora la soda, las gaseosas, el tomate, la lechuga y la cebolla determinando que la carne, sus condimentos, el pan y las bebidas sean lo más importante y constituyan propiamente el rito del asado como tal. La ceremonia del asado es otro de los momentos del proceso de construcción de la masculinidad pero hoy no será tratado esperando presentarlo en otra ocasión.
Después de comer el asado dejando una generosa porción de vacío junto a restos de achura y huesos, la mesa cubierta de botellas vacías y semillenas acompañadas groseramente con pedazos de pan, pedazos de asado, de chorizo, etc., algunos de esos varones se sienta en donde puede y, desabrochándose el botón de su pantalón, exhibe su abdomen hinchado de alcohol y grasa reforzando, dicha exhibición, tomándose la panza con sus dos manos y agitándola grotescamente. En ese momento en que su organismo accede a un equilibrio de origen químico y neurológico, su existencia no es pues su conciencia se diluye en los recuerdos del pasado asado. Cargada e inflamada su garganta y relajado desde el cabello hasta los pies, escupe hacia un costado intentando acertar en una caja de cartón en la que se trajeron las mercancías. El compañero, al notar la primer escupida, intencionalmente produce un bolo salival y repite la operación intentando acertar a la misma caja de cartón.
Los comensales se dan cuenta y todos, por turno o desordenadamente, comienzan a escupir intentando acertar a la caja de cartón quien ya ostenta algunos aciertos.
A consecuencia del alcohol y la grasa consumida, algunos ya directamente escupen pedazos de carne, hueso, pan, etc., quedando no solo la caja sino sus alrededores más próximos, si se me permite la expresión, con las señales evidentes de la competencia de escupidas. No es raro, al igual que en el concurso de orinadas, que el destino de los salivazos cambien de dirección y la competencia por acertar en la caja se oriente al ojo del compañero.
Los concursos mencionados forman parte directa y son uno de los ejemplos de los ritos y ceremonias que constituyen el género masculino. Por medio de ellos, los varones nos reconocemos como tales y conformamos fratrías indisolubles en el tiempo. Estos procedimientos son primitivos y su origen se encuentra muy lejano en el tiempo. La necesidad de preservar territorios de caza y de hembras para la reproducción pudo haber estado en el comienzo de la evolución y la forma de trasmitir los procedimientos eficaces encuentra en los ritos y ceremonias, cada cual con su particular permofance, uno de los ejemplos mas evidente. Mediante estos procedimientos institucionalizados y sedimentados en una historia en común y en un proyecto de vida colectivo que considere la singularidad individual, el hombre viene recorriendo su camino.
De tal manera que sirva este escrito para hacer un llamado en defensa y protección de los hábitos y prácticas que colaboran en la constitución de una masculinidad y para preservar el proceso de constitución de esos hábitos y prácticas.
Los varones, al fin de cuentas, también somos un género.
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