martes, 22 de febrero de 2011

EL DEFICIT DE LA MODERNIDAD. La Producción de Riesgos. (fragmento)

“La miseria es jerárquica, el smog es democrático”
Ulric Beck

EL PROBLEMA QUE se plantea en la actualidad es el surgimiento de nuevos riesgos difíciles de predecir. No son reductibles a una lógica racional ni pueden ser sometidos al cálculo probabilístico. No son estrictamente riesgos sino posibilidades nefastas y no existen recaudos para ello o bien por desconocimiento del problema o por la desarticulación adrede de las dimensiones comunitarias y sociales que la humanidad se ha dado a lo largo de su historia.
Este tipo de riesgo, se asocia íntimamente con la noción de peligro. El peligro ya no esta definido por la invasión al territorio (aunque si debo ser estricto, sigue siendo posible la guerra), ni por las pestes o las hambrunas. Los nuevos peligros que se generan desde la sociedad Moderna actual no son todavía conocidos en su peligrosidad. Parece ser que el interés rentístico puesto en acto por los propietarios de la riqueza a nivel mundial, fortalece la emergencia de estos peligros cuyo ejemplo mas patente está dado por la contaminación ambiental y la producción de alimentos peligrosos para el consumo humano y que se venden en las góndolas de los supermercados mas importantes y de mayor ganancia disfrazados con el ropaje astuto de la publicidad. La ciencia, sobre todo las llamadas ciencias exactas, son cómplices de este engaño al no poder establecer claramente los peligros que entraña la ingesta de alimentos tratados con tóxicos, la fabricación de juguetes para niños con materiales venenosos, la producción de energía nuclear y su secuela de radioactividad, la deforestación cruel y sin planificación, la dilapidación de los recursos no renovables, la pesca indiscriminada, etc. Este tipo de peligro, si bien afecta diferencialmente a los estratos sociales definidos según ingresos y su posición en la estructura productiva de una sociedad (las “clases”), posee un ingrediente nuevo que no existía antaño. Este nuevo ingrediente es una especie de “democratización” del riesgo y del peligro que hace que ya uno no se sienta “seguro” ni siquiera en su castillo fortificado. La proliferación de asaltos en los country, los secuestros extorsivos, las enfermedades contraídas por mala praxis (en operaciones de cirugía estética), las inundaciones que se desatan por la falta de inversión en infraestructura, la explosión de centrales nucleares, la lluvia ácida, los malos medicamentos, etc., afectan a la mayoría de las personas que habitamos este mundo. Ya no hay lugares “seguros”, todo el espacio planetario parece ser una especie de tierra de riesgos. Ni siquiera los desiertos son hoy un seguro contra los riesgos. Los países más contaminados son los más ricos y pretenden extender esa contaminación a los países más pobres para continuar con su proceso de acumulación y utilizar las enormes ganancias. En estos pobres países, los más ricos no respetan las leyes. Hay una especie de “doble estándar”; lo que no se puede hacer en el país de origen por que contamina o explota al trabajador, se puede hacer en los países subdesarrollados por poco dinero. Los países ricos exportan, de esta manera, sus riesgos y sus peligros a nuestros países despreocupándose de las consecuencias, que serán sentidas a nivel planetario, que ellos mismos producen. La ciencia aliada a estos intereses, intenta legitimar estas inversiones aduciendo que no se sabe que pasará o que los efectos contaminantes serán reducidos y no afectarán seriamente a la salud de la población. El ejemplo de las pasteras Botnia y Ence en el río Uruguay son un ejemplo.
Evidentemente, el hombre vive inserto en un entramado social del que se siente parte. Esta inserción participativa es también una modalidad, aunque atenuada, de protección. La dilución de estos marcos protectores y su sustitución por los derechos sociales de hecho son complementarias adjudicándole a los derechos de hecho un plus de poder. Este plus está en estrecha relación con la producción de ciudadanía. Entiendo a ésta, no como una sumatoria de derechos según la definición más clásica, sino como una acción social con sentido que recupera la soberanía popular y es, además, una forma de control del poder.
La dilución de estos marcos políticos protectores que se encontraban ejemplificados en las relaciones de proximidad y en los derechos sociales, puede aumentar la incertidumbre de las personas con respecto a su futuro y movilizarlas hacia la vehemente solicitud de protección a los Estados. De esta manera, es posible pensar en un agudizamiento de la conflictividad social toda vez que se esclarecen las demandas y la toma de conciencia acerca de la participación y la responsabilidad social tanto de los desposeídos y vulnerables como así también de los que detentan el poder. El debilitamiento de las antiguas protecciones y la desaparición de las nuevas en virtud de la imposición de un modelo neoliberal conservador que se desentiende de lo que produce en términos de pauperismo y vulnerabilidad, puede producir un sentimiento de impotencia ante las nuevas amenazas surgidas de la imposición del modelo político mencionado y que se concretan en la idea de riesgo y de peligro. La dilución de la ciudadanía como hecho social y su sustitución por estatutos dudosos que la suplantan por ese híbrido jurídico que se patentiza en los derechos del consumidor o usuarios, puede aumentar la incertidumbre sobre las nuevas amenazas de la sociedad, concretadas en el desempleo masivo, la contaminación del medio ambiente y las diversas inseguridades (civil, jurídica, sociales, etc.). De esta manera, es posible asistir a nuevas formas de conflictividad social que no logran incorporarse a la agenda gubernamental y no encontraran marcos de resolución democráticas. El peligro que se presenta para la República Democrática es justamente el descreimiento de esta forma de organización sociopolítica y al no encontrar respuestas a las demandas planteadas, demandas que se justifican por la concreción de derechos consagrados por una Constitución Nacional, se allana el camino para el surgimiento de nuevas propuestas políticas que, despreocupándose del verdadero problema social que se ha generado, hace propuestas demagógicas e inimplementables pero que logran cautivar al electorado con proposiciones seductoras mas parecidas a publicidades de cosméticos que a planes concretos de implementación política. Los nuevos dirigentes, patentizados nuevamente en el ideario neoliberal conservador, pueden lograr el poder por medio del voto y profundizar la crisis y, al mismo tiempo, no solo amplificar los riesgos sino diversificarlos.

Existe una relación muy estrecha entre la proliferación de los nuevos riesgos y la desarticulación tanto del Estado Social como de las estructuras comunitarias más tradicionales. Con el advenimiento de los nuevos riesgos y los peligros, el sujeto se encuentra solo agudizándose el proceso de individualización. Este proceso determinará una privatización y una individualización de los seguros perdiendo su carácter colectivo y su eficacia. El sujeto devenido individuo, debe proveerse él mismo su seguridad. El manejo de los riesgos, dejará de ser una empresa colectiva y se transformará en una empresa individual, privada y privatizada y, además, tendrá pocas posibilidades para ser ejercida. Una persona puede pagar su seguro toda la vida pero, al momento de usarlo, se ponderan trabas técnicas que ayudaran a que la empresa aseguradora, incluso el Estado, encuentre los vericuetos para no cumplir con lo que prometió. Una prueba patente está en la salud. Las empresas de salud prefieren asociar a personas sanas que a aquellos que puedan padecer algún tipo de enfermedad pues saben que estos les restaran rentabilidad. Pero, si lo asocian, no cumplirán con la parte del contrato que las obligaría a darles las prestaciones por la que se ha pagado. Se cobra un vale, se hacen menos estudios de los que se debieran, etc., conformando una estafa a los que legítimamente reclaman por lo pagado. Vaya negocio el de una empresa de salud que solo asocia varones jóvenes sanos y que cuando estos se enferman son remisos a cumplir por lo que se ha pagado. Si el contrato es por capita, se harán menos estudios que los recomendados. Si el contrato es por prestación, se puede solicitar una tomografía computada para un sencillo dolor de muelas. Lo importante no es cumplir con lo pactado sino que “las cuentas cierren” incluso sacrificando la salud de sus asociados. El individuo, sustento simbólico del sistema Moderno, es abandonado y aislado a sus propias fuerzas y recursos pero sostiene con su trabajo y participación a todo el sistema que no lo respeta y considera como tal. El contrato, esa institución tan cara a la ideología liberal, no es cumplido por los que tienen el poder configurando una nueva paradoja más que nos retrotrae a los inicios históricos de la Modernidad.

La producción de riesgos, característica de la sociedad industrial, parece atravesar las clases sociales en una especia de “democratización” de los riesgos pero exámenes mas profundos revelan que no es tan así. Podemos pensar que la contaminación ambiental de una región puede afectar indistintamente a todos los sujetos que la habitan pero, las clases de mayor poder adquisitivo podrían poner en marcha algunos recursos para amortiguar los efectos perjudiciales de esa contaminación comprando mejores filtros para el agua o directamente agua embotellada en otras regiones. Pero también es cierto que hay otros tipos de riesgos que sí los pueden afectar como la explosión de una usina nuclear o la fuga de escapes tóxicos de fábricas que se encuentran relativamente lejos pero que con los vientos pueden llevar nubes tóxicas. Otro tipo de riesgos que afectarían a las clases de altos ingresos están representados por los vaivenes financieros o incluso la confiscación de depósitos bancarios (corralito). De tal manera que, la lógica de la distribución de los riesgos, mas allá de las particularidades enunciadas, siguen un camino inverso a la lógica de la distribución de la riqueza. Esta característica profundiza aún más la inequidad social por que permite, por omisión del Estado o por una traslación que realiza la gestión racional del mercado llevando a las regiones subdesarrolladas lo que no permiten instalar en los países de origen, que la vulnerabilidad emerja en aquellos sectores desprotegidos en tanto que los sectores que se pueden apropiar de una parte importante de la renta, estén en mejores condiciones de protegerse de estos riesgos. Pero la lógica, es una lógica maniquea por que si bien lo enunciado es correcto, no sabemos bien como terminará todo este proceso contaminador que produce la sociedad postindustrial mercantilista. Quizás lo que hoy es “seguro” mañana no lo sea tanto añadiendo al futuro próximo una cuota de riesgos que podrían ser exceptuados.

domingo, 20 de febrero de 2011

PALABRAS, REDES SOCIALES E IDIOTAS.

Las palabras nombran al mundo. Por medio de ellas, el hombre nomina todo lo que lo rodea; la naturaleza, sus relaciones, sus emociones, sus ideas, etc. Gracias a ellas, también, se puede comunicar con los otros como él y, al comunicarse, no solo se reconoce como tal sino que se relaciona con los otros y vive, así, en un mundo social. Las palabras, como el insumo principal de la comunicación, posibilitan que los hombres se reconozcan entre sí y, además, no solo hablen de los que les pasa como hombres sino que, también, hablen de las cosas que los rodean, no importa si son reales o no, lo que importa es que se comunican, hablan, es decir, se relacionan.
El habla se desarrolló no solo como consecuencia de poseer un aparato foniátrico apto para ello sino también como una necesidad existencial. De los primeros gruñidos indiferenciados, pasamos a los gruñidos diferenciados, de estos a la producción de sonidos cada vez más complejos. Nos vamos ayudando con las manos, los brazos y las miradas, los gestos y así, en un lento pero progresivo proceso, desarrollamos un lenguaje y el mundo se hace mucho más grande y nuestra inteligencia se desarrolla aún más.
El hombre comienza a indagarse y a saber cómo indagar, como responderse, como transmitir lo que aprende y como recibir lo que le enseñan. El hombre, gracias a las palabras, se enseñorea sobre la naturaleza. La nombra.
Las palabras embellecen al mundo pero a veces el hombre las usa para envilecerlo y, al hacerlo, se envilece él.
El mundo de la posmodernidad es un mundo en donde abundan las imágenes –que son una de las formas de suplantar a las palabras pero no de anularlas- y también de palabras. Esta abundancia radica en que tiene muchas cosas para decir y ha desarrollado los medios para ello. Los medios masivos de comunicación gráficos y electrónicos y la proliferación de la Internet posibilitan la expansión de las palabras y, obviamente, de la comunicación. Los hombres hablamos cada vez más entre nosotros y así, nos conocemos mucho más. Es un avance impresionante desde aquellos primitivos tiempos en que solo gruñíamos, comíamos carne cruda y apenas nos comunicábamos. Hoy no. La expresión máxima de las palabras está exteriorizada en la poesía. Podría decir que la oratoria también. Estas son las “artes” de la palabra; poesía, literatura, oratoria.
Como dije, con la proliferación de la Internet, la palabra cobra una importancia fundamental. Los canales de chat, las redes sociales, han posibilitado que el hombre encuentre mejores y mayores medios para expresarse superando condiciones de clase, de religión, etc. Todos nosotros que nos comunicamos casi diariamente, usamos miles de palabras para narrar lo que nos sucede, para decirle al otro lo que queremos decirle, para aprender, para exponernos tal como somos y, para algunos de nosotros, esta es una característica maravillosa y una herramienta poderosa para cambiar el mundo, bah, eso suponemos.
A veces, las palabras en vez de embellecer el mundo y contentarnos, nos muestran la mediocridad de lo que somos capaces. La envidia, la ira, el desprecio, etc., se hacen presente en las palabras y el chat o las redes sociales no son la excepción. Todos nosotros hemos asistido a debates y a encuentros entre personas, incluso nosotros mismos hemos participado de ello, en donde nuestras palabras mostraban que no estaban muy lejos de aquellos primitivos gruñidos por más que usáramos rimas y buenas y educadas palabras. El sentido de ellas es ofensivo e injurioso y, lamentablemente, no son pocas las veces que hemos asistido a este tipo de conversaciones.
Justamente, el que utiliza este medio para decir lo que no puede decir personalmente no solo es un cobarde sino que es un idiota. Aquellos que pretendiendo hacer un alarde de inteligencia o ironía, ofenden y califican al otro tan solo porque no coinciden en determinadas posturas ya sean políticas, religiosas, deportivas, artísticas, etc., se aprovechan de la palabra para exhibir su idiotez, su mediocridad intelectual y su escasa densidad existencial.
Las palabras embellecen al mundo ¿Por qué utilizarlas para el agravio? ¿Por qué creemos que tenemos razón y que la forma de probarlo es por medio del agravio y el insulto inmerecido?
Algunos creen que la abundancia de palabras es charlatanería. Es cierto que hay diletantes, pero no es cierto que la abundancia de palabras signifique charlatanería. Al contrario, el pensamiento sintético, la apología de la síntesis no se corresponde vis a vis con la inteligencia. Que se pueda resumir con una frase un libro o el pensamiento de un prolífico pensador significa que, detrás de esa frase, hay miles de palabras y el desarrollo de profundos pensamientos. Por ello, los refranes populares, que son sintéticos, rara vez corresponden con la realidad; no son más que el reflejo del sentido común y, como ya sabemos, el sentido común reduce al mundo a su capa más delgada. Las opiniones son la capa más delgada del saber, por eso no se discuten. En cambio, los argumentos, posibilitan profundizar nuestro intelecto, nos permiten probar lo que decimos y no meramente opinar. Las palabras adecuadas, insertas en los discursos adecuados, nos muestran qué es el mundo en realidad y no meras representaciones del sentido común. La metáfora, las analogías, las hipérboles, etc., son formas de la representación. Las comparaciones simples, las verdugueadas, el ninguneo, son las formas degradadas de la representación.
Un día un periodista le pregunto a Einstein si le podía explicar la Teoría de la Relatividad. Don Albert, paciente, le explicó durante media hora, en qué consistía dicha Teoría. El periodista no entendía y le pidió que se la volviera a explicar de manera más sencilla. El premio nobel, haciendo gala de una paciencia que no tenía, volvió a explicarle su Teoría en forma sencilla. Al cabo de su corta exposición, este periodista seguía sin entender que quería decir Einstein y le volvió a pedir que se la contara de manera más sencilla, “Sin tantas palabras por favor” le dijo. Einstein, fastidiado le explicó la Teoría de la Relatividad en dos minutos. Entonces, el periodista le dijo:
- ¡Ah! Ahora entendí.
- Bueno – le dijo Albert Einstein – pero esa ya no es mi Teoría de la Relatividad.
En fin, en los tiempos que corren, yo sigo creyendo que las palabras nos ayudan a mejorarlo y que su ausencia nos empobrece. Que las síntesis solo son útiles en determinados contextos pero que no debemos exagerar de ellas sino todo lo contrario. Debemos exponer nuestras ideas como podamos, buscando las palabras adecuadas, respetando a los otros, no subestimándolos y mucho menos agraviándolos. No importa que no coincidamos en todo, basta que estemos de acuerdo en cuatro o cinco ideas básicas y que se relacionan con el respeto, el cuidado, la consideración.
Las redes sociales, el chat, etc., nos posibilitan acceder a los pensamientos de gente que no conocemos pero que, sin embargo, nos asombran con sus poesías, con sus cuentos, con sus ensayos, con sus bellas palabras. Tener esta oportunidad para desmerecernos, para agraviarnos, para insultarnos es de idiotas. Yo no quiero pertenecer a ese colectivo.
Defendamos las palabras, defendamos las ideas bien expresadas. Amemos el lenguaje y el mundo será un mejor lugar para vivir.
Febrero 2011.-

viernes, 18 de febrero de 2011

EL PAÑUELO NEGRO. Relato.

En ocasión de haber sido invitado a participar de un congreso nacional de gerontología concurrí al Hotel Panamericano de la ciudad de Buenos Aires para escuchar una charla dada por viejos y viejas indios que iban a exponer sobre la problemática particular que los aqueja.
La mesa en donde se iba a desarrollar la exposición estaba presidida por el Lonco de Gral. Pico, Don Emiliano Huentre-co de la comunidad Mapuche que está ubicada en la ciudad de Los Toldos. A su lado se ubicaba Don Faustino Gutiérrez de la comunidad Qom de Misión Tacaaglé en Misiones y contiguo a este Doña Harminda de la comunidad Coya quien portaba un clásico sombrero color crema de ala ancha con una cintita negra en un costado. Cada uno de los invitados expuso sobre el efecto dañino de la colonización y el incumplimiento por parte del Estado Nacional Argentino de sus obligaciones políticas y sociales para los ciudadanos pertenecientes a los pueblos originarios. Este incumplimiento de las responsabilidades estatales se configura como un abandono y aún más, como una complicidad de los dirigentes políticos con los sectores terratenientes quienes no solo expulsan a las comunidades originarias de sus tierras ancestrales y que por derecho les pertenecen sino que, debido a la necesidad de tierras para cultivar soja transgénica que será exportada para alimentar cerdos, gallinas y conejos en tierras lejanas, no solo desmontan lo que a la naturaleza les llevó miles de años crear sino que, al dispersar agentes agroquímicos, eliminan las plantas medicinales con que estas personas practican una medicina alternativa y de la que muchos científicos dan prueba de su eficacia.
Pero más allá de las críticas y denuncias hechas por estos ciudadanos argentinos a los que se les quita esta condición, lo que quiero contar es un relato hecho por Doña Harminda quien aprovechó la ocasión no para realizar las denuncias que todos conocemos sino para dar un testimonio de su vida y que se relaciona, según sus propias palabras, con el proceso de aculturación al que han sido sometidos desde hace años por la ignorancia del hombre occidental del que nosotros mismos formamos parte.
Voy a relatar, si la memoria no me falla, lo que nos contó aquella mañana Doña Harminda:
“Con el permiso de los mayores que se encuentra en la sala, quisiera narrarles un hecho de mi vida. Yo nací en un paraje perdido en la puna jujeña, en donde el cóndor reina en los aires y las cabras pastorean entre las piedras buscando los brotes tiernos de las plantitas para poder alimentarse. Desde changuitos salimos a pastorearlas en esas bellas soledades pintadas con los colores del Inti mientras nuestros padres se dedican a la minería, cuando hay, o a trabajar en las changas de las haciendas de la zona quienes nunca pagan lo que prometen. Cuando el dinero escaseaba, los hombres, las mujeres y los niños íbamos a los ingenios azucareros a colaborar en la zafra para así poder tener un poco de platita y comprar esas cositas que necesitamos para vivir. No es para comer pues la Pacha Mama nos da lo que necesitamos y las cabritas, cuando las esquilamos, nos dan la lanita que necesitamos para hacernos nuestros pullos y ponchitos para abrigarnos cuando el frío de la montaña nos lastima las carnes.
Mi mamá se encargaba de las tareas de la casa y la recuerdo siempre lavando ropa o moliendo el maíz, dándole de comer a las gallinas y a los patos, cuidando el cerco y ayudando a mi abuelita que también colaboraba con las tareas. Mi tata era un hombre grande vestido siempre de paisano con su gran sombrero negro que le tapaba un poco los ojos que igual mostraban un brillo intenso. De faja a la cintura en donde cruzaba su facón en la parte trasera, una camisa blanca siempre limpia y un pañuelo negro atado en su cuello. Yo miraba a mi tata y lo veía como un gran hombre trabajador y muy cariñoso.
Cuando cumplí diez años ya fue hora que estudiara pues mis tatas sabían que debíamos aprender a leer y a escribir para que nuestra vida fuera mejor de la que ellos habían tenido. No es que se quejaran, sino que no eran tontos. Sabían que por su condición de coyas y analfabetos el patrón siempre los robaba y no sabían como defenderse de las estafas de los criollos y si iban a la policía a hacer alguna denuncia, nunca eran escuchados así que, todos los niños de aquel paraje, que no éramos muchos, debíamos estudiar para así poder mejorar la situación en la que pasaba nuestra existencia.
Como no había una escuela cerca, nos internaron en un hogar escuela que quedaba a más de veinte leguas de mi casa y por ello no podíamos volver a nuestra casa. Debíamos quedarnos allí durante los meses de invernada y volvíamos a nuestra casita cuando el sol calentaba las montañas. Recuerdo a mi tata llevándome en su jardinera, que ustedes no deben saber lo que es por que en Buenos Aires no se las ve. Imagínense una especie de sulky pero un poco mas chico. Bueno, mi tata y mi mamá, me llevaron a ese hogar escuela y recuerdo que mi tata me dijo, grandote como era y vestido como siempre de paisano con su gran sombrero, su faja, su facón y su infaltable pañuelo negro:
- Bueno m´hijita, usted ya está en edad de aprender a leer. Aproveche y aprenda así después nos enseña a nosotros cuando lleguemos a viejos- y me abrazo tiernamente bajándome de la jardinera.
Mi mamá, por su parte, con lágrimas en sus ojos me beso y me dio un atadito de ropita para que no me faltara nada y me dijo también:
- M´hijita, aproveche el estudio, sea educada con las maestras, aprenda mucho y háganos sentir orgullosos de usted.
Los vi alejarse por el camino pedregoso hacia nuestras montañas y me quede sola en ese hogar escuela en donde unas monjas pretendían enseñarnos en un idioma que, si bien conocíamos, no lo hablábamos.
Siempre nos trataron muy bien, nos daban de comer, nos enseñaron a escribir y a leer en español y nos enseñaron de la patria, de San Martín, de Sarmiento, de Perón y de Evita. También aprendí lo que eran los triángulos, a sumar y a restar, a hacer cuentas y también me enseñaron a coser y a tejer, cosas que ya sabía pues mi abuelita junto con mi mamá ya me habían enseñado allá en la puna.
Al principio extrañaba un poco las montañas y los juegos con mis amigos y hermanos pero pronto me acostumbre a vivir en el hogar escuela con mis nuevos amigos y amigas. Un día, las monjas compraron una radio y nos quedábamos escuchando las noticias que venían de esa gran ciudad que es Buenos Aires. Yo soñaba todos los días que íbamos con mi familia a Buenos Aires a conocer el Teatro Colón, el obelisco y a Evita que los libros decían que era la madre de todos nosotros. Si bien yo ya tenía mamá, todos decían que Evita nos iba a ayudar con ropas y también con juguetes. Mis juguetes eran una muñeca hecha de trapo por mi abuelita pero yo quería tener una de esas que vestían no a la manera coya sino como las actrices de las fotos que venían en las revistas que algunas maestras nos mostraban. Mirtha Legrand, Zully Moreno, Libertad Lamarque nos encandilaban desde las fotos de las revistas con sus lujosos vestidos y su pelo rubio como el trigo maduro. Así fueron pasando los días, las semanas y los meses en ese hogar escuela que nos educaba según lo que decían desde Buenos Aires.
En algunas ocasiones, para las fiestas patrias principalmente, venían mi tata y mi mamá, junto con algún hermanito, a visitarme al hogar escuela. Para ese día, las monjas nos ponían bien bonitas para que nuestros padres se sintieran orgullosos de nosotros. Ese día venían todos los padres de todas las chicas y chicos que vivíamos allí.
Al principio, me alegraba mucho que vinieran mis tatas a visitarme pero, con el tiempo, comenzó a darme vergüenza que mis compañeritos vieran a mi tata vestido de paisano. Yo quería que él se vistiera de saco y corbata, como los padres de los otros chicos. Que se quitara ese sombrero enorme, la faja con el facón y el pañuelo negro atado al cuello. Yo no sabía por que me daba vergüenza pero el hecho era ese.
Un 25 de mayo, ocasión en que vinieron a visitarme, le dije a mi padre que la próxima vez que viniera que por favor no trajera ese gran sombrero negro que siempre usaba. Mi padre me miró tristemente y se lo sacó.
Cuando vinieron a visitarme el 9 de julio, después de cantar el Himno Nacional y comer algunas cositas que habían traído, le pedí que ya no usara mas la faja y el facón pues me daba vergüenza ver a mi tata vestido de paisano. Mi padre, nuevamente, me hizo caso y se sacó su faja y guardo su facón en la jardinera. Luego me enteré que comenzó a tener problemas en la cintura por el esfuerzo que hacía con las tareas del campo.
Cuando llegaron las vacaciones, cada niño volvió a su casa y yo, como se imaginarán, volví a mi ranchito en la puna. Quería nuevamente estar allí con mi familia y mis cabritas, mirar el sol en lo alto de las montañas y mojar mis pies en los fríos arroyos que bajan de ellas cantando entre las piedras las mismas canciones que cantan desde hace miles de años.
Mi familia me recibió agasajándome con un asado de cabrito, raro en ellos, ya que los conservaban para venderlos en el pueblo y así tener un poco de platita para comprar esas cosas que siempre se necesitan en una casa.
Cuando terminamos de comer, nos sentamos debajo del alero con la abuelita, mi mamá, mis hermanitos que iban creciendo y mi tata. Yo aproveché la ocasión y le pedí a mi padre que ya no usara ese pañuelo negro que siempre llevaba atado al cuello a la manera de los paisanos. Mi tata, que era un hombre grande y fuerte, me miro fijamente a los ojos de una manera que nunca olvidaré y me dijo:
- Hijita, usted me ha pedido que dejara de usar el sombrero, la faja y el facón por que le da vergüenza que su padre vista como visten los paisanos y no quiere que sus nuevos amigos vean que usted es coya como yo y su madre. Pero usted ya no es una niña y ya es hora de que sepa por que uso este pañuelo negro. Mi tata, su abuelo, era un hombre grandote como yo y trabajo durante años en las minas en donde murió de los pulmones por esa porquería que se respira en los socavones de las minas para sacar ese metal que se llevan de acá. Mi madre quedo sola haciéndose cargo de nosotros. Un día, que recuerdo como si fuera hoy, se subió a una mula que le prestaron y me dijo: “M´hijo, debo ir a trabajar, no se si volveré, Cuide a sus hermanos y nunca se olvide quien es y sepa que si me voy a trabajar, es por que necesitamos el dinero. Quizás nunca vuelva por que voy a la mina a trabajar” y acariciándome la cabeza se fue por ese mismo camino que usted se va a la escuela y nunca mas volvió. Me dijeron que murió en una explosión en la mina cuando le llevaba la comida a los mineros en los socavones. Desde ese día llevo este pañuelo negro por el luto no solo de mis padres sino por todos los coyas que murieron en los socavones, por eso va a tener que perdonarme pero no me voy a sacar este pañuelo negro por respeto a mis padres y a mis hermanos coyas.
Y con una dulzura que nunca más volví a sentir en toda mi vida, me sentó en sus rodillas y me contó la historia de mis abuelos mineros.
Mi tata murió hace ya muchos años y desde el día que el murió yo llevo esta cintita negra prendida en mi sombrero en recuerdo no solo de él sino de todos los coyas muertos en los socavones para que el patrón pueda irse a Europa a gastar el dinero que gana con el metal que mis hermanos extraen con su sangre”
Un silencio profundo se hizo en la sala y yo, emocionado hasta las lágrimas, aprendí ese día que la deuda que tenemos con nuestros hermanos indios es mucho mas profunda de la que imaginamos.


Setiembre 2009.-

martes, 15 de febrero de 2011

MOSCARDA VITÁNGELO Y RICARDO FORT. A propósito de una novela de Luigi Pirandello

Ricardo Fort y Moscarda Vitángelo comparten rasgos comunes aunque este último sea un personaje de ficción y el primero no, aunque supongo que es lo que busca.
Moscarda Vitángelo, es el personaje principal de la última novela de Luigi Pirandello (1867-1936). La novela en cuestión, y de la que el mismo Pirandello dijo que después de escribir esa no debería escribir ninguna mas (“Será como mi testamento literario, después de su publicación deberé callar para siempre”) se titula “Uno, ninguno, cien mil” y cuenta la vida de Moscarda Vitángelo que, con las excepciones que trataré de argumentar, tiene cierto parecido con la de Ricardo Fort. No hace falta que diga quien es el tal Ricardo pues en los dos últimos años se ha convertido en un personaje mediático más de la triste farándula nacional. Ya he escrito algo al respecto en este mismo blog.
Moscarda Vitángelo es hijo de un banquero y hereda la fortuna de su padre sin nunca haber trabajado, situación que es reconocida por Moscarda. Ricardo Fort también es un heredero y puede vivir una vida de lujo sin haber hecho nada por merecerla, solo ser hijo de un millonario. Los dos nacen y viven a partir de la fortuna de sus padres, quiero decir, ninguno de los dos han conocido los sinsabores de la pobreza o de la necesidad económica. Supongo que sus respectivas infancias tuvieron sus frustraciones y sus traumas pero ninguno de ellos debe haber estado relacionado con la necesidad económica. La vida holgada de los millonarios, incluida la realeza, influye en la formación de la personalidad del Ser.
La vida que llevan los dos es la vida de los “niños bien”, malcriados, caprichosos, en donde la frustración, si ocurre, no es por causa de la necesidad como puede suceder en aquellos niños que no son ricos. Moscarda y Ricardo comparten esa inocencia de no saber cómo es ganarse la vida. Tienen su vida asegurada por la fortuna de sus padres. Hay una preocupación existencial que desconocen. Hasta aquí, algunas similitudes.
La novela de Pirandello nos habla de la identidad del Ser, tema que me ha intrigado en los últimos seis meses y de allí que extraiga algunas ideas para este ensayo. Continuo; Moscarda ha pensado toda su vida que era una persona bella, atractiva y que todos lo veían como él se veía, pero, un día, su esposa le hace un comentario acerca de su nariz y descubre que él no es ese que siempre pensó que era. La imagen que le devuelve el espejo, ahora con el nuevo saber, no es la imagen que él siempre supo que tenía. Descubre que es un Ser diferente a cómo se pensaba a sí mismo. Él es uno que a la vez es ninguno y sin embargo es al mismo tiempo cien mil: “...la idea de que para los demás yo no era tal como me lo había figurado hasta entonces, se me transformó en una verdadera obsesión”.
Ricardo Fort también es un Ser pero él no ha reflexionado como Moscarda. Ricardo cree que es un buen actor, un buen cantante y que además, es bello. Por el solo hecho de tener plata, mucha plata, es lo que cree que es cuando, en realidad, hay miles o millones de personas que pensamos que es un idiota más de los que pueblan la farándula. Quiero decir que la calificación de idiota es un eufemismo para lograr un impacto en el lector y que lo dicho es dicho con todo respeto. Volvamos al ensayo. Ya me ocupare de la idiotez de Ricardo.
Moscarda Vitángelo tiene dos amigos Sebastián Quantorzo y Stéfano Firbo quienes cumplen las tareas que debería cumplir Moscarda, es decir, se hacen cargo del banco que fundó el padre de Moscarda. Éste no sabe nada de negocios y su tarea solo es firmar lo que sus fieles amigos le traen para que firme; las actas del banco del padre. Al igual que Fort, no sabe nada de negocios y disfruta de la riqueza que otros administran por él, en el caso de Moscarda, sus amigos, en el caso de Ricardo, su hermano. Los dos, entonces, son hijos de millonarios, que viven una vida placentera sin ningún tipo de merecimiento o por lo menos el merecimiento que da el trabajo.
En el caso de Moscarda, hay un aprecio por los amigos que permiten que él sea lo que cree ser; el hijo de un millonario con una bella nariz. En el caso de Ricardo, no hay ningún tipo de agradecimiento. Ricardo desprecia a los que lo rodean, a sus guardaespaldas, a sus “amigos”. Siente que está por encima de ellos por que es bello, por que sabe cantar y actuar y, principalmente, por que tiene plata y un Rolex de oro y diamante y no se cuantos coches. Lo que no sabe Ricardo es que es un idiota, dicho con todo respeto. Sus guardaespaldas y sus “amigos” lo sospechan y algunos lo confirman.
Moscarda, al enterarse que su nariz está torcida, percibe que él no es quien piensa y éste descubrimiento, esta revelación, le modifica su vida. En cambio Ricardo, quien modifica su cuerpo en base a cirugías y a gimnasia, aunque se dude también de esto, quiere ser algo que no es. Por eso se opera. Ricardo es quien no quiere ser. Sabe que es ese que le ha mostrado el espejo pero quiere ser otro, quiere ser éste de grandes bíceps, mentón torneado, abdominales de siliconas y tatuajes en su piel, pelo engominado y ojos delineados. Hace un camino inverso a Moscarda quien, al reconocerse como ese que ven los demás, deja de ser uno, para ser ninguno, para ser cien mil, que son los que lo ven. Ricardo no. Ricardo quiere ser ese que ven, no ese que es en realidad; el idiota, dicho con todo respeto.
Él quiere ser un cantante, un actor así no sepa cantar ni actuar y compre sus espectáculos y deba pagar para exponer sus pobres dotes de actor y cantante. Ricardo cree que la imagen que le devuelve el espejo o la foto publicada en una revista leída por gente que desprecia, por ser pobre, es el verdadero Ricardo Fort. No puede creer que el Ricardo que sale en la TV sea el idiota, dicho con todo respeto, que verdaderamente es.
La tragedia de Moscarda es haberse dado cuenta de que su cuerpo es visto, es mirado por miles y, en estas miles de miradas, descubre que su identidad no es lo que él creía que era. En cambio Ricardo busca la mirada de los demás, pero busca la mirada hacia su cuerpo perfeccionado por las cirugías que no es su verdadero cuerpo sino que es el cuerpo que debe tener para ser quien quiere ser y el precio que paga es el de la idiotez, dicho nuevamente con mucho respeto. El cuerpo de Moscarda, con su nariz torcida y sus grandes orejas, es el cuerpo de Moscarda y le indica quien es, para él y para los cien mil; sin embargo, el cuerpo de Ricardo es un cuerpo comprado -y pagado con la plata heredada- pero el idiota, con todo respeto, cree que es su cuerpo, su verdadero cuerpo y cree que los miles que lo vemos por TV vemos lo que él quiere ver o quiere que veamos. Pero, la realidad es otra: yo veo un cuerpo ficticio, siliconado, aburrido, desprovisto de talento, iracundo, maleducado y absurdamente maquillado. Pero que yo vea el cuerpo de Ricardo como acabo de describir no es razón de nada. Solo es una visión particular y no amerita que lo trate de idiota, aunque lo crea. Yo también suelo comportarme como un gran idiota muchas veces, pero no me engaño, se que lo soy y cuanto más lo se, comienzo a dejar de serlo. Cuando el idiota se da cuenta que lo es, comienza su camino para dejar de serlo. Sigamos con Pirandello. Yo no soy importante en este ensayo.
Cuando Moscarda Vitángelo se da cuenta que es visto como lo que él no se considera que es, un banquero vago con una nariz torcida y que, además, es un usurero, decide cambiar de vida. Al cambiar su vida cómoda, es tildado de loco y pretenden inhabilitarlo. Este es un recurso frecuente de la sociedad que teme el discurso de aquellos que deciden encontrar su Ser. Además, es una manera de mantener los privilegios que da el poder del dinero. Solemos de tildar de locos a aquellos que usan su dinero de una forma diferente de lo que lo usaríamos nosotros, los normales, esos que creemos que somos lo que somos sin nunca mirarnos al espejo. Dejemos este tema y sigamos con Moscarda: “Ese usurero que nunca había sido a mis propios ojos, ahora creía no serlo más, incluso a ojos de los otros; y no lo sería más, así fuera al precio de arruinar todo aquello que componía mi vida” nos dice Pirandello en boca de Moscarda. Fort no se plantea nada de esto. Él no sabe lo que es la usura ni el sacrificio de sus trabajadores que posibilitan, con su trabajo, el usufructo de su riqueza. Cuando está fatigado o estresado por que discute con algunas de sus “novias alquiladas” o con Aníbal Pachano, su tarambana compañero de jurado, dicho también con todo respeto, se va a Miami pues Buenos Aires no es la ciudad que él prefiere, aunque su dinero dependa del consumo de los porteños y de los argentinos. Vitángelo piensa en los demás, Fort en sí mismo. El idiota nunca se da cuenta de su idiotez, por eso es idiota.
Continúa Moscarda: “Yo firmaba -simple formalidad- las actas del banco; hasta ese día había vivido de sus ganancias, pero sin pensarlo; ahora que me daba cuenta, retiraría mi capital, y bien rápido, para disipar cualquier malentendido, me sacaría de encima esa plata, de cualquier manera, fundando una obra de beneficencia, o algo por el estilo”. En Moscarda Vitángelo se produce un fabuloso cambio de identidad y, a la gente a su alrededor le cuesta entender que el millonario parásito no quiera serlo más. Al fin y al cabo, la marioneta que era Moscarda le era funcional a todo un grupo que vivía de la comodidad de Moscarda ¿que hubiera pasado si Moscarda realmente se hubiera preocupado por el banco? ¿Aceptaría de buen grado las sugerencias de los socios? De la misma manera sucede con Fort pero al revés; Ricardo Fort es también una marioneta de los demás y también de sí mismo. A él solo le importa su dinero y su cuerpo siliconado, su imagen de bello aunque sea un adefesio a la vista de muchos y, obviamente, la imagen que puede transmitir la cámara de TV.
Al aceptar el papel idiota que le asignan los medios, al creer que por que tiene dinero, y mucho, está exceptuado de la idiotez, en vez de ahuyentarla, la fortalece. ¿No es idiota y hasta caricaturesco el papel que juega en los medios peleándose con casi todo el mundo? ¿No son acaso demasiado “vivos” los productores de TV que hacen sus programas con su figura? ¿No es trágico que una figura como Mirtha Legrand no lo invite a su programa siendo éste el pináculo para los artistas de la farándula televisiva nacional? Ricardo Fort pretendiendo demostrar lo que no es, un idiota, con el mayor de los respetos, no hace más que confirmarlo. Moscarda Vitángelo, sabiendo que su Ser es uno, pero no es el que él creía, se dispone a demostrar quien es verdaderamente produciendo trastornos a su alrededor. Y es lógico que así suceda.
Cuando el Ser (se) encuentra a sí mismo, se hace Uno con su curso de vida y ésta, sin dejar de ser independiente y autónoma, fluye paralela al sí mismo del Ser y este construye su identidad. La posibilidad de la armonía existencial se hace más fuerte. Yo, el Otro como yo y la vida, podemos ser armónicos. La vida fluye en su existencia y el Ser se desarrolla mientras va viviendo.
A partir de la confirmación de que Moscarda no es el de la “nariz perfecta” nace su duda “¿quien soy yo?” una pregunta que en algún momento del curso de la vida se hace el Ser en busca de sí mismo.
“Si para los otros no era aquel que hasta aquí había creído ser para mí ¿quien era entonces?” se pregunta Moscarda. “Por lo tanto, los otros veían en mí a un ser que me era desconocido...” Yo no soy el que pienso que soy ¿seré ese que piensan los Otros? ¿Cual será la diferencia, si es que existe, entre éste que soy yo y ese que ven los Otros? Ricardo Fort ¿cree realmente que es un buen cantante y un buen actor o sabe que su fama responde a su dinero y a la funcionalidad que representa para los directivos de la TV? Continúa Moscarda: “...los otros veían en mí a un ser que me era desconocido, que ellos solos podían conocer mirándome de afuera, con ojos que no eran los míos; me daban un aspecto destinado a hacerme permanecer siempre extranjero, aún siendo aquel que yo revestía para ellos (por ende un “yo” que se me escapaba por completo); me atribuían una vida que me seguía siendo impenetrable”. Los existencialistas estarían chochos con Moscarda.
Acá se presenta una de las dudas existenciales del Ser y que es un festín para los psicólogos, cualquiera sea la escuela a la que adhieren: el sí mismo como extranjero de sí, el Ser como un extraño al Ser, una atribución a mi yo que yo mismo no me atribuyo y de nuevo la pregunta ¿soy yo este mismo que me pienso o soy ese que me piensan? Y si en vez de ser ese que quieren que sea ¿soy yo mismo? ¿que ganaré y que perderé con esta decisión?
La respuesta a ésta pregunta está, como un ejemplo, en aquellos/ellas homosexuales que, como se dice vulgarmente, salen del placard. Hasta el momento en que persisten en negar su homosexualidad son unos para afuera y otros para su yo. Cuando deciden asumir su homosexualidad es por que ya respondieron la pregunta por el Ser y se hacen cargo de las consecuencias. Ya no importan los Otros, importa el Ser en sí mismo. Aplaudo, pues, desde la comodidad que me da la escritura, la valentía de todos los homosexuales que asumen públicamente su condición sexual en un mundo en donde la homosexualidad es un estigma social, sin importarles, o sí, la mirada que tendrán los Otros al conocer su condición y su identidad sexual. Su decisión de Ser lo que son, como yo, como vos, hace que el mundo sea un mejor lugar para vivir.
Fort, de quien se dice que es homosexual, no ha podido dar este paso. La importancia que le da a los demás quizás obtura la determinación de su Ser. Su extremo narcisismo, expresado por el culto artificial a su artificial cuerpo, se opone a la concreción de su Ser. Negar su homosexualidad, que yo estoy suponiendo, debo aclararlo, es no tener que hacerle frente a las representaciones que los otros hacen de él y que les son funcionales a su narcisismo. Un homosexual que tiene conductas homosexuales y que no puede asumir dicha condición está más cerca de la idiotez que de la genialidad. Y de la cobardía también. Pero, quizás Ricardo no sea homosexual, no tengo por que atribuirle esta condición por solo una sospecha. No debo ser tan idiota.
“...yo seguía creyendo que ese extraño era “uno”; uno solo a ojos de todos, así como me creía uno solo para mí. Pero de inmediato mi drama atroz se complicó con el descubrimiento de los cien mil Moscardas que era, no solo para los otros, sino también para mi...”
Lo que Pirandello va descubriendo en Moscarda es que detrás de la unidad aparente del sí, el Ser, hay ocultos un sinnúmero de otros sí y que son los diferentes sí que cada Uno, cada yo, representa para los demás pero no por que el yo mismo lo decida, sino por que el yo de los otros también es activo en la comprensión de mí. No hay un único Moscarda como no hay un único Fort, por eso uno es uno y ninguno y cien mil.
Moscarda Vitángelo no es, ahora, solamente el niño rico que no sabe hacer nada salvo firmar actas del banco que le dejo su padre y Ricardo Fort no es solo el idiota, con el mayor de los respetos, que los idiotas de la televisión, ahora sin respeto, pretenden hacernos creer que es. Uno es uno y también es ninguno y somos cien mil, y lo dicho me cabe a mí mismo como a vos como lector.
Yo tampoco soy éste que creo que soy y vos no sos ese que crees que sos. Y no lo somos por que todavía no hemos terminado de recorrer todo el curso de nuestra vida.
Somos seres lanzados hacia la muerte y mientras vamos hacia ella nos vamos haciendo, de tal manera que somos Seres incompletos, y solo lo estaremos cuando hayamos muerto. En el último segundo de nuestra vida, sabremos realmente quienes somos y entonces sí, habremos completado el trayecto que significó el curso de nuestra vida.
Mientras esto suceda, no nos queda nada más que seguir viviendo reconociéndonos como somos y como somos para los demás.
Finalmente Moscarda descubre quien es gracias a la pluma de Pirandello y, al descubrirse, permite que nos descubramos a nosotros mismos.
Nuestra vida es una indagación al Ser. Mientras vamos viviendo, fluyendo en el curso de nuestra vida, nos transformamos en Seres singulares, únicos y al mismo tiempo Seres para Otros, es decir, Seres para miles. Somos uno, ninguno y miles al mismo tiempo y en el descubrimiento y ejercicio del Ser está el secreto de la armonía de la vida.
No importa cuando nos damos cuenta de ello ni el motivo de esta conciencia del Ser, Moscarda Vitángelo lo descubrió cuando vio su nariz torcida. Lo importante es percibir qué somos, que somos un Ser y que la vida significa la construcción de éste Ser. La conciencia de ello nos aleja, por poco, de la idiotez. Tampoco creamos que somos superiores a los idiotas.
Mirémonos pues en los espejos y preguntemos a los Otros como nos ven y quienes piensan que somos. Nos sorprenderemos de sus respuestas. Seamos valientes y aceptemos el desafío.
No todos tenemos la nariz recta, percibir nuestra nariz torcida puede ser el inicio de una nueva vida.

Febrero 2011.

lunes, 14 de febrero de 2011

METRÓPOLIS. Un ensayo urbano II.

"La poesía existe en los hechos. Las casuchas de azafrán y ocre en los verdes de la favela, bajo el azul cabralino, son hechos estéticos"
Oswaldo de Andrade.
ENTRADA

La ciudad, como organización, se desparrama sobre la geografía.
Si bien en el comienzo algunas ciudades crecieron en virtud del agregado de caseríos, la mayoría de estas, en algún punto de su evolución, contaron con una planificación. Calles paralelas, calles transversales, zonas residenciales, zonas industriales. El Paralelogramo de Owen, el Falangsterio de Fourier, la Ciudad-Jardín, son ejemplos extremos pero de alguna manera indicadores de la planificación aludida. Si bien mi intención no es reflexionar sobre las Utopías urbanas del siglo XVIII y XIX, la mención de ellas nos es útil para referirnos a la historicidad de la planificación.
La racionalidad, la perfección, están implícitas en la organización urbana. Las calles diagonales, las esquinas con ochavas simbolizan el sentido (no la dirección) racional urbano. Esta planificación fue la consecuencia de la imposición de un modelo de producción que intentaría regir la vida en la ciudad para su propio beneficio. Sería impensable hoy día la permanencia y durabilidad del sistema de producción racional-capitalista sin el apoyo (logístico) de la ciudad. Creo que la ciudad tal cual la conocemos en la actualidad es el resultado de este proceso histórico. En las ciudades, se concentra el poderío político, económico y hasta industrial.
Lo urbano en Latinoamérica se ha delineado y perfilado en grandes ciudades con aglomeraciones y urbanización no correspondiente con la aglomeración de actividades económicas productivas, o con una programación y planificación de actividades y servicios para la mayoría de sus habitantes.

METRÓPOLIS. Cultura de la urgencia.

Lo urbano hoy en día se define mas como metrópolis que como ciudad. La metrópolis sita en Buenos Aires es muy diferente de la ciudad de hace cien años. Ella es autónoma respecto a la geografía. La superposición de los diferentes planos urbanos puede ser un indicador gráfico. La ciudad tiene una tendencia a hacerse metrópolis, es decir, a metropolizarse. La metrópolis es mas que la ciudad. La metrópolis (el todo) es más que el simple agregado de sus partes (la ciudad).
Lo pertinente de la metrópolis, lo propio suyo, consiste en su acción, en su praxis. La ciudad se metropoliza y en esta acción incluye a sus habitantes. Estos ya no son los ciudadanos jacobinos sino sujetos metropolitanos, si se me permite, metropolizados Cuanto más metrópolis, menos ciudad es y, sin embargo, más urbana sigue siendo. En términos “boudelerianos” el sujeto metropolizado es el “bohemio”, es el “flaneur” aquel que pasa su existencia inmerso en un ámbito ciudadano, que recorre los cafés y los bares no necesariamente buscando compañía sino ocupando su tiempo de esa particular manera. No debemos confundir al “flaneur” con el “yuppie” cuya conducta no esta orientada hacia la contemplación, antes bien, la conducta del “yuppie” posmoderno se orienta hacia la especulación financiera.
Las ciudades formaban una especie de todo cultural perceptible por ejemplo en los diferentes argot. El habitante de Nueva York habla un slang propio y particular, así como el paulista y el caraqueño. Al metropolizarse la ciudad estos argot tienden a estandarizarse, quiero decir, ya el sujeto metropolizado no dialoga con su argot sino que lo hace con uno ya mediatizado. El paulista, el porteño, el neoyorquino, hablamos algunas palabras en común en nuestra cotidianeidad. "Okey", "full", "sorry", “tudo bem” son expresiones utilizadas frecuentemente por nosotros. Observando los usos de la juventud lo percibimos claramente. Una realidad pluricultural, cosmopolita, se instala en la metrópolis. Y, desde la internacionalización de la telefonía celular y la internet, este proceso es mucho más claro.
La ciudad actual, está dejando de ser ciudad sin dejar sus elementos urbanos, al mismo tiempo que va aumentando su diversidad, su capacidad de adaptación. Ya no es mas ciudad sino otra cosa, un nuevo género de establecimiento humano que llamamos metrópolis.

ORGANIZACIÓN RACIONAL URBANA

"Los agentes sociales obedecen la regla cuando el interés en obedecerla la coloca por encima del interés en desobedecerla".
Max Weber.

Ahora bien, en la metrópolis intenta regir lo que llamaré desde ahora ( a falta de un nombre mejor) la Organización Racional Urbana. Esta organización es el intento del Poder de enmarcar las acciones de los individuos que viven y transitan por la ciudad en beneficio propio. Se apela a la seguridad pública, al orden público para enmascarar otro tipo de orden y seguridad que no es público sino privado. Esta Organización se aplica fundamentalmente por mecanismos de control legítimos. Estos son fundamentos de una ideología punitiva, sostén de la pena, del castigo justo. Para comenzar la reflexión bien valen algunas preguntas: ¿a quien le conviene la construcción de autopistas rápidas con dirección a las zonas residenciales? (panamericana). ¿quien se beneficia con un parque lujoso en el puerto, cerca de la zona bancaria? ¿quienes viven en barrios cerrados?

CIUDAD Y CONFUSIÓN

"Hoy está perfectamente admitido que se puede ser poeta sin haber escrito jamás un verso, y que existe calidad poética en la calle, en un espectáculo comercial, no importa donde, si la confusión es grande, es poética..."
Tristán Tzara.

La metrópolis es el lugar donde las cosas más triviales se transforman de manera mas o menos imprevista, en donde lo cotidiano muestra su lado insólito. En donde una chispa inicia el incendio.
Uno de los aspectos particulares propio de la metrópolis es su ordenada confusión. Un ejemplo: el gran apagón de Nueva York. En esta ciudad simplemente se cortó la luz. La Gran Manzana se quedó sin luz y la ciudad fue otra. Esta Organización Racional Urbana no tuvo razón de ser. Casi ningún habitante en esos momentos de gran confusión guió sus acciones según esta racionalidad. Antes bien, en virtud de la realidad vivida próxima, los sujetos crearon ad hoc su propia racionalidad, cuya característica observable es su velocidad de adaptación y cambio. Otro ejemplo es el del Caracazo. En este caso no fue un corte de luz sino una decisión política la que desató la invasión de la ciudad. Caracas se vio literalmente tomada por sus habitantes incluidas sus fuerzas de seguridad. Lo que quiero mencionar es que cinco minutos antes de que se desataran los incidentes, los semáforos se respetaban, los pasajeros sacaban sus boletos del Metro, los clientes pagaban sus compras, es decir, actuaban como si la Organización Racional Urbana fuera sólida y legitima.
Hoy día observamos como, durante los bombardeo A Bagdad o cualquier ciudad, mientras se incendian los edificios públicos y las cuadrillas de bomberos intentan apagar el desastre, la secuencia tricolor de los semáforos continuaba ajena a la catástrofe. Lo mismo podemos manifestar de lo que está sucediendo en El Cairo o en José León Suarez. La realidad social que "rodea" al hombre se impone con mayor fuerza que la realidad artificial de la Organización Racional Urbana. El Hombre no es tonto, ¿como respetar la señalización cuando vuelan balas y obuses sobre mi cabeza? ¿Cómo no ir contramano si hay un piquete que me impide avanzar? Obviamente es una prueba de la artificialidad de dicha Organización y una bofetada en el rostro de los planificadores urbanos que pretenden enmarcar las acciones humanas "cueste lo que cueste" desconsiderando las verdaderas necesidades de los que habitamos la ciudad. ¿Puede ser ésta una explicación de por que en ningún país del mundo se pueden evitar totalmente los accidentes de tránsito?
Creo que se puede encontrar alguna relación entra la Organización Racional Urbana y la utilización o guía para la acción que ella significa. A mi juicio, esta Organización se expresa principalmente en la organización vial, es decir, en el ordenamiento del tránsito vehicular y peatonal. La organización vial en la ciudad, intenta encauzar racionalmente el desparejo fluir individual. El simple y corto camino recto sin obstáculos es la utopía, el grado máximo de dicha organización. Los caminos rurales, montañosos, los caminos en las islas son tortuosos, difíciles y complicados, casi caprichosos. El camino se va haciendo a su medida según los accidentes del cerro o como consecuencia de la crecida del río. Los caminos en los desiertos y en las planicies no son necesariamente rectos. Recordemos. Las rastrilladas utilizadas por los ranqueles en sus retiradas después del malón, los caminos de las caravanas en el Sahara, las rutas de los contrabandistas.
Esta organización vial, además, se expresa a través de símbolos principalmente gráficos. Los semáforos, la banda peatonal, los carteles indicadores conforman el universo propio de esta organización. En la mayoría de las ciudades, un cartel rojo en un cruce de calles significa "parar". Los semáforos tienen los mismos colores en diferentes ciudades. Junto con el alfabeto Morse, el código Q (radioperador), entre otros, estos símbolos viales son internacionales, y conforman una especie de "planetarización" de elementos de esta Organización. Es a nivel de lenguaje donde también encontramos muchos elementos indicadores.
La ciudad y la vida en ella es confusa. La confusión generalizada opera en la metrópolis. La Organización Racional Urbana intenta encauzar en su beneficio esta confusión. El intento, como hemos visto, no siempre es eficaz. En medio de los saqueos, nadie respetaba las indicaciones viales. En las calles del conurbano bonaerense, de noche, es difícil que un conductor respete el semáforo. Sus acciones están guiadas por otra racionalidad más vinculada a su seguridad personal que al ordenamiento vehicular.
La imagen que recuerdo es que mientras la policía en Caracas disparaba a diestra y siniestra, mientras los habitantes intentaban proveerse de todo cuanto pudieran, los semáforos continuaban con su rutinaria secuencia de rojo, amarillo y verde poniendo de manifiesto su "otra” finalidad su "otra" racionalidad, su autonomía respecto de las acciones de los individuos.
La Organización Racional Urbana es la expresión del Poder. Este se materializa cuando un semáforo se pone en rojo y hay conductores que lo respetan. Pero no siempre es así. A veces, por mas que exista un tacho de basura colocado en lugar visible, se prefiere tirar el papelito en la calle; en algunas ocasiones, si bien existen baños habilitados, la gente prefiere orinar en el paredón o al cobijo de un árbol. Las parejas buscan la oscuridad del zaguán en vez de la luminosidad del neón.
El Hombre no se siente muy a gusto con las imposiciones ajenas a él. Busca permanentemente el camino hacia el ejercicio de su libertad. No es la libertad que pregonaba Sartre, esa libertad existencial, sino la libertad de Rousseau, la libertad del hacer. El orden establecido en la ciudad siempre es el orden del poderoso y a él lo beneficia.
Los parques mas bellos y mejor cuidados están en los barrios caros. En ellos no falta el agua ni el gas ni las cloacas. Los hospitales mejor dotados se encuentran en estos barrios siendo lo más pobres los de menos inraestructura urbana. ¿cómo explicar esta contradicción sin caer necesariamente en la cuestión de la desigualdad social, de la inequidad social? La metrópolis es, entonces, desigual, inequitativa. Los ciudadanos que están en "situación de calle", un eufemismo burocrático para definir a la pobreza y al abandono extremo por parte del Estado Metropolitano y hasta Nacional, son un triste ejemplo de lo mencionado. La ciudad no solo produce shoppings, teatros y vidrieras, es también una usina de pobreza y desigualdad. Los cartoneros, los niños que hurgan en la basura, son una clara muestra de la injusticia social que prima en la mayoría de las ciudades del mundo. Pero desde las fortalezas blindadas de los poderosos y los burócratas responsables de solucionar este "problema" no se ve esta cuestión. Sus habitaciones y sus oficinas se encuentran odorizadas artificialmente para evitar el hedor de la pobreza y el hambre.
Si, ya sé, me dirán que no se puede habitar un conglomerado urbano como Buenos Aires sin un mínimo orden y yo diré, es cierto, pero nadie me puede probar que deba existir un solo orden y que un orden devenido "desde arriba" es todo lo eficaz que pregona el burócrata que lo diseñó.
Por eso, por mas Policías Metropolitanas que se intenten establecer en la ciudad, por más pistolas eléctricas que se quieran comprar, por mas que la Avda. Santa Fe sea ahora doble mano al igual que Pueyrredón, siempre habrá jóvenes, y no tan jóvenes, que pinten grafitos en contra del poder establecido o poesías en las paredes de los subterráneos o de los baños públicos y bajen por el pasto pulcramente cortado en Plaza San Martín y hasta se animen a dormir una siesta en Plaza Lezama al lado del cartelito que dice "Prohibido pisar el cesped. A esta plaza la cuidamos el Banco "El choreo" y usted".
La ciudad no nos cuida como nos merecemos.

Escrito originalmente en 1999. Reescrito hoy.

domingo, 13 de febrero de 2011

SUBTERRÁNEOS. Breve ensayo urbano.

Si existe un medio de transporte eminentemente urbano este es el subterráneo. Esta es su principal característica. Los subterráneos recorren las ciudades y en este recorrido transportan diariamente a millones de personas. Cualquier metrópolis que se considere moderna, debe contar con al menos una línea de subterráneo.
Nosotros los porteños, poseemos con orgullo la primer línea de subterráneos de Latinoamérica y una de las primeras del mundo. Reflejo de la mentalidad modernista de nuestra clase dominante de principios de siglo, el subterráneo de la Línea “A” Plaza de Mayo-Primera Junta puede ser considerado uno de los fetiches de esa mentalidad junto con el Teatro Colón, el edificio de la ex OSN, el palacio Pizzurno y otras muestras de arquitectura urbana. Digo que representa la mentalidad de esa clase y quizás su gusto estético. Entonces tenemos hasta ahora: ciudad, subterráneos y modernidad.
Lo primero que llama la atención es justamente su forma, es decir, el subte es un tren subterráneo, oculto a la vista de las muchedumbres que se desplazan por la superficie de la ciudad. Al descender por los escalones siempre sucios descubrimos otra ciudad. Esta ciudad diferente, se asemeja a las que los filmes de ficción nos presentaban como el futuro. Largos pasillos interconectados con escaleras mecánicas, techos y cielosrasos siempre cercanos a nuestras cabezas, cables y carteles surcando el acotado espacio nos indican el origen artificial de estas construcciones. Uno puede estar en una estación de subte o en un domo en la superficie lunar. Los largos túneles subterráneos ocultan la realidad de la superficie y crean otra mucho mas tétrica, más oscura, más artificial. Una especie de halo futurista impregna todo el ambiente si bien se puede notar como lo clásico también está presente por ejemplo en las volutas de los pasamanos y barandas de las escaleras de ingreso en la estación Perú y en las cerámicas esmaltadas que decoran las paredes redondeadas de las estaciones. Esta combinación clásico-moderno es propio de la posmodernidad y configura una especie, al menos, de protoestética.
Túneles oscuros desiertos de presencia humana visible, iluminación artificial cotidiana, ruidos estridentes que impiden la conversación, parecen haber sido diseñados por un científico estrafalario. El subterráneo se asemeja a un dispositivo urbano anulador de la ciudadanía tal como la entendían los franceses del siglo XVIII.
En el subterráneo, al igual que en el ascensor, no nos transportamos, somos transportados1. Un dispositivo electromecánico se hace cargo de nosotros. Nuestra autonomía está limitada por el diseño de la ruta. Aclaremos un poco más; en el colectivo nos podemos bajar donde queremos, simplemente le decimos al chofer que pare y nos bajamos. Si, ya sé que hay paradas establecidas y una ordenación vial pero, si un pasajero desea bajar en una esquina cualquiera, tiene las factibilidades concretas de hacerlo.
Si la ruta del bondi se encuentra obstruida, éste simplemente tomará otro camino y volverá a retomar la ruta habitual. En cambio, si sucede lo mismo con el tren o subterráneo éste no tiene opción, se debe detener y esperar que se solucionen los inconvenientes para poder continuar. Esta característica lo hace más dependiente de la técnica que del ingenio humano y refuerza la idea anteriormente mencionada. En nuestro esquema de pensamiento, el taxi y el remise conforman el tipo ideal. A estos les decimos el lugar preciso donde queremos ir y hacia allí nos llevan.
El tren, si bien coincide en algo con el subte tiene diferencias cualitativas. Una de ellas es la que nos posibilita el ejercicio de la mirada placentera, es decir, no sólo recorremos el medio urbano o rural sino que por las ventanillas del tren podemos ver las vaquitas que pueblan La Pampa, las montañas y hasta podemos fantasear con la posibilidad de tirarnos de él y sobrevivir en el intento, en cambio en el subte ¿adonde nos vamos a tirar? ¿en esos inmundos, olorosos, estridentes y oscuros túneles de concreto surcados invariablemente por tubos de neón? Solos los suicidas olvidados de todo eligen esta forma de quitarse la vida.
El subte es más un sistema de traslación de personas que un sistema de viaje. En el nos trasladamos de un lugar de la ciudad a otro. No viajamos. En el viaje, impera el paisaje, está presente el paseo. Hay algo de placer en viajar, en pasear, por ello las agencias de viajes forman parte de lo que se ha denominado astutamente “la industria de la hospitalidad” junto con la hotelería, la gastronomía y el turismo. Bien, nada de esto esta presente en el subte. Las ventanillas de este medio de traslación pueden ser opacas o cubiertas con publicidad y no nos importaría. Solo necesitamos un cartel que nos indique que estación dejamos y hacia que estación nos dirigimos y que combinaciones podemos hacer. Nuestro temor más grande es perdernos en esos laberintos subterráneos y que no nos encuentren jamás2.
El subterráneo nos muestra el intento de la racionalidad urbana de enmarcar las acciones de los individuos. Una especie de presencia omnipotente nos conduce. Nunca vemos al conductor excepto ese rostro sin mirada que aparece enmarcado en el “cabin” y que se parece más a una pecera que al “cerebro” del subte. No sabemos cómo es la energía que posibilita que los vagones se movilicen ni por que estos se mueven. En cambio el tren no solo tiene una locomotora que es la “cabeza” de todo el convoy sino que vemos al conductor, podemos escuchar su voz y quizás hasta tocarlo. El subte es mucho más “tecnológico” que otros medios de transportes3. Ingresamos gracias a una tarjeta magnética con el logo de la empresa y la introducimos en un molinete, no hablamos con el guarda ni el habla con nosotros, no tendríamos de que. El solo pedido del boleto por parte del guarda del tren dota de una carga de sociabilidad un acto administrativo. A su vez, se puede apreciar como nos diferenciamos socialmente según el transporte que tomemos. Los ricos no viajan en subte, tienen choferes. Los pudientes lo hacen en taxi, nosotros en subte.
El tren posibilita el transporte de objetos como vacas, coches. En las formaciones metropolitanas destinadas al transporte de pasajeros existe el vagón furgón para transportar pequeñas cargas como paquetes, bicicletas, etc., en cambio el subte solo permite el transporte de pasajeros. Es así entonces que podemos ver en el tren obreros con sus bicicletas y con sus valijas de herramientas en tanto que el subte se ha conformado como el transporte de los oficinistas, comerciantes y burócratas los white collar worker. Ojo, no digo que en la actualidad no viajen obreros en el subte, digo que son menos percibidos ya que se mimetizan con los demás trabajadores.
Una característica a resaltar es la anulación de los intentos de rebeldía. En el subterráneo el lugar de la rebelión está acotado. No se puede viajar en el estribo ni arriba de los vagones, no se puede gritar ni cantar. En cambio en los trenes podemos ver como, si bien hay una expresa prohibición de viajar en los estribos, de subir y bajar del coche en movimiento, los jóvenes se las ingenian para contravenir estas normas. El símbolo del perfecto control está expresado en la apertura y cierre automático de las puertas. No son los pasajeros quienes las operan sino el guarda en las líneas antiguas o un chip en las más modernas.
La mayoría de las actividades que se realizan en los vagones del subte son silenciosas. Ya lo habíamos mencionado; el ruido interno imposibilita una conversación fluida entre los pasajeros. En el subte se minimizan los intentos emancipadores y libertarios4. Hay pocos momentos en que el subte se llena de revoltosos, puede ser cuando hay alguna manifestación en el Congreso Nacional o en la Plaza de Mayo, pero ni bien las autoridades del subte se enteran de estas movilizaciones se cierran las puertas de estas estaciones y los convoy no paran en ellas. Es pertinente destacar que no sucede lo mismo ni con el transporte colectivo ni con los trenes. Estos, históricamente, han llevado a las masas futboleras a los estadios y a los obreros a los lugares de concentración, en cambio, en el subte no se puede. Desde esta perspectiva este dispositivo de transporte opera en contra de la sociabilidad, anulando los intentos de los seres humanos por conocerse. Solo en los últimos años podemos ver a los piqueteros movilzarse en el subte ya sea hacia el Congreso Nacional o hacia el Ministerio de Desarrollo Social y, generalmente, les ponen una formación a su disposición. Claro, no sea cosa que nos mezclemos.
Mención especial merecen las estaciones. Debido a la privatización de las líneas, se han transformado. De receptáculo de cirujas, niños de la calle, pungas y pasajeros, pasaron a convertirse algunas de ellas, en petit shopping. Ahora uno puede comprar en la estación Callao por ejemplo ropa informal, desayunar en Dunkin Donuts, etc. Antiguamente existían los ya caducos copetines al paso donde se podía comer el desapareciente sánguche de milanesa completo. Hoy día la gastronomía basada en el desnudo pancho parece imponerse como la monodieta para los usuarios de los transportes públicos. Esta “panchización gastronómica” cumple con los designios posmodernizadores. Rápidos para despachar, baratos y nutritivos, sustituyen, como dije, a la milanesa completa o al especial de jamón y queso.
Una estética posmoderna se apodera del ambiente subterráneo a expensas del tradicional. No obstante, se siguen consiguiendo en algunos pasillos revistas antiguas, ropa de descarte, rezagos del ejército, poster pictóricos, pilas para relojes, lugares de reparación de afeitadoras, licuadoras y otros electrodomésticos. Estos pequeños comercios desparramados por los laberínticos pasillos subterráneos conforman una alteridad comercial y es el origen de que determinadas personas las recorran ajenas al fluir utilitario.
Lo que quiero resaltar es el proceso de posmodernización o metropolización que atañe al subterráneo. En este proceso hemos dejado de ser pasajeros y nos transformamos en clientes. Obsérvese que este proceso se hizo a expensas del individuo. Dejamos de ser ciudadanos para ser otra cosa más similar a un consumo que a una personalidad.
Las intermitentes estaciones de la línea son como oasis en los desiertos. Rompen la continuidad oscura e invisible de los túneles. Nos dan seguridad por que podemos ver signos reconocidos así estos sean las marquesinas iluminadas publicitando gaseosas o cigarrillos. En cambio los túneles oscuros nos dan temor. Nadie quiere que el subte se detenga entre dos estaciones. Si esto sucede, podemos observar como, molestos ante esta situación, nos movemos incómodos en nuestro asiento y buscamos como si fuera nuestro salvador al guarda que tiene la mágica linterna portadora de la luz salvadora. Aquí vemos como se suma la oscuridad a nuestro temores y es otro indicador de nuestra dependencia técnica.
Los subterráneos nos muestran una forma de transportar a millones de personas. Es un éxito de la ingeniería. Es también, como hemos visto, una ideología con su variante estética y un gran proyecto comercial. Solo nos resta saber que lugar ocupamos nosotros, los pasajeros, en esta singular maquinaria y hacia donde evoluciona dicho sistema.
Quizas, con el tiempo, todos viajemos en subte y nos encontremos cara a cara en esos aburridos vagones rezagos de otras líneas sin saber bien hacia donde nos dirigimos. Quizás optemos por no conversar total no hay nada importante para decir.

Primavera 1994.

jueves, 10 de febrero de 2011

Los pequeños dioses. Breve relato que no da pa cuento.

CUANDO EL SOL SE OCULTABA TRAS LOS CUMBRES siempre floridas de los montes, surgía la redonda y gorda luna desde el fondo del lago. Era el momento en que los hombres encendían las hogueras y los pequeños se arrimaban a escuchar las historias ancestrales contadas por los viejos de la comunidad quienes, de esta manera, renovaban los lazos con el pasado. Las historias así contadas, aunque se repitieran una y otra vez, siempre parecían nuevas. Cada narrador incorporaba un poco de sí al contarlas por lo que la tradición oral se convertía en una de las mas importantes que poseía la comunidad. Así también, de esta manera, todos participaban de un saber que le daba pertenencia e identidad.
Yo por mi parte, relataré lo que me han contado hace algunos años en un valle perdido entre las antiguas montañas. A esta altura de mi vida y al recordar el relato, no puedo confirmar que haya sido así contado. Quizás la memoria me jugó una mala pasada y realmente todo sea un invento mío. Quizás soy yo otro de los relatores y haya agregado por mi cuenta algo de más. No importa. Los relatos valen por si solos, el relator no es mas que una circunstancia en la historia del relato.
Entonces, así como les iba contando, en esa cíclica rutina diaria, los hombres se juntaban en el valle, abajo de aquellos montes donde habitaban sus dioses. Acostumbrados a las alturas, no conocían muy bien lo que sucedía abajo. Ellos tenían sus propios problemas y estos, al ser problemas de dioses, no eran pequeños.
Desde hacía unos cuantos siglos, los dioses de ese pequeño lugar del mundo, se veían afectados por diversos males.
El dios supremos, Suez, estaba débil y enfermo de gota. Ya no tenía ánimo para arrojar su otrora poderoso rayo fulminante. Su voz de trueno, terror de las deidades cósmicas allende al espacio, apenas era un susurro fragmentado por la tos catarrínica. La humedad de los montes lo había al fin afectado. Los dioses más jóvenes se mofaban de él y Suez no podía imponer el respeto y la autoridad que poseía antaño. Su trono era utilizado como mesa de juego y era frecuente ver a los semidioses copulando encima de el. Sus hijos, Deimos y Probhos, lo habían negado como padre y se fugaron con dos bellas duendes del lago.
El dios de la guerra Ramte, era un cobarde. Nunca quiso ser guerrero. El destino divino lo había marcado con esa finalidad y el no podía hacerse cargo. Había aceptado tomar el escudo y el hacha de oro por que le gustaban los uniformes y la aureola de virilidad que rodeaba esos elementos pero temía cortarse con los filos y además, el escudo le pesaba mucho. No le gustaba andar cargándolo de aquí para allá. Sus tendencias homosexuales lo acercaban a los guerreros humanos con quienes intentaba confraternizar entre batallas. Además sentía aversión por la sangre y la violencia. En realidad era un ser pacífico y amable. A Ramte le gustaban sobre todo las flores y el dulce de ciruelas.
Nujo, la diosa de la fertilidad era estéril. Deambulaba por el numen intentando quedar preñada pero era inútil. Sus entrañas estaban secas y sus glándulas atrofiadas. Su esterilidad la había convertido en una amargada y enviaba de vez en cuando alguna tormenta de nieve o granizo y también alguna que otra plaga que destruía los sembradíos que los humanos trabajaban. Era una diosa muy odiaba, sobre todo por las mujeres que temían que su influencia les acarreara dificultades. Por suerte los chamanes la conocían bien y hacían algunos filtros con semen y extractos glandulares que la apaciguaban por algunos años.
Sunev, la diosa del amor era paranoica y, debido a ese motivo, caía en estados melancólicos profundos. Tenía tendencias suicidas y atravesaba por largos estados de hipocondría. Pobre. Nunca sintió amor por nadie ni nadie sintió amor por ella. Le gustaba el color negro y había devorado a varios de sus acólitos. Era muy odiada por los seres humanos ya que, debido a su inestabilidad emocional, interfería en las relaciones entre los hombres y sus mujeres arruinándolas. Los chamanes elaboraban fetiches con formas de toros para contrarrestar sus influjos.
Loctal, el dios de la lluvia, odiaba el agua. El hubiera querido vivir en el desierto y no en esos fértiles montes. Amaba los paisajes desérticos, cuanto más calientes mejor, además le gustaba vivir solo. No toleraba a los otros dioses ni a los humanos. Su ego era tan grande que sentía celos hasta de su propia sombra. Se ocultaba en el agujero de una roca y se lo veía muy poco.
Artemis, Xoxitl y Vhespa eran las encargadas de llevar las almas de los hombres al supramundo si habían sido buenos y al inframundo si no habían cumplido con los preceptos, pero eran terriblemente venales y accedían de buena manera, mediante un tributo cualquiera, a modificar el rumbo de esas almas. Los hieromantes que las conocían muy bien intermediaban entre ellas y los mortales para así torcer el destino. De esta manera se podían encontrar en el infierno las almas de las personas más nobles y bondadosas y en el paraíso las más abyectas y ruines. La tríada tanática era muy capaz de dejarse sobornar por un cabrito y ni les cuento si el sacrificio era de un joven mancebo.
En algunas ocasiones se escuchaban cantos, sollozos y alguna que otra milonga que provenía de esas cumbres y los burócratas encargados de descifrarlas se hacían su veranito vendiendo sus interpretaciones. A decir verdad, nadie creía mucho en ellos pues siempre se equivocaban pero como eran simpáticos y no hacían daño a nadie se los toleraba.
Pero todo los 21 de setiembre, cuando comienza la primavera y la naturaleza queda preñada de si misma, los hombres concurrían en familia al pie de los montes y dejaban ofrendas de comida, oro y telas para los dioses. De esta manera agradecían su condición de mortales y se compadecían de la situación de los dioses. Rechazaban de plano toda posibilidad de conseguir la inmortalidad por vía divina. Como me dijeron los que me contaron esta historia, así los hombres podían aceptar su destino mortal y transformarlo. La vida realmente era importante para ellos en virtud de la finitud de la misma. Cada momento de vida se disfrutaba, se gozaba y no había mal que pudiera desanimarlo. Solo les bastaba conocer las historias de sus dioses para alegrarse. De esta manera paradojal, los dioses servían a los humanos y el mundo podía girar al derecho.

Primavera 1996.-

miércoles, 9 de febrero de 2011

NOCHE BLANCA. Relato.

PUSO UN CD DE AC/DC EN EL equipo y llenó, por cuarta vez en la noche, su vaso de whisky. El sonido estridente de la Gibson SG penetró en su cerebro estimulando sus intoxicadas neuronas hasta reventar. Las pobres estaban siendo agredidas casi cotidianamente. El rock era lo más adecuado para él en este instante. !Pum! ¡Tcha! ¡Pum! ¡Tcha!. El cerebro rebotaba en la calota al ritmo de Angus Young. El papelito que había traído el peruano relucía en la mesita de fórmica, todavía tenía para unos pases más. Sorbió el primer trago de golpe ¡Gulp! y desparramó la merca sobre el espejito que tenía algunas incrustaciones de brillante estrás sobre un rústico marco de Epoxina. Con la tarjeta de crédito, anulada por falta de pago, peinó la línea que cada vez era más gruesa. Su irritada nariz no quería más pero él si. Con la Bic snifó la línea y nuevamente sus neuronas explotaron, no tanto como la primera vez, pero explotaron igual. Ahora sí. Otra vez el mundo era todo de él, aunque sea por diez minutos. Un tren arrollador, un poco menos potente que la primera vez, hacía sonar su bocina neumática anunciándole al mundo donde estaba dios. Todo es posible. Superman es un boludo. ¡Que sabía su mujer de la vida! La muy turra lo había abandonado harta de su dureza. Se llevó a los chicos y hasta tuvo el tupé de decirle que debía hacer un tratamiento. ¿Quién carajo se creía esa? Si después de todo ella no era nadie cuando la conoció. Él y solo él sabía hacer las cosas. El papelito con cocaína seguía al lado de su mano derecha y tuvo ganas de tomar otra vez. Peinó nuevamente otra línea más gruesa que la anterior y se la tomó de golpe. Ya su nariz goteaba y no era que estaba resfriado. El sabor amargo y anestésico de la frula le agradaba aunque, a veces, le sacaba algunas ampollas que lo molestaba durante algunos días. Sus dilatadas y vidriosas pupilas miraban sin ver lo pequeño de su encierro.

“El tiempo es veloz”, canta Lebon en un álbum olvidado pero, para él, es solamente una roca inamovible. Mira las agujas del reloj y éstas están detenidas. “Tengo que dejar de tomar” piensa pero no puede reprimir que, instintivamente, su mano derecha vuelva al whisky. Enciende un faso y lo fuma en cuatro pitadas. Ya no se banca a AC/DC “mejor pongo a The Cure”. Y otra vez se levanta hacia el equipo y cambia el CD. Son las dos AM y la vida es una mierda. “¿Por que se tuvo que ir la turra esa? ¿Acaso la trataba mal yo? Si yo no tomaba tanto, un poco los fines de semana ¿viste? es para estar mas pila, también con el laburo que tengo me puedo dar un recreo de tanto en tanto ¿no?”. Otra vez el vaso lleno y no tiene a nadie con quien conversar. “Mejor veo la televisión” y la sensación del placer se instala dos segundos. Enciende el aparato en cualquier canal, total nada le va a interesar. El aburrimiento comienza a metérsele adentro como la merca. Su rostro ya no sonríe, sus manos, agarrotadas, son apenas un remedo de instrumento humano. El papelito lleno del polvito blanco sigue encima de la mesa.

Rompe la piedra y peina otra vez, más gruesa que la anterior y se la toma más rápido. La botella de Criadores está por la mitad y el vaso ahora está lleno. Otro faso y el paquete de Marlboro está casi vacío “la puta que lo parió, voy a tener que salir con este frío a comprar fasos porque si no me muero”. Un locutor anodino le habla desde la pantalla pero el no escucha, ni siquiera sabe si es castellano. Su atribulado cerebro demanda y su cuerpo apenas responde. Cansinamente se levanta de esa silla que es como una prolongación rígida de su cuerpo y se dirige a la biblioteca donde tiene guardado los videos. Elige uno porno. Tratará de estimularse. Prende la videocasetera e introduce el cartucho de plástico por la abertura. Control remoto, canal 4, tecla FF y Play. Una pulposa vagina húmeda se estampa en su rostro y comienza a manosearse. “Que se vaya a la mierda la turra esa, si cree que la necesito para algo...” dice mientras se esfuerza por tener una erección. “la puta que lo repario, no se me para” piensa mientras la imagen de un médico con cara de sacerdote se le hace presente.

Como un flash se le aparece el recuerdo de aquella pelirroja que fuera su primer amor. Su corazón palpita a mil pero, no es por el recuerdo. La taquicardia es producida por el clorhidrato de cocaína que le acelera el pulso y algo más. El video porno sigue funcionando y el intenta tener una erección pero fracasa. La piedra sigue en la mesa de fórmica de la cocina y otra vez a peinar, esta vez más gruesa que la anterior.

Apaga la TV, ya nada le interesa. Tiene que salir a comprar fasos por que el Marlboro está vacío. “¡Donde mierda tenía yo fasos!” Revisa el cajón de la mesita de luz y no hay nada, busca en el cajón de la cocina y tampoco. Vuelve a la biblioteca y rescata un Parliament humedecido que se olvidaron en la última fiesta. Vuelve a la cocina y lo enciende. Toma otro vaso de whisky que sabe cada vez peor. El Criadores esta casi vacío. Ya no se banca más. Quisiera dormir pero no puede además, el papelito sigue encima de la mesa y, como en el cuento de Poe, el del corazón palpitante, es un golpeteo que se le incrusta en el medio del cerebro. Peina otra línea, mas gruesa que la anterior y la vida ya es una mierda “Esta frula que me vendieron no pega para nada, es puro corte, no le compro más al guacho ese” piensa mientras snifa con la Bic. “Debería tirar todo a la basura y comenzar de nuevo. Mañana dejo de tomar y hablaré con ella y le pediré perdón. ¡Si!. ¡Si! mañana dejo de tomar ya vas a ver” se miente por centésima vez en la vida y comienza a buscar en el cenicero restos de colillas para fumar. Apura el último sorbo de Criadores y estrella la botella en el tacho de basura “Que cagada, mañana lo tengo que limpiar”. Ya el papelito se vació. Solo queda para media línea y no necesita peinarla, se la toma directamente y su agredida nariz se pegotea con el polvo blanco. Con un dedo humedecido de saliva trata de rescatar lo que quedó y se lo pasa por la encía que volverá a tener ampollas. “La puta que lo parió no queda mas. Mejor así no tomo” piensa pero comienza a desesperarse. Apaga el equipo de música y se va para el botiquín del baño.

Una caja de bromazepan lo está esperando y se cuela tres pastillas. Se desploma en la cama y el sueño es un rebelde que no aparece. “Empieza a mirar el techo y en el techo no hay nada, viejo Moris, hay solamente un techo. ¿Que puedo hacer? ¿Que puedo hacer? Es muy tarde son las tres de la mañana y se me acabo. Los bares están cerrados, las mujeres duermen ¿que puedo hacer? ¿Que puedo hacer? Estoy solo y aburrido, nadie me mira, todos pasan a mi lado....”

El infierno está mas cerca de lo que parece.

JULIO 2000.

BUCHONAJE Y ALCAHUETERÍA. El periodismo amarillo.

EN UNA REPUBLICA DEMOCRATICA, el desarrollo del periodismo independiente es una posibilidad de información seria y puede colaborar con el control del poder junto con las otras instituciones republicanas tales como el juicio político, el impechment, la interpelación parlamentaria y la vieja institución del juicio de residencia. El periodismo serio, entonces, colabora generalmente para la construcción de un orden más justo y, quizás, de una sociedad más equitativa desde la creatividad, la inventiva y la honestidad intelectual.
Sin embargo, dejado el periodismo a la dinámica de las necesidades del mercado que solo ve en la rentabilidad, apropiada individualmente por los gerentes de las empresas periodísticas, su objetivo mas importante, difícilmente pueda cumplir el rol que debe y éste es ser una herramienta de información y, por ende, de control público y popular. El periodismo en busca del rating deja de ser periodismo para ser un show de noticias y, como show, lo que menos le interesa es ser esa herramienta de información y control que mencionáramos.
Tal es el caso del llamado “periodismo amarillo”.
Podemos definir a esta profesión como el intento de escarbar en las miserias humanas mas bajas con el solo objeto de conseguir rating, que se traducirá en dinero, a partir del aumento de las publicidades. Se sacrifica entonces una profesión loable a la menos loable tarea de recaudar dinero sin considerar los daños que pueda aparejar.
Es así, entonces, que esta clase de periodistas, muchos de ellos sin formación profesional, persiguen actrices que han engordado, fotografían personajes celebres padeciendo enfermedades terminales, se inmiscuyen en intimidades privadas de jugadores de fútbol, realizan cámaras ocultas a funcionarios de tercera, cuarta y hasta quinta línea que reciben sobornos para agilizar trámites para la obtención del carnet de conductor, fotografían a la actriz o actor del momento tomando sol desnudos, hacen guardia en la puerta de las viviendas de modelos tratando de captar vaya a saber que testimonio y hasta pueden llegar a producir accidentes mortales persiguiendo a una princesa que no tiene derecho a la intimidad.
Sumado a lo dicho, este tipo de personajes se erigen en representantes, sin haber sido votados, de la población expresando con sus palabras lo que debería opinar la gente e intentando incidir en sus gustos. Todo claro, en defensa de la libertad de imprenta que oculta, en realidad, que lo que se defiende no es la posibilidad de editar sin censura previa sino a la libre empresa para que esta sacrifique en la pira del mal gusto las verdaderas investigaciones periodísticas.
Es así entonces que asistimos a la crítica despiadada por parte de estos apologetas del mal gusto de todo aquello que les de rating sin importar si con ello arruinan vidas o carreras.
Pareciera ser que en los inicios del siglo XXI, todo puede ser justificado si se dice en la TV, en el periódico o en la radio. No importa la profundidad del pensamiento social, ni siquiera importa respetar las reglas de ortografía. Solo importa facturar y presentar, bajo un formato supuestamente profesional y ético, determinadas noticias impactantes que no se recordarán pasados los diez minutos de su publicación.
Este tipo de profesionales no son periodistas, son solo buchones y alcahuetes del poder que no tienen miramientos a la hora de sacrificar personas escudándose en la dudosa teoría de que ellos son representantes de la población. Se debería recordar que no solo no se presentan en la lucha electoral sino que, cuando lo han hecho, han sido derrotados o terminan sumando sus votos a partidos dudosamente democráticos.
No hay grandeza profesional en denunciar al pibe toxicómano que reparte pizza y cocaína o en fotografiar las nuevas tetas de siliconas que la vedette del momento se colocó para la próxima temporada de teatro. No hay grandeza en la persecución de perejiles de segunda línea. Al buchonaje y alcahuetería se le suma, ahora, la cobardía; por que es de cobardes el perseguir perejiles cuando los grandes capos reparten sonrisas ante la requisitoria de las cámaras y entregan abultados sobres con dinero para que los escribas puedan cambiar su camioneta 4 x 4. Es mucho más fácil perseguir a los perejiles que meterse con los verdaderos mafiosos.
Para terminar, quisiera recordar la frase de unos de estos pseudoperiodistas que, hablando con sus subordinados los instruyó:
“Nunca dejes que la verdad oculte una buena noticia”.

lunes, 7 de febrero de 2011

Entre la opinión y el saber. Breve aporte al conocimiento de la conciencia nacional de los argentinos

El análisis y la reflexión de la realidad es una vocación irrefrenable en algunos de los argentinos. Nos ponemos a conversar sobre cualquier tema; robótica, informática, biología molecular, arqueología submarina, ikebanas, reforma Meiji en Japón, etc. Somos capaces de hablar con pasmosa seguridad de temas que hemos escuchado al pasar en una radio o de breve ojeada en algún periódico. Incluso solemos exponer nuestras opiniones basándonos en “eso” que me “dijo un amigo que la tiene posta”. Don Fidel Pintos, un entrañable actor de cine y TV, dejó pasmado esta característica en su clásico “sanateo”, cuando hacía de peluquero en el programa televisivo Operación Ja Ja
Si bien hablamos de todo, los temas que realmente nos gustan son la política, el fútbol y hablar de los demás; no necesariamente en ese orden.
Dentro de la “mentalidad” argentina, no analizada por Hernandez Arregui en “La formación de la conciencia nacional”, deberíamos destacar esta característica social dentro del “ser nacional” argentino.
A todos nosotros, entonces y permítaseme la exageración, nos gusta analizar de todo, muchas veces sin argumentos y también muchas veces orientados por esa pulsión irrefrenable de oponerse a lo que el otro dice por oponerse nomás, para “demostrar” que uno no es un “gil” y “que sabe lo que dice” o que tiene su “propia opinión sobre las cosas” como si la opinión fuera la llave que abre las puertas del saber.
Nosotros somos de opinar de lo que sea y creemos que es una virtud el poder hacerlo, que la fuerza de la palabra dicha con vehemencia y pasión transforma, por su imperio, la opinión propia en la “verdad” indiscutible. Que opinión y “verdad”, finalmente, son lo mismo.
Esta facilidad para la opinión en vez de enaltecernos, nos envilece por que en realidad, una opinión no es nada más que una inferencia superficial sobre un hecho o una cosa que desconocemos. Si conocemos, no opinamos; argumentamos, exponemos, describimos, interpretamos y, si pertenecemos al campo de las ciencias “exactas”; explicamos. De tal manera que la opinión que expresa cada sujeto tiene poco valor en relación a la producción del saber. La opinión debe transformarse en argumentación, es decir, relacionar dos o más conceptos, aseveraciones, etc., en forma coherente y pertinente al tema que se analiza.
La opinión refleja una impresión dada por el exterior al individuo y que éste lo debe significar, lo más sencillamente, para poder entender el mundo que lo rodea. Una imagen, una representación, una idea son complejidades de la opinión. Este es al rasgo más común del sentido común y sabemos que éste es la forma primera en que significamos el mundo. Cuando podemos superar ese sentido común, conocemos más profundamente.
La opinión, cuando es expresada con vehemencia y pasión, dos características de los argentinos de los últimos setenta años, puede transformarse rápidamente en debate, y como éste no se funda en argumentos sino en opiniones, rápidamente deja de ser debate y se transforma en discusión. La vehemencia y la pasión no contenidas por la inteligencia, la mesura y el saber, se transforma rápidamente en intolerancia y cuando esta se instala, la estupidez aflora con una rapidez y sencillez pasmosa.
Entonces, en virtud de esa vocación irrefrenable que tenemos como grupo social específico, de expresar nuestras opiniones sobre todos los temas que queramos, con la intención de imponer nuestra “verdad” desconsiderando –diríamos en el barrio “ninguneando”-, al otro, hemos desarrollado el hábito de oponernos a todo. Somos prácticamente incapaces de hacer realizaciones colectivas sino nos ordenan lo que hacer o no nos pagan para ello.
Desafortunadamente para la Argentina, todos nos oponemos a algo. No importa si está bien o esta mal. Hemos hecho de la oposición una virtud y en realidad no lo es. Con solo superar un poco el sentido común, es decir, suspender la creencia de que lo que pasa es realmente lo que pasa y que la realidad social no es solamente eso que muestran los medios o nos cuentan, nos daremos cuenta de lo que estoy enunciando.
El método y el núcleo de estos procedimientos están en relación a la cantidad de palabras dichas, a la gesticulación medida para enfatizar nuestra opinión, a impedir que el otro se exprese y en la creencia de que dar la razón al otro cuando la tiene es claudicar en un falso orgullo típico de los idiotas.
Tal como los sofistas en Grecia, lo importante es triunfar en el debate. No es importante desentrañar el meollo de la cuestión que nos lleva al debate sino que, de lo que se trata es que la propia posición salga triunfante y la cuestión en sí misma, que da origen al debate pase a un plano irrelevante. La opinión, nacida como la primera aproximación al conocimiento se transforma, por imperio del mecanismo descripto, en fuente del saber único desmereciendo otras formas más eficaces para dilucidar la realidad social en la que vivimos insertos.
El sanateo como forma envilecida de la opinión no puede ser el origen del saber.
Cuando la opinión, como ya he dicho, se transforma en intolerancia, se clausuran los caminos del debate y la democracia encuentra obstáculos en su camino de implementación.
De lo que se trata, finalmente, es que podamos superar la opinión y dedicarnos a estudiar la cuestión que tanto nos apasiona y argumentar en consecuencia tratando de ver al otro no como un enemigo sino como un igual que puede tener razón en la cuestión que estamos debatiendo. No se trata de perder la vehemencia, la pasión, etc. se trata de ser serios y honestos para con el pensamiento. Estudiando la cuestión estaremos en condiciones de elaborar respuestas adecuadas y consensuadas a las problemáticas que nos ahogan.
Una frase ingeniosa de un autor desconocido me parece que es útil para cerrar esta breve reflexión:

“Es preferible pasar por idiota y cerrar la boca que abrirla y confirmarlo”

domingo, 6 de febrero de 2011

PALABRAS PROSTITUIDAS

La sociedad posmoderna, producto del posindustrialismo, es también, la sociedad de la información. La proliferación de medios de comunicación radiales, escritos, televisivos y la Internet posibilitan que la mayoría de los sujetos que habitan este planeta puedan acceder a un tipo de información que denominaré estandarizada (IE) para diferenciarla de otro tipo de información; es decir, hago esta simple clasificación para diferenciar la información provenientes de fuentes formales e informales como la escuela, la familia, el grupo de pares, el barrio, etc., de la IE que es la que transmiten los llamados Medios Masivos de Comunicación (MMC) comúnmente llamados en la jerga académica mass media. Los MMC, entonces, son los que transmiten la IE.
La disciplina que se encarga de producir la IE, que circula por los MMC, es el periodismo. Este, como una disciplina nacida desde el corazón de la literatura a fines del siglo XVIII y principios del XIX en Europa y en América (No olvidemos a Moreno quien en 1810 fundara la Gazeta de Buenos Ayres) tenía por objeto difundir las ideas que comenzaban a formar parte de la actualidad que, como bien sabemos, es una de las dimensiones de la Modernidad. La sociedad moderna, con su permanente cambio descubre la actualidad justamente a partir de los cambios. En las sociedades tradicionales los cambios son pocos y la actualidad estaba reglada mediante unos pocos ritos y ceremonias mucho mas ligada a los calendarios agrícolas o religiosos, en cambio, con la modernidad y las transformaciones sociales que ella ha traído aparejada, el permanente cambio se instaura como la actualidad. El pasado pierde parte de su función y es reemplazado por un presente continuo.
Con el cambio del paradigma político y económico expresado principalmente por la Ilustración y la Enciclopedia, la sociedad se va transformando de absolutista y monárquica en democrática y capitalista. El periodismo nace con la intención de difundir y transmitir a toda la población las ideas y los eventos que estaban transformando la sociedad desde una mirada crítica. Basta leer los títulos de la época que menciono para darnos cuenta la importancia que se le daba a la actualidad y al lenguaje para expresarlo. Lo que sucedía en el día cobra su importancia en las palabras impresas en los diarios y folletines. La “noticia” es sinónimo de novedad y esto refiere a la actualidad. A guisa de ejemplo de lo que fue el periodismo al que me estoy refiriendo, sólo me cabe mencionar a Émile Zola y su “Yo acuso” publicado a fines del siglo XIX en relación al llamado affaire Dreyfuss.
En síntesis, el periodismo político nace de la mano de la democracia con la intención de describir críticamente la nueva realidad cotidiana que se estaba instalando en la sociedad y difundirla a todos los hombres que la componían.

Con el desarrollo de la sociedad de consumo, propia del sistema capitalista y la derrota de las vertientes jacobinas y revolucionarias del pensamiento social (las revoluciones obreras de 1848 y la Comuna de Paris de 1871) se siente el impacto que estas derrotas produjeron para el desarrollo de una democracia participativa. Junto con estas derrotas y el triunfo del capitalismo, la solidaridad, la fraternidad y la libertad dejaran de ser utopías a perseguir y se convertirán en fetiches proclives al negocio.
Cuando el periodismo se transforma en una industria, la Industria Cultural que magistralmente han analizado Horkheimer y Adorno en su libro “La dialéctica del Iluminismo”, cambiará de objetivo y su primer interés será entonces, ser un negocio. En este punto deja de ser lo que fue y se transforma en un show de noticias ya que es el formato que mas le conviene y en donde se siente más cómodo. Vuelvo a mencionar cómo la sociedad moderna y posmoderna hace una industria de lo cultural, esta industria encuentra en el formato del show business su modelo.
Digo, no es que esto lo supimos hace unos pocos años o con la publicación de Herbert Marshall Mc Luhan y su “Aldea Global” sino que a partir del incidente Dreyfuss y la utilización del Estado Nazi, -especialmente Goebbels inspirado en “La guerra de los mundos” de H. Wells publicada en 1898 y adaptada y transmitida por radio por el otro Wells, Orson en 1938 en USA-, los MMC creyeron que poseían un poder tal que podían construir una realidad que los favoreciera ya no en lo político, aunque esto nunca dejaron de tenerlo en cuenta, sino que favoreciera sus intereses económicos. A partir de esta convicción, se dejó de lado la descripción de la realidad y su difusión y de lo que se trato es de negocios, nada más que negocios. El periodismo, para utilizar una expresión de Max Weber, deja de ser una vocación y se transforma en una profesión.
El periodismo abandona entonces su objetivo originario y se transforma en un negocio más en una sociedad de consumo mutando hacia el show, hacia el show televisivo, el show radial o el show escrito. Ya no es importante realizar una investigación periodística sino hacer comentarios, emitir una opinión como si el comentario y la opinión tuvieran el mismo estatus epistemológico que la reflexión fundada o las hipótesis demostradas o los argumentos lógica, coherente y pertinentemente realizados. De tal manera que el periodismo nacido al calor de una potencia revolucionaria ideológica, se transforma con el desarrollo de la sociedad de consumo, en un fabuloso negocio despreocupándose de lo que fue su objetivo original.
Pero esto no sería tan grave ya que el capitalismo tiene la capacidad de transformar todo en un fetiche; el problema mayor que presenta la mutación del periodismo es el engaño. La mentira transforma al periodismo en una estafa y cobra mayor relevancia cuando las organizaciones periodísticas tienden a concentrarse de tal manera que conforman monopolios informativos y distribuyen la información según sus intereses y esta es la tragedia que menciono y que nos ha traído esta mutación.
El saber en forma de IE transmitida por los MMC, al consolidarse los monopolios titulares de las licencias para ello, deja de ser un saber y se transforma en un dispositivo de poder y deja el ámbito literario para ingresar a la arena política. La IE es el producto que los monopolios de la comunicación utilizan para fortalecer esos dispositivos de poder que solo los tiene a ellos como ganadores y para ello utilizan la mentira, el engaño, el show, etc. Todo es posible en el mundo de los MMC, lo que se dice hoy, se contradice mañana y se vuelve a repetir pasado mañana. El ejemplo de ayer es el escarnio de hoy, el héroe de mañana será el traidor de pasado mañana y así sucesivamente. Y aún más; los MMC ya ni siquiera se preocupan por hacer investigaciones, solo hablan de sí mismos eternamente en un discurso reiterativo y aburrido copiándose mutuamente y repitiendo uno lo que dijo el otro. Todos conocen ejemplos de cómo algunos programas de TV “pescan” lo que hacen otros programas en otros canales y con ello hacen sus propios programas. Lo mismo podemos decir de algunos programas radiales que tienen como contenido lo que “levantan” de los diarios que no casualmente son propiedad de los monopolios que hablo. Como una serpiente que se come la cola, o como el perro que persigue neuróticamente su cola, la TV de los últimos años cada vez produce menos y repite o “chorea” más. Todo es un gran circo superficial, berreta y mentiroso donde vedettes ignotas disputan sus amoríos en horario de la tarde desplazando a otros intereses mucho más útiles a la sociedad. Como en un escenario discepoliano la realidad mundana se mezcla con la realidad del show business y ancianos travestis son utilizados egoístamente por algún conductor o enanos juegan al fútbol en una pista de hielo para reírnos de ellos cuando se caen o un periodista se indigna por la pobreza de los niños de la Puna mientras vende pomada hemorroidal que no le sirve ni siquiera para aliviar sus propias almorranas. La hipocresía se adueña de la pantalla, del dial y del papel y la palabra se prostituye por una fama que no es tal.
A los MMC, ahora monopolizados, no les interesa sus consumidores, solo les interesa que consuman y para ello le dan un producto de baja calidad y a precios exorbitantes. Por que se debe decir que el periodismo de la actualidad, salvo unas pocas excepciones, en Argentina o en España, en Suecia o China es un oficio venido muy a menos. No solo se escribe gramatical y semánticamente horrible sino que se miente descaradamente ya sea falseando la verdad u ocultándola, que a los efectos, es lo mismo. Pero esto no es inocente por que sino no estaría escribiendo esta breve reflexión.
Si el periodismo fuera inocente, sería una historieta o una novelesca y la consumiríamos como arte, como un divertimento pero no es así.
El periodismo en su intento de convertirse en un dispositivo de poder, pretende influir sobre la ciudadanía por fuera del circuito político formal, sujeto a controles y a una elección, y quiere erigirse como el constructor de una verdad inapelable e indiscutible. Al excluirse del campo político, puede operar por fuera de él y sostener una independencia mentirosa y evitar, así, la verdadera competencia política, el debate y los controles que todo sistema político admite. El periodismo así ejercido, no solo es cobarde sino que es reaccionario. Si pretenden hacer política, al menos deberían respetar los códigos políticos democráticos pero esto lo llevaría a asumir posiciones que se pueden volver en contra y se develaría la mascarada que ocultan sus intereses. Sumado a lo dicho, y fortaleciendo esta hipocresía, al no admitir controles y no tener Colegios de graduados o Consejos de profesionales, ya que APTRA no tiene por objetivo cumplir ese fin, no hay ninguna organización profesional que dicte las reglas éticas de la profesión de tal manera que cualquiera puede ejercerla sin matrícula y puede decir lo que se le ocurre sin por ello ser, al menos, criticado. La farsa es perfecta. Al no tener una organización que reglamente el ejercicio de la profesión, como sí la tienen la mayoría de las profesiones académicas, el periodismo se siente en la “libertad” de hacer lo que se le antoja, como han expresado en los últimos meses muchos periodistas televisivos en entrevistas, más parecidas a interrogatorios policiales, con funcionarios del gobierno. Cuando un periodista piensa que su trabajo es “incomodar” al funcionario de turno o cuando cree que puede titular la noticia como quiere falseando la realidad, se está alejando del espíritu con que se fundó el periodismo y que he descrito en las primeras líneas de esta reflexión.
Escudándose en el falso paradigma de la “libertad de expresión” o de la “libertad de prensa”, -falso por que cada libertad supone obligaciones y aquí lo que se quiere es no tener ninguna- están dispuestos a falsear la información si esa falsedad les es rentable económicamente primero y políticamente después. “Nunca dejes que la verdad impida la publicación de una buena noticia” es una frase que se le atribuye a un jefe de redacción de una revista devenido ahora en conductor televisivo.
El periodismo en la actualidad se ha convertido en un show y, como he dicho, esto por sí mismo no es necesariamente reprochable. Lo que le reprocho es su mentira y el ocultamiento de sus intereses económicos y políticos que se encuentran en las antípodas del bien social. A los monopolios periodísticos no les interesa la gente, por eso no muestran las imágenes de una guerra macabra (ya que la censura militar se los impide y sin embargo estos periodistas no dicen nada sobre ella), ni la verdadera corrupción, ni las verdaderas catástrofes ambientales por que si las mostraran podrían perder anunciantes y eso afectaría sus negocios.
El sueño de los MMC es poder construir la realidad, ser ellos mismos la realidad y este es un sueño imposible por que la realidad no es un producto que se puede vender o intercambiar como una mercancía más. La realidad, como bien ha estudiado la fenomenología y el existencialismo, es donde el Ser desarrolla su existencia temporal y espacial y en ella los MMC solo ocupan una pequeña parte. No hay estudios que comprueben que la publicidad influya tanto como para despojarnos de las creencias mas profundas que tenemos. Si esto fuera cierto, solo consumiríamos un tipo de gaseosa o fumaríamos una sola marca de cigarrillos y nos vestiríamos con una sola marca de pantalones. El ser humano siempre tiene la libertad de elegir, ergo, es nuestra libertad la que decide y no la “libertad” de ellos. A estos efectos, es recomendable leer los clásicos que desde Rousseau hasta Sartre fundamentan mejor que yo mis argumentos. Sin embargo, como estamos hechizados por el discurso de los MMC tendemos a creer que es así pero, en los momentos cruciales de nuestra vida, en los puntos límites adonde nos lleva el curso de nuestra vida, el discurso de los MMC y las recomendaciones de sus adláteres, pasan a segundo plano y nuestras decisiones son tomadas por nosotros en virtud de complejos mecanismos psíquicos y sociales en donde nuestra experiencia y nuestra educación formal e informal cobran su importancia. Cuando estamos enfermos seriamente, cuando nos envían a una guerra, cuando quedamos desocupados, recurrimos generalmente, a estrategias aprendidas por fuera del discurso de la IE ya que esta información se devela como ineficaz. Como ha dicho recientemente Ignacio Ramonet, director de Le Monde, “…hoy día la información desinforma”. Valga en el ejemplo mencionado, el respeto para este tipo de periodistas que no se sienten atraídos por ese canto de sirena, representado en los sobres recibidos, y mantienen su vocación de hacernos conocer la actualidad a partir de su erudición investigativa y su honestidad intelectual.
En síntesis; los MMC pretenden construir una realidad y no pueden comprender que solo son una parte de ella. A partir de esta pretensión intentan construir dispositivos de poder para que los beneficie a ellos mismos sin importar el costo que ese proceso puede traer para toda la sociedad. Bajo el lema de “libertad de expresión y de imprenta”, lema revolucionario del siglo XIX, han transformado esa libertad en una especie de libertinaje barato y berreta, aunque soy conciente que esta calificación me pertenece. Con la tendencia a la concentración de los medios la democracia se ve resentida y se le impide poseer un sentido que sea útil a toda la ciudadanía. Con la pretensión de describir y construir la realidad solamente la enmascaran maquillándola con las pinturas de la falsedad y el mal gusto. Con la pretensión de popularidad, destruyen el lenguaje prostituyendo las palabras por palabrejas sin sentido que ya no significan nada. Con la excusa de divertirnos e informarnos, creen anestesiarnos y evitar el pensamiento crítico. Pero no lo logran.
Cada vez somos más los que estamos cansados de trasnochados e hipócritas periodistas que se desgarran sus vestiduras por los niños secuestrados mientras ellos mismos son cómplices de los secuestradores, cada vez somos más los que cambiamos de canal cuando una periodista se autodefine como democrática pero sin embargo impide que su entrevistado pueda exponer sus ideas contrarias a la línea editorial del monopolio comunicacional. Cada vez somos más los que no creemos en los datos falsos con que cierto periodismo pretende demostrar su seriedad y “explicarnos” por que aumentan los alimentos cuando no aumentan ni los salarios, ni los impuestos ni los insumos básicos.
En fin, cada vez somos más lo que no creemos en sus prostituidas palabras.