Farándula: Profesión, arte y ambiente de los comediantes.
Con todo el respeto que me merecen por su condición inalienable de seres humanos en primer lugar y como ciudadanos de la Nación Argentina en segundo lugar, quiero expresarles mi mas profundo desacuerdo con lo que ustedes, la farándula, encarnados en las expresiones de sus mas conspicuos representantes, han planteado en las últimas semanas aprovechándose, debido a la ausencia de una ética, de disponer de micrófonos para emitir sus opiniones las que, por propia definición, se alejan de lo que es una argumentación, la que creo que están imposibilitados de realizar. Al mismo tiempo, me interesaría generar un debate sobre los temas que planteo en esta carta abierta.
La postura sostenida ante cámaras, de personas de las que desconocemos su nombre, pues el imperativo artístico así lo ordena, motiva en mí una sospecha. Mirtha Legrand, no es en realidad Mirtha, Moria Casán, no es en realidad Moria, Susana Gimenez, no es en realidad Susana y Marcelo Tinelli vaya uno a saber si es o se hace.
En primer lugar y con todo el respeto que su condición ya precisada por mi en las líneas que preceden ustedes merecen, el hecho de que no usen su verdadero nombre, que es lo que hacemos la mayoría de los seres humanos que no somos de la farándula, los hacen sospechosos. Los mafiosos y los genocidas son los que nos han acostumbrado a conocerlos mediante el uso de alias o seudónimos. Vaya aquí pues, mi primer sospecha.
¿Es Mirtha Legrand la que habla o es la verdadera persona que se pone ese nombre para poder filmar películas la que opina? ¿Es Susana Gimenez la que desaprueba las organizaciones de Derechos Humanos o es la mujer, cuyo nombre desconozco, que debe usar ese nombre por que sino no sabemos quien es? Quisiera, si fuera posible, que dilucidaran esta condición pues creo que aquí radica el meollo de toda la cuestión ya que, si la opinión con la que desacuerdo es del personaje, me parece que, al estar sometidos durante tantos años al calor de las “luces del espectáculo” y la débil gloria producida por una buena temporada de recaudación veraniega, están confundiendo la realidad con la ficción. A tal efecto, y como para sumar a mis argumentaciones, les recomiendo leer con atención, la Carta a D´alembert sobre los espectáculos, escrita por Jean Jacques Rousseau en relación a lo malsano de la representación artística y los efectos perniciosos sobre la sociedad. Me eximo de repetir lo que magistralmente escribió el autor ginebrino y que puede ser consultado, por si les interesa.
Como los personajes de la farándula utilizan la farándula para esgrimir sus opiniones, es lícito pensar que todo es parte del show y, como el show, desde que los norteamericanos se han dado cuenta, es “show Business”, sus opiniones reflejan sus intereses mercantiles y no los del conjunto de la Nación. Ante esto quiero hacer una reflexión: he decido utilizar el concepto de Nación y no de pueblo pues sé, positivamente, que las posturas esgrimidas por ustedes se alejan de lo popular por mas que necesiten del pueblo para que consuma lo que sus programas publicitan y que ustedes no están en condiciones de controlar pues ellos son sus dueños, es decir, sus patrocinadores y ya se sabe, desde que Max Horkheimer y Theodor Adorno escribieran el excelente artículo “La Industria Cultural” en su ya clásico libro Dialéctica del Iluminismo, que en el “show Business” prima el interés mercantil ante todo. Por eso es claro que, después de hablar del hambre, de la inseguridad, de la corrupción gubernamental, etc., se publiciten pomadas hemorroidales que no sabemos si son eficaces o solo son cremas sin ninguna utilidad farmacológica, compra y venta de alhajas usadas en sumideros fenicios de dudoso origen o en dietas que prometen bajar de peso sin decirnos las consecuencias para nuestro cuerpo que pueden traer aparejada.
La segunda crítica que quiero realizar a la farándula es que, como dije, utilizan el espacio por el que reciben el dinero que pagamos nosotros, vía el incremento del precio de las mercancías debido al costo de publicidad, para publicitar sus opiniones, es decir, cuando hablan, digan lo que digan, facturan, lo que profundiza la sospecha que vengo argumentando. No son capaces de hablar en otro lugar que no sea el de sus programas o programas amigos ya que si lo hicieran, difícilmente tuvieran el auditorio servil que tienen y que está representado por sus empleados, muchos de los cuales, los odian, según surge de investigaciones periodísticas realizadas por los mismos periodistas que les chupan las medias, lo que también las hace dudosas. Sería interesante que se presentaran en Universidades públicas con prestigio, en ONG´S, en clubes de barrio, en Sociedades de Fomento incluso en Escuelas o instituciones sociales similares y aceptaran debatir abiertamente sus propuestas, si es que las tienen, pero dudo que posean el caudal intelectual para hacerlo ya que no contarían con la admiración cholula que es tan frágil como una pompa de jabón un día de alta presión atmosférica.
De tal manera, sépanlo, que sus opiniones no reflejan las opiniones de todo el conjunto de la Nación; por más que quisieran, no son representantes del pueblo y la elección de sus programas no es un sustituto del voto electoral regulado por una ley, es más, me atrevería a decir, que solo responden a un sector minoritario que siempre menospreció a la democracia y mucho mas a eso que se conoce como equidad social y que es uno de los motivos por lo que en la Argentina haya hambre, esa hambre de la que ustedes no se hacen cargo pues están muy ocupados en disfrutar lo que la suerte de la vida les dio por que, convengamos, lo que ustedes hacen lo puede hacer cualquiera por que por ello están ahí. Si sus posturas fueran realmente honestas y su preocupación también lo fueran, deberían hacer algo para morigerar los hechos que denigran, pero no lo hacen. Es más cómodo hacer una crítica sin fundamento y aviesa en su propio espectáculo, que como dije, les permite facturar, que preparase para un debate en donde pueden ser interpelados por opiniones diferentes y ahí si, deberán argumentar y no regodearse en opiniones.
Entonces, rechazo cualquier pretensión de representatividad que ustedes, a manera de un solipsismo televisivo, pretenden arrogarse. El solo hecho de zappear, valga el neologismo, nos indica que sus programas no son vistos en su totalidad sino que, mientras haya gritos, peleas, insultos, etc., logran atraer la atención de los televidentes como logra hacerlo el ruidoso y enorme tren que pasa por las vías y que asombra al niño en brazos de su abuelo o abuela y que dice “¡chau tren!” mientras una sonrisa explota en su rostro. Esto, mal que les pese, no es una verdadera atención.
No hay ningún mérito en conducir un almuerzo en donde los invitados saben de antemano lo que sucederá o que pagan para publicitar su obra de teatro o sus servicios profesionales, no hay talento en bajar de una escalera en un escenario iluminado para la ocasión con trajes de luces cosido por otras que cubren las cicatrices de cirugías o estrías que el tiempo esculpe en nuestros cuerpos, no hay virtud en exhibir a personas desafinadas o bailarines ignotos para el escarnio público y mucho menos en entrevistar a personas que conocen las reglas del juego y que, además, ya conocen las preguntas de antemano las que están prolijamente ordenadas en un papel que hace las veces de “machete escolar”. Eso no es talento, es viveza y con esa viveza no se construye un país, solo se hacen pingües negocios cuyo resultado, como dije, lo pagamos los consumidores en el precio de cada producto que compramos ya sea leche o perfume, es decir, así como los políticos viven de los impuestos, los artistas televisivos viven de la publicidad, ergo, es el conjunto de asalariados el que sostiene los dos mundos; el de la política y el de la farándula, lo que no es una extraña coincidencia ya que la política es también representación y la farándula se transforma en política cuando su “show” involucra opiniones “de” política. El decir “a mi no me interesa la política” es, ya, asumir una posición política.
De tal manera que, señoras y señores de la farándula, agradezcan que vivimos en un país en donde hay impuestos regresivos como el IVA y no progresivos como Ganancias que sí se cobran en los países que dicen admirar, agradezcan que no tienen competencia por que trabajan en canales monopólicos pues si la hubiera, serían desplazados por artistas con talento algunos de los cuales se comprometen, como León Gieco y su Mundo Alas solo para dar un ejemplo, en cambiar la situación social del país, agradezcan que somos un país educado, pacífico y cholulo y que, con tal de sacarnos una foto con el artista de turno, somos capaces de pasar largas horas en la escalera de un hotel o en la puerta de un canal para que el artista malhumorado nos firme un autógrafo de pasada para poder exhibirlo ante nuestros amigos y decirle “¿A que no sabes a quien vi?”.
Ustedes se quejan de la inseguridad pero tienen yernos que han estafado a ahorristas, como Gastaldi, han ingresado de contrabando automóviles importados como el Mercedes Benz que se ingreso mediante un permiso de un discapacitado (hay que ser muy turra para aprovecharse de esto ¿no?), han elogiado a gobiernos genocidas y se han definido como de derecha y hasta han tenido el tupé de pensar que podían presentarse como candidatas a diputadas, utilizan las pequeñas miserias de los seres humanos para que las expongan ante cámaras con tal de lograr un punto mas de rating y así ganarle a la competencia, etc. No saben, pues nunca viajan en colectivo o concurren a una villa, lo que es la miseria de la gente ni el dolor de no tener que comer, no son capaces de compartir parte de su dinero con los mas necesitados, no hacen obras, invierten sus dineros en el exterior y vacacionan en Punta del Este o compran equipos de fútbol extranjeros, viven en Miami, compran chacras marinas en Uruguay y pretenden hablar de patriotismo, ética, cariño a la patria, etc. Esto es parte de la hipocresía en la que viven.
Ustedes dicen “El pueblo tiene el gobierno que se merece” aludiendo a un gobierno legítimo y legal al cual yo no voté y con el que tengo profundas diferencias, incluso ideológicas; yo pregunto “¿Tenemos la farándula que nos merecemos?” y acá paro por que creo que, como inicio, es suficiente. Podría seguir un par de páginas más fortaleciendo mis argumentos y describiendo sus miserias humanas pero lo escrito me ha puesto ya, al igual que sus pésimos y berretas programas, de muy mal humor.
Y ahora, dejando de lado el respeto que hasta aquí he mantenido, debido a la educación que me dieron mis padres y pidiéndoles perdón de antemano a ellos, a mis padres, no a ustedes, les digo en su rostro cuajado de hipocresía con todo lo ancho de mi boca, por mi ¡pueden irse... ya saben donde! Noviembre 2009.-
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