Para comprender la realidad nacional que tanto nos apasiona –si es que pensamos en la cantidad de palabras y páginas que se escriben últimamente tratando de develar qué es lo que nos pasa-, no alcanza con pensar. No alcanza, digo, por que pensar piensa cualquiera. No valoro el pensamiento por sí mismo sino que digo que todo ser humano medianamente sano está en condiciones de pensar. Pero pocos piensan que piensan y menos aún por qué piensan lo que piensan. Y esto, en la Argentina del 2010, nos obliga a escribir las siguientes líneas.
¡Ay Europa, Europa!
Para pensar la Argentina, o Bolivia, o Nicaragua incluso el Zaire o Mozambique debemos desembarazarnos de determinados conceptos que han sido originados en la Europa civilizada, esa, la de la razón ilustrada, la del occidente culto y griego ¡bah!, en fin, la de Kant, Hegel, Locke, Rousseau, Schumpeter y otros tantos.
Si bien somos herederos de ese pensamiento se debe decir, de una vez por todas, que no somos Europa, somos Latinoamérica y éste hecho nos hace únicos, singulares; sujetos históricos diferentes a los europeos, norteamericanos, africanos, asiáticos y polinésicos. Por eso propongo redefinir determinadas categorías del pensamiento ilustrado europeo y adaptarlas a nuestra situación histórico-territorial.
Desde la Argentina, inserta en un contexto latinoamericano, es posible, entonces, formular un pensamiento filosófico-político propio, que si bien se reconoce en el manantial europeo, también recibe influencias de África y Oriente. Como corresponde a un continente colonizado y posteriormente poblado con inmigración extracontinental, el pensamiento latinoamericano está influido por todo lo enunciado.
Pretender interpretar o comprender, ya que es imposible explicar, nuestra realidad con las categorías occidentales sin traducirlas al contexto de significación latinoamericano, es caer siempre, en errores. Esto no sería, por sí, demasiado grave ya que de última, el error puede ser demostrado e impugnar las acciones que de él pueden generarse. El problema mayor es cuando el error es emitido desde los medios hegemónicos y pretende ser la “verdad” y no sólo eso, sino la única “verdad” anulando otros discursos y otras formas de estudiar y comprender la realidad que no se basan en el error sino que, incluidas dentro del contexto correcto, nos dan, al menos, las herramientas indispensables para razonar la realidad en la que vivimos. Asistimos entonces en los últimos doscientos años –con algunas magníficas excepciones-, a la emergencia de un discurso basado en la tradición “culta” europea, que pretende demostrar qué es la Argentina y por qué sucede lo que sucede.
Este discurso instalado “desde arriba” ha obturado, desplazado, incluso censurado, otros discursos, otras palabras que, originadas “desde abajo” o desde usinas intelectuales verdaderamente nacionales –en el sentido de nación que le daba San Martín, Artigas, Bolívar, incluso Eva Perón y no en el sentido fascista de Primo de Rivera- siguen pretendiendo hacer escuchar otras voces que los aburridos cacareos pagados por aquellos mismos que se dicen nacionalistas o democráticos pero que, sin embargo, se asustan y hasta se confabulan contra gobierno nacionales populares elegidos democráticamente. Porque hay que decirlo claramente; se puede hablar de la nación y de la patria pero no se puede hablar de la nación y de la patria y condenar a la pobreza a millones de compatriotas por el solo hecho de ser indio o “negro” o conjurarse para desplazar (o derrocar) a gobiernos legal y legítimamente elegidos. Pero pasemos ahora a lo serio.
¿Democracia? ¿Qué democracia; la tuya o la mía?
El pensamiento europeo, en su paranoica rigidez intelectual, cree que la democracia es solo la democracia á la europea, es decir, aquella democracia tipo Gran Bretaña o francesa devenida de las luchas contra el feudalismo, y considera que las democracias del subdesarrollo no son “verdaderas” democracias sino populismos autoritarios que no respetan la propiedad privada ni el libre cambio. De tal manera que está bien, entonces, intervenir en estos países “bárbaros” ya que no sabemos cómo es la “verdadera” democracia.
Esta mentalidad obtusa, conservadora e idiota, no logra ver casi nunca, con la excepción de Jean Paul Sartre y algún otro, que estos países han sido colonizados por la racionalidad europea y que de aquí se han llevado, se han robado –es la palabra correcta-, los insumos necesarios para que su democracia haya podido consolidarse. Si no se hubieran robado las carnes y las lanas argentinas, el cobre chileno, el hierro boliviano, el algodón y el azúcar brasilero, el petróleo venezolano, etc., la tan progresiva Europa debería haber hecho frente a las revoluciones de 1848 y especialmente a la Comuna de Paris de 1871 en pésimas condiciones por lo que, muy probablemente, hubieran triunfado y hoy Europa sería la Comuna. Si no hubiera sido por la expoliación de nuestras riquezas expresadas en las materias primas pagadas a precio paupérrimo y a la colocación de sus excedentes manufactureros y de mala calidad, la civilizada Europa seguiría combatiendo entre sí como lo han hecho hasta la invención de la lanzadera volante que le permitió a Inglaterra pegar “el gran salto” a partir del desarrollo de la industria textil, ¿de donde habrán provenido las lanas y el algodón para dicha industria? ¿Y el carbón y la leña como combustible? ¿Dónde se habrán vendido a precios exorbitantes los excedentes industriales que dicha industria produjo? La India y la Argentina especialmente tienen la respuesta. Por eso solo le cabe el calificativo de idiota a uno que decía defender los intereses de la Nación Argentina y tuvo el tupé de decir, mientras se hincaba ante la reina de Inglaterra, que la Argentina era “la perla más preciada de la corona británica”. El idiota al que hago referencia fue el hijo de otro “hijo de mil madres” que a sangre y metralla conquisto un desierto habitado por sus legítimos dueños hoy obligados a vivir en los barrios de emergencias de las grandes ciudades argentinas o en los faldeos de los Andes contaminándose con los efluentes cloacales que los turistas de Europa producen cuando vienen a esquiar a Chapelco por dos “mangos”.
Los continuadores de este pensamiento ilustrado y “culto” siguen viéndonos como bárbaros. La dicotomía civilización y barbarie, del “culto” e ilustrado Sarmiento, intenta prevalecer en las palabras de los idiotas de turno que hablan y hablan desde la TV, la radio y los medios gráficos acusando de populistas o de autoritarios a los gobiernos legal y legítimamente elegidos por los otros, los “negros”, los “negros de mierda”, los “piqueteros vagos y drogadictos”, los “del cerro”, los de las “favelas”, los de las “barriadas”, etc. Son incapaces, por su propio miedo y su temor a perder sus espurios privilegios conquistados por traiciones o por sobornos, de ver a un compatriota como un igual a ellos, sin embargo se dicen democráticos, se dicen patriotas, dicen defender la nación. Ese miedo es el que nos muestra que tenemos razón. Es el temor que manifiesta la señora Legrand al decir que teme que su “sirvienta” –tal su expresión- la denuncie. ¿Por qué habría de denunciarla? ¿Acaso la señora Legrand la tiene en “negro”? O el miedo que tiene Leuco ante la amenaza “pavota” de un Don Juan que no puede levantarse a la “minita” que trabaja para el periodista “amenazado” ¿No le da vergüenza a Leuco decir lo que dice? O, y esto sino fuera en serio daría para reírnos, el “examen” que un ignorante como Eduardo Feinmann le “toma” a los “chicos” del Pellegrini y trata de enseñarles que tomar una escuela está mal y que configura un delito y que sus padres deberían estar más preocupados por el camino que tomaran estos jóvenes que no estudian ¡justo él que es abogado y nunca entró a un juzgado!
Lo dicho, las categorías repetidas y no entendidas de los adláteres y cómplices del pensamiento hegemónico europeo en su vertiente neoliberal que ha fracasado en todos los lados en los que se instauró de modo violento, ya que se necesitaron dictaduras para imponer el “natural pensamiento”, no sirven para entender la realidad latinoamericana y, como no la entienden debido a su ignorancia, le temen.
Le temen como en 1945 cuando un estratega como el Coronel Perón crea el “movimiento obrero peronista” por mérito propio y por los desatinos de una izquierda que nunca comprendió a esas bases con las que pretendía hacer la revolución. ¿Qué revolución podían hacer si esos revolucionarios repetían –salvo magníficas excepciones- las órdenes emanadas de Moscú que, por si no lo sabemos, es Europa? Es el mismo miedo que expresaron los propietarios de las industrias y de las estancias, esa vieja y traidora “oligarquía agroexportadora” tan querida por Sarmiento y por Mitre, que no entendieron que el Coronel no los iba a expropiar sino que solo debían compartir un poco de sus fabulosas ganancias con un pueblo que se proletarizaba de la mano de la sustitución de importaciones. Tiene razón el gran pensador Milcíades Peña al afirmar en su tesis que el peronismo de Perón no fue revolucionario sino que, al contrario, posibilitó, concediendo “desde arriba” los derechos sindicales y un consumo doméstico que impidió la toma de “conciencia para sí” de lo que fue la “clase obrera argentina”. Claro, Milcíades debió desprenderse de las clásicas categorías marxistas europeas para realizar su excelente análisis del peronismo. Valga pues el ejemplo de un pensamiento nacional adaptando las categorías del materialismo histórico europeo a una particular coyuntura histórica argentina.
Los que sienten este mismo miedo, que generó el bombardeo de la Plaza de Mayo el 16 junio de 1955, los fusilamientos de José León Suarez, la ESMA y el Pacto de Olivos, hoy quieren hacernos creer que está mal que los “chicos” tomen los colegios para pedir condiciones dignas de estudio por que “a la escuela se va a estudiar pibe”, que no está bien que haya una ley de medios por que no habrá “libertad de expresión” y entonces solo se emitirán noticias y programas “oficialistas” desconociendo las trapisondas hechas por un grupo de mafiosos para hacerse, mediante torturas, de Papel Prensa y poder así “manejar” los precios del “libre mercado” vendiéndose a sí mismo por debajo del precio de costo pero a la competencia al triple de su valor, que no se debe indagar más en el pasado por que están “podridos” con eso de la “dictadura” y los “setenta”, que se debe dejar “tranquilos a los chicos” de una madre posiblemente apropiadora a la que la señora Legrand le manifestó su solidaridad ante el exabrupto de un juez que solo cumplió con lo que dice la ley, que no se puede otorgar “clientelarmente” el ingreso universal por hijo por que “esos se la gastan toda en droga y cerveza”, que no podemos, justo nosotros los argentinos de bien y “blancos”, aliarnos con ese “negro” de Lula o con ese “zurdo” de Chavez que, cada vez que se presentan a elecciones ganan por “afano”, en fin, que no está bien pensar por fuera de las categorías europeas ya que, al final de cuenta, si lo hacemos, no seríamos civilizados sino bárbaros, como ese Facundo Quiroga, ese Chacho Peñaloza o esa odiada Evita que vino a sacarnos “lo que es nuestro che”.
Como dije, las categorías del pensamiento europeo, sin su adecuada traducción a nuestro contexto, no nos son muy útiles a la hora de pensar la realidad latinoamericana. Aquellos formados en una ciencia cómoda y funcional a los poderes establecidos, no son capaces de desarrollar una crítica epistemológica o meramente intelectual a dichos esquemas de interpretación y prefieren mantenerse calentitos en sus apoltronados sillones que salir a debatir seriamente con estudiosos documentados como Osvaldo Bayer o Horacio González tan solo para rendir un homenaje a muchos investigadores en la persona de dos de los mejores pensadores que tenemos en la actualidad.
Esta ignorancia que manifiestan estos pseudointelectuales, a los que les corresponde el mote gramsciano de “orgánicos”, no sería grave si no fuera porque son cobardes y miedosos que, parece ser lo mismo pero que no lo es. Uno puede tener miedo y sobreponerse a él, sin embargo el cobarde se siente “amenazado” y es capaz de conjurar y aquí reside la peligrosidad.
Es por eso que debemos tener una actitud militante ante este miedo y ante la cobardía expuesta en los medios por estos funcionarios de la mentira y de la traición. Se debe desnudar su ignorancia y su complicidad con los factores del poder que no piensa en una Argentina para todos sino una Argentina para pocos porque para eso se “conquistó el desierto” y se aniquiló a treinta mil personas. No podemos dejar que sigan mintiendo e inoculando su propio miedo en todos nosotros pues al final, nuestra pasividad solo los beneficiara a ellos en contra de nosotros y ya hemos sufrido la lamentable experiencia de perder los derechos conquistados.
Podemos criticar lo que no nos gusta de este o de otro gobierno, podemos defender la propiedad privada y oponernos a lo que consideramos injusto, no debemos ser oficialistas ni “chupamedias” de los gobernantes de turno, la democracia no es para algunos nomás sino para todos los ciudadanos de un Estado, no es cuestión de que nos llamemos a silencio porque debemos apoyar a un gobierno, no nada de eso; pero no podemos permitir la mentira, la injusticia, las trapisondas, las herejías y las “hijoputeces” de estos “buenos hijos de mil madres” que lo único que les interesa es seguir haciendo sus prósperos negocios a costa de nuestro bienestar y que se disfrazan con el traje de la patria y la nación sin percibir ellos, los “cultos”, los civilizados, los “europeos en la barbarie”, que mientras toman su champagne cosechado en Mendoza y comen el salmón rosado del Pacifico chileno, se les ve la ropa interior sucia por que tienen la bragueta abierta.
Setiembre 2010.-
Felicitaciones, licenciado.
ResponderEliminarVa a ser bueno usar este blog a modo de archivo así podemos tener sus sabias (y abundantes, sí... sobre todo, abundantes)siempre a mano.