INTRODUCCIÓN
Vivimos en un mundo compartido. Todos vivimos entre Todos. No podemos vivir solos. Al vivir en un mundo en donde concurrimos Todos a desplegar nuestra existencia humana, acontecen eventos que involucran nuestra vida y también nuestra muerte.
La significación de esta evidencia empírica, antes que analítica, correrá por cuenta de la cultura. El hombre occidental suele nombrar a estos eventos con la palabra tragedia.
Designamos con esta palabra un evento fatal que no podemos entender y, debido a esta imposibilidad, exteriorizamos nuestra angustia y nuestro miedo ante la muerte mediante palabras, y a veces, mediante nuestras acciones.
El 19 de enero de 2011 unos ladrones, ingresaron a un domicilio en la localidad de Tolosa y uno de ellos, de quince años, mato de un tiro al dueño de lugar. A raíz de este suceso, como viene sucediendo no solo en la Argentina sino en la mayor parte de los países occidentales, comienzan a escucharse las mismas voces de siempre ya sea buscando motivos para endurecer las penas o motivos para no hacerlo.
De lo que se trata esta reflexión es de mostrar otros puntos de vista sobre el tema.
No es que el tema de la imputabilidad o los debates sobre menores delincuentes no sean importantes. Estos son temas que hacen a la vida en colectividad, pero también debemos admitir que son reiterativos. Desde la academia como desde los medios de comunicación, incluso lo que se entiende como sentido común, se asiste a un debate reiterado en donde se dirimen viejas antinomias ideológicas en relación a la cuestión social que podría definirse como el delito.
Pero no es de criminología ni de judiciabilidad de las conductas humanas de lo que yo quiero hablar. Estas disciplinas, por las que siento un gran respeto, están todavía inmersas en esa cuestión ideológica que yo pretendo trascender. Yo quiero presentar otra mirada, otra visión.
Pero, debo advertirlo, mi visión no va a poder llegar a ninguna conclusión que satisfaga a los que se empeñan en encontrar motivos para uno u otra de las acciones sobre lo que “se debe hacer”. No se qué se “debe hacer” ni puedo decir qué se “debe hacer”, por lo menos no en este momento y en este lugar. No pretendo explicar ni dar una receta. Solo puedo abrir una puerta de reflexión. No se siquiera si es la puerta correcta. Como se puede apreciar, son muchas las cosas que no se. Quiero partir desde esta ignorancia y recorrer la reflexión desde ella en el convencimiento de que lograré llegar a algún fin.
De tal manera que, si el lector mantiene una esperanza de que lo que va a leer le va a aclarar algo, debe dejar este escrito en este punto y satisfacer su inquietud por otros medios.
Pero que no pueda concluir no significa que no pueda asumir una posición social y política al respecto o mantenerme en silencio. Las formas de la militancia y el compromiso no se agotan en el enarbolamiento de una pancarta.
Esta reflexión tratará más sobre dudas, temores, ignorancias, etc. sobre un tema social que me es muy difícil de enmarcar pero que se relaciona con el evento acaecido en Tolosa y que ya fuera mencionado.
Comencemos.
1. LA TRAGEDIA. OCCIDENTE. HYBRIS.
Lo trágico es lo desgraciado, lo fatal , y es producido o por el destino, escrito por los dioses, o por la desmesura.
La Tragedia griega, en forma de narración épica o representación teatral, relataba estos hechos que inevitablemente terminaban con la muerte de aquel que pusiera en práctica la hybris.
La hybris griega -y nosotros descendemos mal que nos pese de los bárbaros griegos, de allí la pertinencia de citarlos- es la desmesura propia del humano, no del Ser. La vida humana es, para nosotros, trágica. La desgracia, lo fatal, nos acompaña en forma de hybris que fue lo que mató a Antígonas, a Paris, a Prometeo y a muchos más. Sófocles es un ejemplo de lo mencionado.
Vivimos, pues, en un mundo compartido y en el que suceden tragedias.
Una de estas tragedias sucedió hace un par de días en el domicilio de un hombre en Tolosa Un ladrón de quince años lo mató de un tiro.
Presentado así, de esta manera, de este texto surgen múltiples senderos de indagación. Varias disciplinas ya han marcado los ejes principales; la psicología, la filosofía, el derecho, la jurisprudencia, la sociología, la criminología, la antropología, etc., dan sus conclusiones y sus posiciones al respecto. Sin embargo, nos seguimos asombrando, compadeciéndonos e irritándonos hasta el punto de pedir venganza porque las tragedias, bien lo sabían los dioses olímpicos, nos sobrepasan. Y, como nos trascienden, suelen angustiarnos.
Para enmarcar primeramente la cuestión, debo, al menos, fundarla:
La tragedias no tienen explicación. No se explican.
La sociedad humana castiga los delitos que se cometen en ella.
Hay una relación entre la hybris y el delito. Esta relación es trágica.
Entonces, yo no voy a explicar nada por que no se puede, no hay nada que explicar. La descripción de la tragedia evita todo intento de explicación. El tema en cuestión es como la sociedad humana castiga los delitos que se cometen en ella y que relación tiene la hybris en toda esta cuestión social. El primer tema que yo quiero plantear, ya que al parecer la cuestión etárea es la que funda el debate , es el de la edad. Interrogarme por la edad. Saber que es y por que se toma como un elemento en una escala de punibilidad.
2. LA EDAD.
Antes de entrar de lleno al tema, debo decir aunque sea una breves palabras sobre qué es la edad.
La edad es el tiempo que uno ha vivido. Los existencialistas, especialmente Heidegger pero también Sartré -aunque este no se si se consideraba a sí mismo existencialista o fenomenólogo- llamaron a la edad un existenciario.
El termino tiene connotaciones paralelas en relación al tiempo y su uso a influenciado a la historia (edad de hierro, edad de bronce, etc), a la literatura en relación a las metáforas de la edad (la niñez como un despertar, la vejez como un adormecerse, etc).
La edad, al referirse a la existencia del Ser, deja de ser una “cosa” y pasa a ser una dimensión social ligada al paso del tiempo, un sujetamiento. De aquí extrae su trascendentalidad para esta reflexión.
2. 1 La edad cronológica.
Al plantear el tema de la edad me pregunto si los años calendarios son una buena variable para comprender la edad.
La edad cronológica, es la forma de “medir” la edad que se ha impuesto en la sociedad moderna occidental y responde a un criterio biopolítico. Ya la sola idea de la medición nos alerta acerca de su fin, su telos.
La biopolítica intenta ya no domesticar a los cuerpos para las fábricas o para el ejército -lo que Foucault llamó la anatomopolítica- sino que ahora intenta enmarcar todos los eventos de la vida de los individuos. Al mismo tiempo, la edad cronológica permite a los Estados aplicar programas políticos, asistenciales, educativos, etc., que se planifican, especialmente, a partir de edades cronológicas.
Pero la edad cronológica no es cierta. Y no lo es por varias razones:
Biológicamente mi hígado puede estar mas “viejo” que mi corazón.
¿Que cambia en mí tan solo en un día? Si la edad cronológica se mide a partir del año calendario ¿por que el último día de mis diecisiete años soy menor y el día siguiente no? Esto nos lleva al tema de la edad social que ya veremos.
¿Hay una universalidad cronológica entre los seres humanos? Un sujeto de quince años nacido en Palermo ¿es igual/similar/idéntico/homólogo a uno nacido en Bagdad, en Charata, en Islamabad?
¿no hay diferencialidad por género?
Primer conclusión: la edad cronológica no es apta para el debate sobre los Seres. La edad cronológica es el instrumento que tienen los Estados para elaborar sus políticas. La utilidad de la edad cronológica solo refiere a una instrumentalidad burocrática que despersonaliza al Ser.
Desde esta primera conclusión, todo el debate jurídico-político queda enmarcado en esa instrumentalidad racional técnica que impugna al Ser y que, obviamente, no tiene como objeto evitar lo que se propone sino autoreproducirse. De tal manera que no continuaré por esta línea de reflexión. Pero quiero dejar aclarado que este sendero debe ser tenido en cuenta en el debate sobre imputabilidad de menores por que hace a la definición de menor; un menor es aquel individuo que no tiene dieciocho años o veintiuno. Pero no nos dice nada, solo es un criterio cronológico ligado a lo biopolítico. Este es un argumento que debe ser un insumo en el debate garantista. Demasiado se ha escrito para que yo lo repita. Continuemos.
2.2 La edad social.
La edad social, como un existenciario, es la edad que una sociedad considera apto a un sujeto “para” o que “puede” hacer determinadas actividades o cumplir determinados roles. Generalmente la sociedad, por medio de la cultura, provee rituales -los llamados rituales de iniciación o de transición- que, mediante una ceremonia, identifican a toda la sociedad, que el sujeto no es lo que era y ahora es lo que es. Pasa de un estado social a otro, deja de ser niño o joven y pasa a ser adulto o cazador. Dos ejemplos ligados al género: en nuestra sociedad una niña cumple quince años y deja de ser niña y pasa a ser señorita. La ceremonia de la fiesta viene a significar el rito de transición: se deja de ser niña y se “es” ahora señorita. Sin embargo, en otras culturas como la wichí o la qom, para nombrar a dos culturas cercanas a nosotros, es la menarca la finalización de la niñez y el inicio de la adultez y se ceremonializa de otra forma. En el caso de los varones, también puede ser la aparición de ciertos signos corporales, el vello púbico por ejemplo, o la internalización de determinados valores comunitarios o la adquisición de ciertas habilidades los que ameriten el inicio del rito de transición. Entonces, un niño que ya puede lanzar la flecha y acertarle a un objetivo distante, será preparado y cumplirá el ritual que su comunidad acostumbra. En nuestra sociedad, es nuevamente el criterio cronológico el que prima: el joven al cumplir dieciocho años ya puede tener su registro de conductor, ingresar al ejército, se le otorga la mayoría de edad, etc.
Solo como un dato paralelo a lo dicho, para nuestras sociedades la edad social contiene lo que se conoce como la edad legal y le cabe la impugnación de la primera conclusión.
Toda sociedad, entonces, se estratifica por edades poseyendo cada una de ellas obligaciones, responsabilidades, excepciones, roles, etc. que marcan un ritmo en el curso existencial de la vida. La estratificación por edades es también un sistema de expectativas de roles sociales. Se espera que un niño haga cosas de niños y los viejos hagan cosas de viejos.
El sistema de edades, como todo el complejo significativo cultural de una sociedad es previo al nacimiento del sujeto y este no puede escaparse de él. Esto quiere decir que el mundo es preexistente al sujeto y éste nace en un mundo que lo está esperando y que pone ciertas expectativas en él. El Ser que porta ese sujeto, esta sujetado a un sistema de edades y este a un sistema de deberes, obligaciones y premios que configuran algunos clivajes para el curso existencial de la vida.
Obviamente, dejo este tema planteado aquí pues su profundización nos aleja del núcleo central de esta reflexión. Una lectura de los autores mencionados mas lo que se encuentran a disposición sería imprescindible para continuar.
2.3 La niñez, las niñeces.
Habíamos dicho que un sistema estratificado según edades, no importa su origen, es también un sistema de expectativas lo que significa expectativa de roles, de conductas,;en fin, de acciones sociales. La niñez no está exenta de este sujetamiento y se espera de los niños/as que actúen según dichas expectativas; pero ¿que es la niñez?
Básicamente, y para no extenderme e irme del tema, la niñez es un período inicial de la vida existencial del Ser que posee específicas características: es una edad en que se es dependiente, se desarrollan procesos de aprendizaje social que serán usados durante toda la vida, comienza a forjarse una identidad individual y social, etc. Estos procesos son universales en relación al criterio estadístico o demográfico pero no son vivenciados y significados por igual por todos los miembros de una sociedad. Si el Ser cursa su vida de manera diferencial - lo que lo hace ser único y singular- es por que es un yo monádico entre otros yoes monádicos que terminarán constituyendo, en relación, un mundo intersubjetivo y social. No es adecuado, entonces, hablar de niñez sino es solo a título estadístico y sustantivado; sino de niñeces, de prácticas individuales y singulares que hacen al niño/a Ser.
Como el mundo moderno se caracteriza, entre varias dimensiones, por la protección a la niñez - ya que hay menos niños en el mundo de los que había hace cien años- la hemos idealizado y dejamos de comprenderla. Acá, me pondré un poco odioso, pero debo ser honesto conmigo mismo.
¿por que creemos que la niñez es ese estado único en donde se puede ser feliz? ¿por que creemos que los niños son buenos per se?
Hay infinitos ejemplos que nos indican que todas las pasiones y las emociones humanas están presentes en la niñez incluidas la maldad y la violencia. ¿Serán estas dos prácticas características universales de los humanos? ¿No hay posibilidades de que esté equivocado? Muchos filósofos creen que no y otros sí. Freud está en el grupo de los primeros, Rousseau en el de los segundos. Es recomendable su lectura.
Segunda conclusión: la sociedad moderna idealiza a la niñez porque idealiza el futuro. Una sociedad que hace del cambio su “motor” encuentra en un utópico futuro una esperanza que le permita soportar la angustia de un presente que lo ha olvidado. La sociedad moderna, cultora de lo ente, de las “cosas”, de las “cosas-para-el-consumo”, por perseguir este culto, se olvida del Ser y al olvidarse del Ser se olvida de sí misma y vive en un permanente conflicto. La idealización de la niñez y del futuro puede ser una evidencia de la angustia existencial por una realidad que no me conforma, que no me satisface.
Obviamente, lo dicho no impugna la defensa de la niñez ni las políticas asistenciales hacia esa franja etárea pero ¿por que hay más presupuesto para la niñez y no para la vejez si en las sociedades modernas casi están equiparadas las franjas etáreas? El mundo no se ha rejuvenecido sino todo lo contrario, el mundo está envejeciendo aceleradamente.
Entonces, no hay una niñez única y universal, sino niñeces, vejeces, adulteces, etc. por que el hombre se va haciendo mientras va viviendo. Este es un argumento que, junto con el cronológico, debieran ser tenidos en cuenta a la hora de planificar reformas al sistema legal vigente. Sin embargo, no digo nada nuevo.
Tercera conclusión: el Ser que vive en este mundo intersubjetivo, que es previo a su nacimiento y que ya posee ciertos elementos que el Ser internalizará, está enmarcado en un sistema estratificado de edades, que es también un sistema de expectativas y su curso de vida lo dota de singularidad. No hay Seres universales, hay Seres-sujetados por determinadas expectativas que lo hacen Ser.
3. EL MUNDO. SIGLO XXI.
¿Como relacionar la hybris con el concepto de niñeces que acabo de describir? ¿cual es la ligazón que me permita comprender la tragedia de Tolosa ocurrida el 19 de enero de 2011? Lamentablemente no la encuentro.
Solo encuentro diagnósticos sociales, programas de erradicación de la violencia, programas de seguridad urbana, discursos pidiendo bajar la imputabilidad de los menores, discursos oponiéndose a estos otros discursos, debates jurídicos sobre el derecho de los menores, obligaciones del Estado argentino ante Foros internacionales a raíz de la firma de determinados tratados que serían contradichos por la propuesta de baja de la edad imputable, cadáveres, cárceles, etc.
Yo no quisiera enrolarme en este debate. Hay especialistas que lo pueden hacer mejor que yo. Pero se, positivamente, que el mejor Estado, la mejor familia, la mejor sociedad en donde se divinice el ente, el consumo, la exhibición suntuosa de las cosas superfluas, no podrá evitar que sucedan eventos como los ocurridos. Mientras haya inequidad social, habrá menores en condición de vulnerabilidad - como si la sociedad toda no estuviera bajo las mismas condiciones- que saldrán armados a tratar de ser lo que no pueden Ser.
Estoy seguro, también, que hay herramientas eficaces para amortiguar algunas situaciones particulares y que estas herramientas provienen de la política pero también provienen de la sociedad civil.
Se que en las condiciones de vida, en el mundo de vida, están las claves para entender porque un individuo de quince años porta un arma y asesina/mata a otro que no conoce y que, a partir de ese momento, cambia la vida tanto de él como la de la familia del muerto.
Adhiero a las ideas más humanistas y menos represivas y se que hay formas de evitar que determinados niños/as nazcan condenados por su color de piel, por su nivel de ingreso, por su cultura, etc.
Se muchas cosas al respecto pero ninguna de ellas me satisface a la hora de entender la tragedia que aconteció en Tolosa.
En este mundo suceden eventos que escapan a nuestro entendimiento y esta característica cultural es el origen de nuestra angustia y de nuestro temor.
CONCLUSION FINAL.
Como dije al principio, no llego a una conclusión que me agrade, que me satisfaga. Sigue primando en mí esos sentimientos que nos hacen ser una organización social, que me hacen ser partícipe de este mundo en que vivimos todos.
Dos de esos todos son actores de una tragedia, Tolosa, ¿o todos lo somos?
Una respuesta puede estar en la escuela estoica. El estoicismo enseñaba a aceptar la realidad tal cual ella se presenta a la vida del Ser. El estoico no practica la hybris, no hay desmesura en su accionar y la vida, según los estoicos, sigue un curso natural tal como lo quieren los dioses. El estoicismo ideal niega la tragedia porque impugna la hybris. Pero el estoicismo no produce cambios. La desmesura suele producirlos, no siempre en forma positiva. La vida del hombre tiende más a la desmesura que al estoicismo
El mundo en que vivimos no es estoico, sino su contrario. Nietzsche abogaría por lo dionisíaco de este mundo.
El mundo en que vivimos es un mundo donde la racionalidad instrumental pretende dominar lo ente. En este intento olvida al Ser. Al olvidar al Ser está expuesta a la hybris casi permanentemente. El Ser ya no encuentra el rumbo para su existencia y se engaña en el consumismo como remedo de ésta última. Al hacerlo, la tragedia encuentra mayores posibilidades de emerger.
En un mundo donde no todos tienen la mismas posibilidades para desplegar las potencialidades del Ser y éste se encuentra sujetado por condicionamiento de clase, de etnia, de género, de nacimiento, de ingresos, etc., la tragedia señoreará y solo podremos dar buenos diagnósticos sociales, elaborar eficientes programas políticos para amortiguar los efectos de la vulnerabilidad social pero no evitaremos todas las posibilidades para que la tragedia no emerja.
Si vamos a debatir sobre los homicidios a manos de menores debemos tener en cuenta lo dicho en relación a la edad -sobre todo la edad cronológica- y a las condiciones de vida existenciales que nos hacen ser Seres-sujetados singulares. Quizás descubramos, en armonía con la ideología garantista en relación a la imputabilidad de los menores, que muchos de ellos son condenados al momento de nacer y que la justicia debería empezar asegurando las mismas posibilidades para todos los ciudadanos de un Estado. Esta sería la finalidad de la política y su justificación.
Pero me sigue quedando en la boca ese gusto a poco, a que no digo nada nuevo, a que todos ya sabemos lo que sabemos. ¿Será el estoicismo la respuesta? Se que el autoritarismo no lo es por eso me enrolo en la ideología garantista, pero, al enrolarme, no logro despejar mis dudas.
Lo que sucedió en Tolosa es una tragedia como las que se están desplegando en todo el mundo moderno. La tragedia de mañana se está gestando hoy día en una villa argentina, en una favela brasilera, en un palacio en Francia, en un penthouse en la Recoleta.
Si el hombre no rescata su Ser de la enajenación que le presenta este mundo racional instrumental, si se deja atrapar por las “cosas” tan solo por lo efímero que le promete el consumo, adoptará la hybris y estará condenado a la tragedia.
Los dioses en el Olimpo lo saben desde siempre.
Munro-Florida Enero 2011.
Ignoro si nuestra existecia es trágica o cómica, si lo imponderable o los hados nos gobiernan.
ResponderEliminarLo que sé es que ante cada uno de estos trágicos episodios (dejo a quién, que con más voluntad y mejor sabiduría, se dedique a buscarlos)gran parte de la sociedad y de sus medios represantivos (o que les dicen a ésa sociedad qué pensar y qué no)se dedican a aullar por más bala, más cárcel y más muerte.
Se reprocha la irreprochable protección de la Constitución y se nos tilda de "garantistas" como si ello fuera un insulto.
Los políticos le mienten a la gente que bajando la edad, que poníendo más énfasis en el castigo la cosa se arregla... por obra y gracia del miedo.
La mente de derecha parece tener como único motor el miedo.
El miedo del otro, el miedo del pobre, el miedo del joven.
El miedo del malo por el desproporcionado castigo no impide que las cárceles de EEUU estallen (allá por traficar la misma droga que ellos financian te dan trescientos cincuenta años, sin que todos esos años hayan mermado la venta o el consumo).
El miedo del malo por el desproporcionado castigo no va a acorbadar al desesperado, al desclasado, al truhán a la hora de robarse la enorme cuatro por cuatro que tanto te costó comprar y que apenas cabe en tu garage de tu casa en tu rincón más privilegiado de tu barrio de origen proleta.
El miedo desproporcionado de pedir más policías, más gendarmería, prefectura y, porqué no, el ejército o la fuerza aérea no te va a salvar la vida cuando en una sociedad del tener a cualquier precio viene alguien a reclamar su parte del botín.
Tampoco tengo receta alguna.
También sumo palabras inútiles a un debate malvado y tramposo.
También quiero (anhelo) que algún día, alguno de nosotros pueda contruir alguna solución para los problemas que nos aquejan.
Mientras tanto, debatimos.
Debatimos, que tan bien lo hacemos y que tan cómodo es.
Buenas noches.
Esta bien. La derecha, al proponer orden, construye una idealización de la realidad al igual que los "garantistas". Dentro de dicha idealización de la derecha, el miedo más trascendental es el más primitivo, el miedo a perder la vida. La derecha, mediante este miedo, ha instituido su idealización y sabemos, por los ejemplos que mencionas, que es ineficaz, no cumple los objetivos que se propone. No sirve.
ResponderEliminarPero, no hay una solución que cumpla tu anhelo. Lo siento. En un "mundo ideal" habría "problemas" por que los "problemas" no existen, nosotros somos los que los definimos. Los "problemas sociales", que es una metáfora de los fenómenos sociales y que es un concepto mucho mas explícito, por que refiere a lo evidente, irrefutable; son institucionalizados desde "arriba", desde el poder. Así como el delito producido por menores es un "problema social" para la derecha, el hambre en Misiones no lo es, es un "problema" de los misioneros con hambre y de aquellos que se preocupan en solucionarlo.
El Estado y la Sociedad Civil debemos tomar cartas en el asunto, pero este tipo de sociedad no provee los caminos para ello, más bien, los obtura. Se llama a la movilización, a la participación, pero se bloquean los accesos para acceder a las verdaderas organizaciones políticas que deciden las vías de acción.
El debate, es necesario. No es cuestión de aplicar por que sí, instrumentos punitivos o no punitivos en el caso evidente, irrefutable, de cierto tipo de violencia. Es de tal complejidad el fenómeno del delito y de la minoridad que la sola enunciación debiera precavernos, no atemorizarnos.
Sigamos debatiendo, conociendonos, expresando nuestras ideas en la forma que querramos sabiendo que tenemos a un Otro con el que compartimos el mundo y que puedo entenderme y coincidir en puntos básicos. Es una forma de hacer que, coordinada y llevada a la acción, puede ser revolucionaria.