A PRINCIPIO DE SIGLO la república Argentina vivía un fenómeno social muy intenso. La Pampa húmeda se sembraba de cereales para la exportación. El país estaba en paz y el proyecto agroexportador de la llamada Generación del ’80 se imponía con éxito en el territorio cultivable de la nación.
Nuestro extenso territorio necesitó brazos capacitados para poder plantar y cosechar y estos no se encontraban en este despoblado país. Comenzó a producirse lo que se conocerá posteriormente como el aluvión inmigratorio.
Grandes masas de campesinos, preferentemente europeos, vieron en América la posibilidad de salir de la pobreza y el hambre que asolaba a sus países de origen. Miles de polacos, italianos, ucranianos, alemanes, etc. se subieron a los barcos y viajaron con un pequeño atadito de ropa y muchas ilusiones hacia el continente americano. Muchos de ellos volverían a Europa con el fruto de su esfuerzo, pero otros, quizás los más jóvenes, se quedaron en el país conformando una población gringa donde lo que predominaba era la heterogeneidad y la diversidad cultural aunque, a decir verdad, también primaba una identidad europea.
A estos trabajadores rurales fluctuantes se los conocía comúnmente como braceros golondrinas por la temporalidad en la modalidad de trabajo. Los actuales golondrinas provienen en la actualidad de los países limítrofes y de algunas provincias argentinas. Tal es el caso de paraguayos, chilenos, bolivianos y también patagónicos, correntinos, santiagueños, etc.
Según algunas estimaciones oficiales en 1936 había alrededor de 350.000 individuos con esta especialidad pero estos datos son puestos en duda por investigadores dedicados al tema.
Argentina tomaba un nuevo impulso a principios de siglo y el campo era el propulsor.
Linyeras y Crotos.
Muchos de estos jóvenes trabajadores rurales inmigrantes y criollos comenzaron a viajar por toda la línea del ferrocarril sin más equipaje que un atado de ropa y algunos menesteres. Se llamó linyeras a los trabajadores rurales que viajaban en los trenes de carga. Al parecer existe un vocablo piamontés linghería que quiere decir ropa blanca y el que daría origen al término aludido.
En 1920 el gobernador radical de la provincia de Buenos Aires, José Camilo Crotto, permitió a estos trabajadores golondrinas viajar gratis en los trenes de carga cuando iban a hacer la cosecha transmitiéndoles involuntariamente su nombre. Linyera y croto, dos nombres para un mismo personaje.
Los crotos vivieron en la vía, es decir, su hinterland lo conformaba el complejo económico cultural del ferrocarril. Sobrevivían con lo que extraían de la vía. Se organizaban en ranchadas, alrededor de un fuego y compartían sus alimentos cuando la ocasión así lo requería. El fuego era el centro de la ranchada determinando un uso ritual del fogón muy común, por otra parte, en aquellas culturas nómades y al aire libre. Es muy interesante hacer notar el fenómeno de la conformación de los grupos marginales a lo establecido en lo que se denomina la ranchada. Los soldados, los presos, los grupos de esquina, etc. llaman ranchada o rancho a ese grupo en donde se establecen fuertes lazos de solidaridad y de identidad. Estos lazos si bien son fuertes y funcionales al grupo, no necesariamente son armónicos ni impera la paz. Dentro de ellos prevalece, como estrategia de sobrevivencia, la armonía pero puede estar el conflicto en forma latente. Dentro de estos ranchos hay liderazgos y rivalidades establecidas y que son susceptibles de observación e interpretación. Otro elemento a destacar es el fuego. Ubicado en el centro de la reunión, conforma una especie de ombligo que puede tener reminiscencias cósmicas. Diferentes culturas, han desarrollado concepciones umbiculares situando en su territorio lo que se ha denominado “el centro del mundo”. Por ejemplo, el Cuzco, era efectivamente el centro del mundo en la cosmogonía Inca. Tenotchtitlan lo mismo para los aztecas y podríamos mencionar a Roma, al Vaticano y encontraríamos alguna analogía en el Islam y en otras religiones. Lo que quiero destacar es que el fuego en el centro de una reunión entre seres humanos no es únicamente casualidad o necesidad de calor. Tiene reminiscencias, repito, de tipo cósmicas y de profundo sentido cultural. Quizás, el psicoanálisis pueda hacer interpretaciones mucho mas claras que las mías.
La actividad crotil era netamente masculina, no había crotos mujeres y, obviamente, la vida familiar era casi imposible. Su alimentación o bien provenía de la caza (liebres, peludos, aves) o de la recolección. En esa época, el país estaba con los graneros repletos de granos de trigo, maíz, etc. Siempre había posibilidad de tener algunas bolsas de cereales esperando en los galpones del ferrocarril su embarque hacia el puerto y, con un poco de agua y algo de carne, se hacía el guiso.
Elementos del linyera/croto.
Mono o linghería.
Era el elemento imprescindible del croto. Lo armaba con una bolsa, generalmente de las de trigo. Abierta en sus costuras, lo que daba un lienzo cuadrado de arpillera. Extendido sobre el suelo, doblaba y colocaba en diagonal unos pantalones en mejor estado, un poncho o frazadas o mas frecuentemente bolsas de maíz que harían de abrigo y podía ser abandonada en algún alambrado, aligerando la carga, cuando la tibieza de la primavera la volviera prescindible. Es el famoso atadito de ropa con que salen las caricaturas de los crotos aunque un poco más sofisticada.
Bagayera
Era una bolsita de lona y también podía ser de arpillera. Contenía una ollita dentro de la que, como si fueran cajas chinas, se ponía un plato de lata, sobre el la pava y dentro de la pava la calabaza, jarro o tarrito que sirviera para tomar el mate, infaltable en la bagayera de un linye. También tenedor, cuchara, bombilla y un cucharón con el mango recortado para que ocupe menos lugar. El cuchillo siempre se llevaba en la cintura. La tapa de la olla se aseguraba con una soguita para que no se desplazara. En los espacios que quedaban se acomodaba el paquete con la yerba, el azúcar, si había, el café, la sal, etc. y los restos de comida que hubieran sobrado del día anterior.
Bandolión.
Era una lata de 20 litros de forma cuadrada cortada por la mita. Oficiaba de balde y de olla cuando los comensales del rancho eran muchos. De su forma cuadrada, similar al bandoneón, tomó su nombre. Quién lo poseía denotaba tener vía de largo tiempo.
Fierrito asador
Era una pieza vital y también denotaba que quien lo poseía era un linye permanente en la vía. Consistía en una planchuela de unos 3 cm. de ancho por unos 40/50 cm. de largo, con una punta muy aguzada y doblada en su extremo y que tenía varios fines, empuñadura, gancho para colgar la carne o la pava y era, también, un arma defensiva del croto. Como hemos mencionado, no todo eran rosas en las noches de la Pampa.
Los crotos se dividían a si mismos en:
a- Crotos de juntada: Eran aquellos que temporalmente vivían como crotos. Posiblemente tuvieran familia en algún lugar del país o del mundo. Eran los golondrinas propiamente dichos. Su especialidad laboral requería menor instrucción y calificación. Desarrollaban trabajos donde se necesitaba fuerza física como hombrear bolsas, mover pesos. Se los conoció también con el nombre de saqueteros.
b- Crotos de vía: Para estos, la vida crotil era un objetivo no un medio. Vivían permanentemente en la vía. Posiblemente tuvieron un mayor nivel de instrucción. Muchos de ellos sabían leer y escribir. Algunos investigadores sociales recogieron valiosos testimonios de estos individuos. En algunos monos se guardaba obras como La Carta Gaucha de un tal Juan Crusao, el Martín Fierro y los textos de los clásicos anarquistas; Bakunin, Proudhon entre otros lo que hace suponer que o bien eran militantes libertarios exilados, sobre todo los alemanes, ucranianos, italianos o que las doctrinas del anarco sindicalismo circulaban con asiduidad entre la población rural de principios de siglo. Hay algunos testimonios históricos, como las huelgas en la Patagonia o en el Chaco y en los ingenios zafreros, tabacaleros, etc. que apoyarían esta tesis pero, hasta la fecha, es de difícil confirmación. Sí sabemos del auge de estas ideas en sectores inmigrantes asentados sobre todo en la boca del riachuelo pero estos no eran linyes, su extracción de clase era eminentemente obrera y proletaria. Con respecto a La Carta Gaucha y Juan Crusao, colijo que puede haber sido una especie de manifiesto libertario y su autor permanece en el anonimato ya que seguramente es un seudónimo. El croto de vía es el prototipo del croto. Independiente, ilustrado, utópico y solitario quizás viviera su propia vida como pregonaban los textos anarquistas.
Especialidad del linyera.
Los linyeras tenían algunas especialidades en lo concerniente a la reproducción cotidiana, es decir, varias formas de suministrarse el sustento diario. En épocas donde no se podía cosechar, vivían de lo que podían cazar o pescar y a veces la misma gente de los pueblos les daban comida. Otros vivían de su trabajo.
a- Croto de oficio: Eran los que tenían mayor nivel de instrucción. Eran tacheros, paragüeros, cerrajeros, mecánicos. Formaban parte de los linyes de vía. Gustaban quedarse algún tiempo en el pueblo y luego desaparecían.
b- Croto saquetero: Estibador de bolsas. Su especialidad era el estibaje de bolsas de cereal. Don Benito Quinquela Martin nos ha dejado plasmado en su obra el trabajo de estos saqueteros. Se los ve subiendo esas especies de pirámides escalonadas con las bolsas de arpilleras repletas de cereal sobre sus hombros. Se apilaban a uña, es decir, tomando las bolsas ya apiladas previamente como peldaños. Eran preferentemente linyes de juntada.
c- Croto carretel: Cuando el linyera llegaba a cierta edad y gracias a las delicias de una buena comida cocinada por una mujer agradable o porque sus huesos no soportaban más la humedad del campo, se asentaba en un pueblo. Conseguía un caballo y un carro, de ahí la denominación de carretel, y se dedicaba a lo que, posteriormente se conocerá como cirujeo. Algunos informantes hablan de carreteles que ingresaban a los campos y juntaban osamentas o cazaban animales silvestres. Estos linyes eran acompañados por muchos perros lo que contrastaba con la soledad de los crotos de vía. También se conocieron crotos montados, sin carro, que se los llamaba guardahilo y se los denominó así, por que deambulaban al lado de la vía, por donde iba el hilo del telégrafo. El carretel y el guardahilo son dos ejemplos de crotos montados. Cuando un croto llegaba a caballo denotaba un status entre la gente del lugar debido a la significación del caballo y su configuración cultural en la población rural. Debemos hacer notar que, a veces, la investigación histórica nos provee de datos acerca de cuestiones que, inicialmente no estaban en nuestros intereses específicos, y que nos ilustran sobre otras cuestiones. Este es el caso de los carreteles ya que el hecho de ser un linyera y poseer un caballo y un carro, denota de alguna manera indirecta, la bonanza económica que existía en esa época proveniente, seguramente, de la renta cerealera. Es como si en la actualidad los cirujas de la ciudad salieran a realizar su trabajo munidos de una moderna camioneta. Además nos muestra que atrás de la decisión de hacerse linyera no había únicamente una imposición económica sino quizás, y es lo que venimos sosteniendo en este escrito, una elección de vida.
Las transformaciones ocurridas en las décadas posteriores modificaron las condiciones de vida de estos individuos. La necesidad le ganó a la bohemia y el progreso frenó el nomadismo de los crotos. La Argentina ya no exportaba tanto cereal y el trabajo rural se fue descalificando y ya no suministraba ni lo mas indispensable para la sobrevivencia. La migración hacia la ciudad se realizaba a costa de la población rural. Argentina se industrializaba y la vida del croto no podía seguir mas. La dinámica de la industrialización de impondría sobre la estructura del país modificándolo para siempre.
Hoy ya casi no quedan crotos. Los últimos deben sobrevivir en algún lugar apartado de Argentina quizás rememorando los días de juventud cuando los linyes de vía se juntaban y hacían rancho junto con otros crotos y hablaban de arreglar el mundo, de la guerra europea, de la libertad, de la revolución. Muchos de ellos sufrieron un proceso de lumpenización y se hicieron cirujas, botelleros, cartoneros conformando un fenómeno de creciente pauperización. La ciudad moderna, industrial, cosmopolita no ve con buenos ojos a estos individuos. Los aparta de su vista o sencillamente los niega. Los suburbios de las ciudades, las grandes terminales del transporte y los puertos son los hábitats de estas personas. La conciencia colectiva descarga sobre ellos sus miedos, sus frustraciones conviertiéndolos y representándoselos como subhumanos sin sentimientos ni moral y, en consecuencia, responsables de crímenes atroces y horribles delitos. Se observa un creciente fenómeno en la ciudad de Buenos Aires de muchos ancianos que vagan en las calles sobreviviendo con lo que pueden recolectar. Son los viejos cirujas que tanto nos estamos acostumbrando a ver.
Sin embargo, el hombre es un ser excepcional. Al lado de alguna vía, por la que quizás nunca, mas pase un tren, se encontrará un croto calentando un poco del guiso carretero. Alrededor del fuego y con el cielo como techo, estará leyendo los dichos del Viejo Vizcacha o el Fogón del Viejo varela o las obra de Kropotkine o Durruti pensando que aún es posible una vida plena en entera libertad.
Febrero 1992.
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