“La miseria es jerárquica, el smog es democrático”
Ulric Beck
EL PROBLEMA QUE se plantea en la actualidad es el surgimiento de nuevos riesgos difíciles de predecir. No son reductibles a una lógica racional ni pueden ser sometidos al cálculo probabilístico. No son estrictamente riesgos sino posibilidades nefastas y no existen recaudos para ello o bien por desconocimiento del problema o por la desarticulación adrede de las dimensiones comunitarias y sociales que la humanidad se ha dado a lo largo de su historia.
Este tipo de riesgo, se asocia íntimamente con la noción de peligro. El peligro ya no esta definido por la invasión al territorio (aunque si debo ser estricto, sigue siendo posible la guerra), ni por las pestes o las hambrunas. Los nuevos peligros que se generan desde la sociedad Moderna actual no son todavía conocidos en su peligrosidad. Parece ser que el interés rentístico puesto en acto por los propietarios de la riqueza a nivel mundial, fortalece la emergencia de estos peligros cuyo ejemplo mas patente está dado por la contaminación ambiental y la producción de alimentos peligrosos para el consumo humano y que se venden en las góndolas de los supermercados mas importantes y de mayor ganancia disfrazados con el ropaje astuto de la publicidad. La ciencia, sobre todo las llamadas ciencias exactas, son cómplices de este engaño al no poder establecer claramente los peligros que entraña la ingesta de alimentos tratados con tóxicos, la fabricación de juguetes para niños con materiales venenosos, la producción de energía nuclear y su secuela de radioactividad, la deforestación cruel y sin planificación, la dilapidación de los recursos no renovables, la pesca indiscriminada, etc. Este tipo de peligro, si bien afecta diferencialmente a los estratos sociales definidos según ingresos y su posición en la estructura productiva de una sociedad (las “clases”), posee un ingrediente nuevo que no existía antaño. Este nuevo ingrediente es una especie de “democratización” del riesgo y del peligro que hace que ya uno no se sienta “seguro” ni siquiera en su castillo fortificado. La proliferación de asaltos en los country, los secuestros extorsivos, las enfermedades contraídas por mala praxis (en operaciones de cirugía estética), las inundaciones que se desatan por la falta de inversión en infraestructura, la explosión de centrales nucleares, la lluvia ácida, los malos medicamentos, etc., afectan a la mayoría de las personas que habitamos este mundo. Ya no hay lugares “seguros”, todo el espacio planetario parece ser una especie de tierra de riesgos. Ni siquiera los desiertos son hoy un seguro contra los riesgos. Los países más contaminados son los más ricos y pretenden extender esa contaminación a los países más pobres para continuar con su proceso de acumulación y utilizar las enormes ganancias. En estos pobres países, los más ricos no respetan las leyes. Hay una especie de “doble estándar”; lo que no se puede hacer en el país de origen por que contamina o explota al trabajador, se puede hacer en los países subdesarrollados por poco dinero. Los países ricos exportan, de esta manera, sus riesgos y sus peligros a nuestros países despreocupándose de las consecuencias, que serán sentidas a nivel planetario, que ellos mismos producen. La ciencia aliada a estos intereses, intenta legitimar estas inversiones aduciendo que no se sabe que pasará o que los efectos contaminantes serán reducidos y no afectarán seriamente a la salud de la población. El ejemplo de las pasteras Botnia y Ence en el río Uruguay son un ejemplo.
Evidentemente, el hombre vive inserto en un entramado social del que se siente parte. Esta inserción participativa es también una modalidad, aunque atenuada, de protección. La dilución de estos marcos protectores y su sustitución por los derechos sociales de hecho son complementarias adjudicándole a los derechos de hecho un plus de poder. Este plus está en estrecha relación con la producción de ciudadanía. Entiendo a ésta, no como una sumatoria de derechos según la definición más clásica, sino como una acción social con sentido que recupera la soberanía popular y es, además, una forma de control del poder.
La dilución de estos marcos políticos protectores que se encontraban ejemplificados en las relaciones de proximidad y en los derechos sociales, puede aumentar la incertidumbre de las personas con respecto a su futuro y movilizarlas hacia la vehemente solicitud de protección a los Estados. De esta manera, es posible pensar en un agudizamiento de la conflictividad social toda vez que se esclarecen las demandas y la toma de conciencia acerca de la participación y la responsabilidad social tanto de los desposeídos y vulnerables como así también de los que detentan el poder. El debilitamiento de las antiguas protecciones y la desaparición de las nuevas en virtud de la imposición de un modelo neoliberal conservador que se desentiende de lo que produce en términos de pauperismo y vulnerabilidad, puede producir un sentimiento de impotencia ante las nuevas amenazas surgidas de la imposición del modelo político mencionado y que se concretan en la idea de riesgo y de peligro. La dilución de la ciudadanía como hecho social y su sustitución por estatutos dudosos que la suplantan por ese híbrido jurídico que se patentiza en los derechos del consumidor o usuarios, puede aumentar la incertidumbre sobre las nuevas amenazas de la sociedad, concretadas en el desempleo masivo, la contaminación del medio ambiente y las diversas inseguridades (civil, jurídica, sociales, etc.). De esta manera, es posible asistir a nuevas formas de conflictividad social que no logran incorporarse a la agenda gubernamental y no encontraran marcos de resolución democráticas. El peligro que se presenta para la República Democrática es justamente el descreimiento de esta forma de organización sociopolítica y al no encontrar respuestas a las demandas planteadas, demandas que se justifican por la concreción de derechos consagrados por una Constitución Nacional, se allana el camino para el surgimiento de nuevas propuestas políticas que, despreocupándose del verdadero problema social que se ha generado, hace propuestas demagógicas e inimplementables pero que logran cautivar al electorado con proposiciones seductoras mas parecidas a publicidades de cosméticos que a planes concretos de implementación política. Los nuevos dirigentes, patentizados nuevamente en el ideario neoliberal conservador, pueden lograr el poder por medio del voto y profundizar la crisis y, al mismo tiempo, no solo amplificar los riesgos sino diversificarlos.
Existe una relación muy estrecha entre la proliferación de los nuevos riesgos y la desarticulación tanto del Estado Social como de las estructuras comunitarias más tradicionales. Con el advenimiento de los nuevos riesgos y los peligros, el sujeto se encuentra solo agudizándose el proceso de individualización. Este proceso determinará una privatización y una individualización de los seguros perdiendo su carácter colectivo y su eficacia. El sujeto devenido individuo, debe proveerse él mismo su seguridad. El manejo de los riesgos, dejará de ser una empresa colectiva y se transformará en una empresa individual, privada y privatizada y, además, tendrá pocas posibilidades para ser ejercida. Una persona puede pagar su seguro toda la vida pero, al momento de usarlo, se ponderan trabas técnicas que ayudaran a que la empresa aseguradora, incluso el Estado, encuentre los vericuetos para no cumplir con lo que prometió. Una prueba patente está en la salud. Las empresas de salud prefieren asociar a personas sanas que a aquellos que puedan padecer algún tipo de enfermedad pues saben que estos les restaran rentabilidad. Pero, si lo asocian, no cumplirán con la parte del contrato que las obligaría a darles las prestaciones por la que se ha pagado. Se cobra un vale, se hacen menos estudios de los que se debieran, etc., conformando una estafa a los que legítimamente reclaman por lo pagado. Vaya negocio el de una empresa de salud que solo asocia varones jóvenes sanos y que cuando estos se enferman son remisos a cumplir por lo que se ha pagado. Si el contrato es por capita, se harán menos estudios que los recomendados. Si el contrato es por prestación, se puede solicitar una tomografía computada para un sencillo dolor de muelas. Lo importante no es cumplir con lo pactado sino que “las cuentas cierren” incluso sacrificando la salud de sus asociados. El individuo, sustento simbólico del sistema Moderno, es abandonado y aislado a sus propias fuerzas y recursos pero sostiene con su trabajo y participación a todo el sistema que no lo respeta y considera como tal. El contrato, esa institución tan cara a la ideología liberal, no es cumplido por los que tienen el poder configurando una nueva paradoja más que nos retrotrae a los inicios históricos de la Modernidad.
La producción de riesgos, característica de la sociedad industrial, parece atravesar las clases sociales en una especia de “democratización” de los riesgos pero exámenes mas profundos revelan que no es tan así. Podemos pensar que la contaminación ambiental de una región puede afectar indistintamente a todos los sujetos que la habitan pero, las clases de mayor poder adquisitivo podrían poner en marcha algunos recursos para amortiguar los efectos perjudiciales de esa contaminación comprando mejores filtros para el agua o directamente agua embotellada en otras regiones. Pero también es cierto que hay otros tipos de riesgos que sí los pueden afectar como la explosión de una usina nuclear o la fuga de escapes tóxicos de fábricas que se encuentran relativamente lejos pero que con los vientos pueden llevar nubes tóxicas. Otro tipo de riesgos que afectarían a las clases de altos ingresos están representados por los vaivenes financieros o incluso la confiscación de depósitos bancarios (corralito). De tal manera que, la lógica de la distribución de los riesgos, mas allá de las particularidades enunciadas, siguen un camino inverso a la lógica de la distribución de la riqueza. Esta característica profundiza aún más la inequidad social por que permite, por omisión del Estado o por una traslación que realiza la gestión racional del mercado llevando a las regiones subdesarrolladas lo que no permiten instalar en los países de origen, que la vulnerabilidad emerja en aquellos sectores desprotegidos en tanto que los sectores que se pueden apropiar de una parte importante de la renta, estén en mejores condiciones de protegerse de estos riesgos. Pero la lógica, es una lógica maniquea por que si bien lo enunciado es correcto, no sabemos bien como terminará todo este proceso contaminador que produce la sociedad postindustrial mercantilista. Quizás lo que hoy es “seguro” mañana no lo sea tanto añadiendo al futuro próximo una cuota de riesgos que podrían ser exceptuados.
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