La sociedad posmoderna, producto del posindustrialismo, es también, la sociedad de la información. La proliferación de medios de comunicación radiales, escritos, televisivos y la Internet posibilitan que la mayoría de los sujetos que habitan este planeta puedan acceder a un tipo de información que denominaré estandarizada (IE) para diferenciarla de otro tipo de información; es decir, hago esta simple clasificación para diferenciar la información provenientes de fuentes formales e informales como la escuela, la familia, el grupo de pares, el barrio, etc., de la IE que es la que transmiten los llamados Medios Masivos de Comunicación (MMC) comúnmente llamados en la jerga académica mass media. Los MMC, entonces, son los que transmiten la IE.
La disciplina que se encarga de producir la IE, que circula por los MMC, es el periodismo. Este, como una disciplina nacida desde el corazón de la literatura a fines del siglo XVIII y principios del XIX en Europa y en América (No olvidemos a Moreno quien en 1810 fundara la Gazeta de Buenos Ayres) tenía por objeto difundir las ideas que comenzaban a formar parte de la actualidad que, como bien sabemos, es una de las dimensiones de la Modernidad. La sociedad moderna, con su permanente cambio descubre la actualidad justamente a partir de los cambios. En las sociedades tradicionales los cambios son pocos y la actualidad estaba reglada mediante unos pocos ritos y ceremonias mucho mas ligada a los calendarios agrícolas o religiosos, en cambio, con la modernidad y las transformaciones sociales que ella ha traído aparejada, el permanente cambio se instaura como la actualidad. El pasado pierde parte de su función y es reemplazado por un presente continuo.
Con el cambio del paradigma político y económico expresado principalmente por la Ilustración y la Enciclopedia, la sociedad se va transformando de absolutista y monárquica en democrática y capitalista. El periodismo nace con la intención de difundir y transmitir a toda la población las ideas y los eventos que estaban transformando la sociedad desde una mirada crítica. Basta leer los títulos de la época que menciono para darnos cuenta la importancia que se le daba a la actualidad y al lenguaje para expresarlo. Lo que sucedía en el día cobra su importancia en las palabras impresas en los diarios y folletines. La “noticia” es sinónimo de novedad y esto refiere a la actualidad. A guisa de ejemplo de lo que fue el periodismo al que me estoy refiriendo, sólo me cabe mencionar a Émile Zola y su “Yo acuso” publicado a fines del siglo XIX en relación al llamado affaire Dreyfuss.
En síntesis, el periodismo político nace de la mano de la democracia con la intención de describir críticamente la nueva realidad cotidiana que se estaba instalando en la sociedad y difundirla a todos los hombres que la componían.
Con el desarrollo de la sociedad de consumo, propia del sistema capitalista y la derrota de las vertientes jacobinas y revolucionarias del pensamiento social (las revoluciones obreras de 1848 y la Comuna de Paris de 1871) se siente el impacto que estas derrotas produjeron para el desarrollo de una democracia participativa. Junto con estas derrotas y el triunfo del capitalismo, la solidaridad, la fraternidad y la libertad dejaran de ser utopías a perseguir y se convertirán en fetiches proclives al negocio.
Cuando el periodismo se transforma en una industria, la Industria Cultural que magistralmente han analizado Horkheimer y Adorno en su libro “La dialéctica del Iluminismo”, cambiará de objetivo y su primer interés será entonces, ser un negocio. En este punto deja de ser lo que fue y se transforma en un show de noticias ya que es el formato que mas le conviene y en donde se siente más cómodo. Vuelvo a mencionar cómo la sociedad moderna y posmoderna hace una industria de lo cultural, esta industria encuentra en el formato del show business su modelo.
Digo, no es que esto lo supimos hace unos pocos años o con la publicación de Herbert Marshall Mc Luhan y su “Aldea Global” sino que a partir del incidente Dreyfuss y la utilización del Estado Nazi, -especialmente Goebbels inspirado en “La guerra de los mundos” de H. Wells publicada en 1898 y adaptada y transmitida por radio por el otro Wells, Orson en 1938 en USA-, los MMC creyeron que poseían un poder tal que podían construir una realidad que los favoreciera ya no en lo político, aunque esto nunca dejaron de tenerlo en cuenta, sino que favoreciera sus intereses económicos. A partir de esta convicción, se dejó de lado la descripción de la realidad y su difusión y de lo que se trato es de negocios, nada más que negocios. El periodismo, para utilizar una expresión de Max Weber, deja de ser una vocación y se transforma en una profesión.
El periodismo abandona entonces su objetivo originario y se transforma en un negocio más en una sociedad de consumo mutando hacia el show, hacia el show televisivo, el show radial o el show escrito. Ya no es importante realizar una investigación periodística sino hacer comentarios, emitir una opinión como si el comentario y la opinión tuvieran el mismo estatus epistemológico que la reflexión fundada o las hipótesis demostradas o los argumentos lógica, coherente y pertinentemente realizados. De tal manera que el periodismo nacido al calor de una potencia revolucionaria ideológica, se transforma con el desarrollo de la sociedad de consumo, en un fabuloso negocio despreocupándose de lo que fue su objetivo original.
Pero esto no sería tan grave ya que el capitalismo tiene la capacidad de transformar todo en un fetiche; el problema mayor que presenta la mutación del periodismo es el engaño. La mentira transforma al periodismo en una estafa y cobra mayor relevancia cuando las organizaciones periodísticas tienden a concentrarse de tal manera que conforman monopolios informativos y distribuyen la información según sus intereses y esta es la tragedia que menciono y que nos ha traído esta mutación.
El saber en forma de IE transmitida por los MMC, al consolidarse los monopolios titulares de las licencias para ello, deja de ser un saber y se transforma en un dispositivo de poder y deja el ámbito literario para ingresar a la arena política. La IE es el producto que los monopolios de la comunicación utilizan para fortalecer esos dispositivos de poder que solo los tiene a ellos como ganadores y para ello utilizan la mentira, el engaño, el show, etc. Todo es posible en el mundo de los MMC, lo que se dice hoy, se contradice mañana y se vuelve a repetir pasado mañana. El ejemplo de ayer es el escarnio de hoy, el héroe de mañana será el traidor de pasado mañana y así sucesivamente. Y aún más; los MMC ya ni siquiera se preocupan por hacer investigaciones, solo hablan de sí mismos eternamente en un discurso reiterativo y aburrido copiándose mutuamente y repitiendo uno lo que dijo el otro. Todos conocen ejemplos de cómo algunos programas de TV “pescan” lo que hacen otros programas en otros canales y con ello hacen sus propios programas. Lo mismo podemos decir de algunos programas radiales que tienen como contenido lo que “levantan” de los diarios que no casualmente son propiedad de los monopolios que hablo. Como una serpiente que se come la cola, o como el perro que persigue neuróticamente su cola, la TV de los últimos años cada vez produce menos y repite o “chorea” más. Todo es un gran circo superficial, berreta y mentiroso donde vedettes ignotas disputan sus amoríos en horario de la tarde desplazando a otros intereses mucho más útiles a la sociedad. Como en un escenario discepoliano la realidad mundana se mezcla con la realidad del show business y ancianos travestis son utilizados egoístamente por algún conductor o enanos juegan al fútbol en una pista de hielo para reírnos de ellos cuando se caen o un periodista se indigna por la pobreza de los niños de la Puna mientras vende pomada hemorroidal que no le sirve ni siquiera para aliviar sus propias almorranas. La hipocresía se adueña de la pantalla, del dial y del papel y la palabra se prostituye por una fama que no es tal.
A los MMC, ahora monopolizados, no les interesa sus consumidores, solo les interesa que consuman y para ello le dan un producto de baja calidad y a precios exorbitantes. Por que se debe decir que el periodismo de la actualidad, salvo unas pocas excepciones, en Argentina o en España, en Suecia o China es un oficio venido muy a menos. No solo se escribe gramatical y semánticamente horrible sino que se miente descaradamente ya sea falseando la verdad u ocultándola, que a los efectos, es lo mismo. Pero esto no es inocente por que sino no estaría escribiendo esta breve reflexión.
Si el periodismo fuera inocente, sería una historieta o una novelesca y la consumiríamos como arte, como un divertimento pero no es así.
El periodismo en su intento de convertirse en un dispositivo de poder, pretende influir sobre la ciudadanía por fuera del circuito político formal, sujeto a controles y a una elección, y quiere erigirse como el constructor de una verdad inapelable e indiscutible. Al excluirse del campo político, puede operar por fuera de él y sostener una independencia mentirosa y evitar, así, la verdadera competencia política, el debate y los controles que todo sistema político admite. El periodismo así ejercido, no solo es cobarde sino que es reaccionario. Si pretenden hacer política, al menos deberían respetar los códigos políticos democráticos pero esto lo llevaría a asumir posiciones que se pueden volver en contra y se develaría la mascarada que ocultan sus intereses. Sumado a lo dicho, y fortaleciendo esta hipocresía, al no admitir controles y no tener Colegios de graduados o Consejos de profesionales, ya que APTRA no tiene por objetivo cumplir ese fin, no hay ninguna organización profesional que dicte las reglas éticas de la profesión de tal manera que cualquiera puede ejercerla sin matrícula y puede decir lo que se le ocurre sin por ello ser, al menos, criticado. La farsa es perfecta. Al no tener una organización que reglamente el ejercicio de la profesión, como sí la tienen la mayoría de las profesiones académicas, el periodismo se siente en la “libertad” de hacer lo que se le antoja, como han expresado en los últimos meses muchos periodistas televisivos en entrevistas, más parecidas a interrogatorios policiales, con funcionarios del gobierno. Cuando un periodista piensa que su trabajo es “incomodar” al funcionario de turno o cuando cree que puede titular la noticia como quiere falseando la realidad, se está alejando del espíritu con que se fundó el periodismo y que he descrito en las primeras líneas de esta reflexión.
Escudándose en el falso paradigma de la “libertad de expresión” o de la “libertad de prensa”, -falso por que cada libertad supone obligaciones y aquí lo que se quiere es no tener ninguna- están dispuestos a falsear la información si esa falsedad les es rentable económicamente primero y políticamente después. “Nunca dejes que la verdad impida la publicación de una buena noticia” es una frase que se le atribuye a un jefe de redacción de una revista devenido ahora en conductor televisivo.
El periodismo en la actualidad se ha convertido en un show y, como he dicho, esto por sí mismo no es necesariamente reprochable. Lo que le reprocho es su mentira y el ocultamiento de sus intereses económicos y políticos que se encuentran en las antípodas del bien social. A los monopolios periodísticos no les interesa la gente, por eso no muestran las imágenes de una guerra macabra (ya que la censura militar se los impide y sin embargo estos periodistas no dicen nada sobre ella), ni la verdadera corrupción, ni las verdaderas catástrofes ambientales por que si las mostraran podrían perder anunciantes y eso afectaría sus negocios.
El sueño de los MMC es poder construir la realidad, ser ellos mismos la realidad y este es un sueño imposible por que la realidad no es un producto que se puede vender o intercambiar como una mercancía más. La realidad, como bien ha estudiado la fenomenología y el existencialismo, es donde el Ser desarrolla su existencia temporal y espacial y en ella los MMC solo ocupan una pequeña parte. No hay estudios que comprueben que la publicidad influya tanto como para despojarnos de las creencias mas profundas que tenemos. Si esto fuera cierto, solo consumiríamos un tipo de gaseosa o fumaríamos una sola marca de cigarrillos y nos vestiríamos con una sola marca de pantalones. El ser humano siempre tiene la libertad de elegir, ergo, es nuestra libertad la que decide y no la “libertad” de ellos. A estos efectos, es recomendable leer los clásicos que desde Rousseau hasta Sartre fundamentan mejor que yo mis argumentos. Sin embargo, como estamos hechizados por el discurso de los MMC tendemos a creer que es así pero, en los momentos cruciales de nuestra vida, en los puntos límites adonde nos lleva el curso de nuestra vida, el discurso de los MMC y las recomendaciones de sus adláteres, pasan a segundo plano y nuestras decisiones son tomadas por nosotros en virtud de complejos mecanismos psíquicos y sociales en donde nuestra experiencia y nuestra educación formal e informal cobran su importancia. Cuando estamos enfermos seriamente, cuando nos envían a una guerra, cuando quedamos desocupados, recurrimos generalmente, a estrategias aprendidas por fuera del discurso de la IE ya que esta información se devela como ineficaz. Como ha dicho recientemente Ignacio Ramonet, director de Le Monde, “…hoy día la información desinforma”. Valga en el ejemplo mencionado, el respeto para este tipo de periodistas que no se sienten atraídos por ese canto de sirena, representado en los sobres recibidos, y mantienen su vocación de hacernos conocer la actualidad a partir de su erudición investigativa y su honestidad intelectual.
En síntesis; los MMC pretenden construir una realidad y no pueden comprender que solo son una parte de ella. A partir de esta pretensión intentan construir dispositivos de poder para que los beneficie a ellos mismos sin importar el costo que ese proceso puede traer para toda la sociedad. Bajo el lema de “libertad de expresión y de imprenta”, lema revolucionario del siglo XIX, han transformado esa libertad en una especie de libertinaje barato y berreta, aunque soy conciente que esta calificación me pertenece. Con la tendencia a la concentración de los medios la democracia se ve resentida y se le impide poseer un sentido que sea útil a toda la ciudadanía. Con la pretensión de describir y construir la realidad solamente la enmascaran maquillándola con las pinturas de la falsedad y el mal gusto. Con la pretensión de popularidad, destruyen el lenguaje prostituyendo las palabras por palabrejas sin sentido que ya no significan nada. Con la excusa de divertirnos e informarnos, creen anestesiarnos y evitar el pensamiento crítico. Pero no lo logran.
Cada vez somos más los que estamos cansados de trasnochados e hipócritas periodistas que se desgarran sus vestiduras por los niños secuestrados mientras ellos mismos son cómplices de los secuestradores, cada vez somos más los que cambiamos de canal cuando una periodista se autodefine como democrática pero sin embargo impide que su entrevistado pueda exponer sus ideas contrarias a la línea editorial del monopolio comunicacional. Cada vez somos más los que no creemos en los datos falsos con que cierto periodismo pretende demostrar su seriedad y “explicarnos” por que aumentan los alimentos cuando no aumentan ni los salarios, ni los impuestos ni los insumos básicos.
En fin, cada vez somos más lo que no creemos en sus prostituidas palabras.
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