miércoles, 9 de febrero de 2011

BUCHONAJE Y ALCAHUETERÍA. El periodismo amarillo.

EN UNA REPUBLICA DEMOCRATICA, el desarrollo del periodismo independiente es una posibilidad de información seria y puede colaborar con el control del poder junto con las otras instituciones republicanas tales como el juicio político, el impechment, la interpelación parlamentaria y la vieja institución del juicio de residencia. El periodismo serio, entonces, colabora generalmente para la construcción de un orden más justo y, quizás, de una sociedad más equitativa desde la creatividad, la inventiva y la honestidad intelectual.
Sin embargo, dejado el periodismo a la dinámica de las necesidades del mercado que solo ve en la rentabilidad, apropiada individualmente por los gerentes de las empresas periodísticas, su objetivo mas importante, difícilmente pueda cumplir el rol que debe y éste es ser una herramienta de información y, por ende, de control público y popular. El periodismo en busca del rating deja de ser periodismo para ser un show de noticias y, como show, lo que menos le interesa es ser esa herramienta de información y control que mencionáramos.
Tal es el caso del llamado “periodismo amarillo”.
Podemos definir a esta profesión como el intento de escarbar en las miserias humanas mas bajas con el solo objeto de conseguir rating, que se traducirá en dinero, a partir del aumento de las publicidades. Se sacrifica entonces una profesión loable a la menos loable tarea de recaudar dinero sin considerar los daños que pueda aparejar.
Es así, entonces, que esta clase de periodistas, muchos de ellos sin formación profesional, persiguen actrices que han engordado, fotografían personajes celebres padeciendo enfermedades terminales, se inmiscuyen en intimidades privadas de jugadores de fútbol, realizan cámaras ocultas a funcionarios de tercera, cuarta y hasta quinta línea que reciben sobornos para agilizar trámites para la obtención del carnet de conductor, fotografían a la actriz o actor del momento tomando sol desnudos, hacen guardia en la puerta de las viviendas de modelos tratando de captar vaya a saber que testimonio y hasta pueden llegar a producir accidentes mortales persiguiendo a una princesa que no tiene derecho a la intimidad.
Sumado a lo dicho, este tipo de personajes se erigen en representantes, sin haber sido votados, de la población expresando con sus palabras lo que debería opinar la gente e intentando incidir en sus gustos. Todo claro, en defensa de la libertad de imprenta que oculta, en realidad, que lo que se defiende no es la posibilidad de editar sin censura previa sino a la libre empresa para que esta sacrifique en la pira del mal gusto las verdaderas investigaciones periodísticas.
Es así entonces que asistimos a la crítica despiadada por parte de estos apologetas del mal gusto de todo aquello que les de rating sin importar si con ello arruinan vidas o carreras.
Pareciera ser que en los inicios del siglo XXI, todo puede ser justificado si se dice en la TV, en el periódico o en la radio. No importa la profundidad del pensamiento social, ni siquiera importa respetar las reglas de ortografía. Solo importa facturar y presentar, bajo un formato supuestamente profesional y ético, determinadas noticias impactantes que no se recordarán pasados los diez minutos de su publicación.
Este tipo de profesionales no son periodistas, son solo buchones y alcahuetes del poder que no tienen miramientos a la hora de sacrificar personas escudándose en la dudosa teoría de que ellos son representantes de la población. Se debería recordar que no solo no se presentan en la lucha electoral sino que, cuando lo han hecho, han sido derrotados o terminan sumando sus votos a partidos dudosamente democráticos.
No hay grandeza profesional en denunciar al pibe toxicómano que reparte pizza y cocaína o en fotografiar las nuevas tetas de siliconas que la vedette del momento se colocó para la próxima temporada de teatro. No hay grandeza en la persecución de perejiles de segunda línea. Al buchonaje y alcahuetería se le suma, ahora, la cobardía; por que es de cobardes el perseguir perejiles cuando los grandes capos reparten sonrisas ante la requisitoria de las cámaras y entregan abultados sobres con dinero para que los escribas puedan cambiar su camioneta 4 x 4. Es mucho más fácil perseguir a los perejiles que meterse con los verdaderos mafiosos.
Para terminar, quisiera recordar la frase de unos de estos pseudoperiodistas que, hablando con sus subordinados los instruyó:
“Nunca dejes que la verdad oculte una buena noticia”.

1 comentario:

  1. Hay un producto para cada consumidor.
    El periodismo buchón viene a sustituir o complementar, a hacer masivo el viejo arte de chusmear en la vereda.
    Hoy que las comadronas ya no salen a chusmear a la puerta, lo hacen a través de esa prensa especializada en programas de más éxito de la tv.
    Claro que son una bajeza, pero es una bajeza bien nuestra y atávica.

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