PUSO UN CD DE AC/DC EN EL equipo y llenó, por cuarta vez en la noche, su vaso de whisky. El sonido estridente de la Gibson SG penetró en su cerebro estimulando sus intoxicadas neuronas hasta reventar. Las pobres estaban siendo agredidas casi cotidianamente. El rock era lo más adecuado para él en este instante. !Pum! ¡Tcha! ¡Pum! ¡Tcha!. El cerebro rebotaba en la calota al ritmo de Angus Young. El papelito que había traído el peruano relucía en la mesita de fórmica, todavía tenía para unos pases más. Sorbió el primer trago de golpe ¡Gulp! y desparramó la merca sobre el espejito que tenía algunas incrustaciones de brillante estrás sobre un rústico marco de Epoxina. Con la tarjeta de crédito, anulada por falta de pago, peinó la línea que cada vez era más gruesa. Su irritada nariz no quería más pero él si. Con la Bic snifó la línea y nuevamente sus neuronas explotaron, no tanto como la primera vez, pero explotaron igual. Ahora sí. Otra vez el mundo era todo de él, aunque sea por diez minutos. Un tren arrollador, un poco menos potente que la primera vez, hacía sonar su bocina neumática anunciándole al mundo donde estaba dios. Todo es posible. Superman es un boludo. ¡Que sabía su mujer de la vida! La muy turra lo había abandonado harta de su dureza. Se llevó a los chicos y hasta tuvo el tupé de decirle que debía hacer un tratamiento. ¿Quién carajo se creía esa? Si después de todo ella no era nadie cuando la conoció. Él y solo él sabía hacer las cosas. El papelito con cocaína seguía al lado de su mano derecha y tuvo ganas de tomar otra vez. Peinó nuevamente otra línea más gruesa que la anterior y se la tomó de golpe. Ya su nariz goteaba y no era que estaba resfriado. El sabor amargo y anestésico de la frula le agradaba aunque, a veces, le sacaba algunas ampollas que lo molestaba durante algunos días. Sus dilatadas y vidriosas pupilas miraban sin ver lo pequeño de su encierro.
“El tiempo es veloz”, canta Lebon en un álbum olvidado pero, para él, es solamente una roca inamovible. Mira las agujas del reloj y éstas están detenidas. “Tengo que dejar de tomar” piensa pero no puede reprimir que, instintivamente, su mano derecha vuelva al whisky. Enciende un faso y lo fuma en cuatro pitadas. Ya no se banca a AC/DC “mejor pongo a The Cure”. Y otra vez se levanta hacia el equipo y cambia el CD. Son las dos AM y la vida es una mierda. “¿Por que se tuvo que ir la turra esa? ¿Acaso la trataba mal yo? Si yo no tomaba tanto, un poco los fines de semana ¿viste? es para estar mas pila, también con el laburo que tengo me puedo dar un recreo de tanto en tanto ¿no?”. Otra vez el vaso lleno y no tiene a nadie con quien conversar. “Mejor veo la televisión” y la sensación del placer se instala dos segundos. Enciende el aparato en cualquier canal, total nada le va a interesar. El aburrimiento comienza a metérsele adentro como la merca. Su rostro ya no sonríe, sus manos, agarrotadas, son apenas un remedo de instrumento humano. El papelito lleno del polvito blanco sigue encima de la mesa.
Rompe la piedra y peina otra vez, más gruesa que la anterior y se la toma más rápido. La botella de Criadores está por la mitad y el vaso ahora está lleno. Otro faso y el paquete de Marlboro está casi vacío “la puta que lo parió, voy a tener que salir con este frío a comprar fasos porque si no me muero”. Un locutor anodino le habla desde la pantalla pero el no escucha, ni siquiera sabe si es castellano. Su atribulado cerebro demanda y su cuerpo apenas responde. Cansinamente se levanta de esa silla que es como una prolongación rígida de su cuerpo y se dirige a la biblioteca donde tiene guardado los videos. Elige uno porno. Tratará de estimularse. Prende la videocasetera e introduce el cartucho de plástico por la abertura. Control remoto, canal 4, tecla FF y Play. Una pulposa vagina húmeda se estampa en su rostro y comienza a manosearse. “Que se vaya a la mierda la turra esa, si cree que la necesito para algo...” dice mientras se esfuerza por tener una erección. “la puta que lo repario, no se me para” piensa mientras la imagen de un médico con cara de sacerdote se le hace presente.
Como un flash se le aparece el recuerdo de aquella pelirroja que fuera su primer amor. Su corazón palpita a mil pero, no es por el recuerdo. La taquicardia es producida por el clorhidrato de cocaína que le acelera el pulso y algo más. El video porno sigue funcionando y el intenta tener una erección pero fracasa. La piedra sigue en la mesa de fórmica de la cocina y otra vez a peinar, esta vez más gruesa que la anterior.
Apaga la TV, ya nada le interesa. Tiene que salir a comprar fasos por que el Marlboro está vacío. “¡Donde mierda tenía yo fasos!” Revisa el cajón de la mesita de luz y no hay nada, busca en el cajón de la cocina y tampoco. Vuelve a la biblioteca y rescata un Parliament humedecido que se olvidaron en la última fiesta. Vuelve a la cocina y lo enciende. Toma otro vaso de whisky que sabe cada vez peor. El Criadores esta casi vacío. Ya no se banca más. Quisiera dormir pero no puede además, el papelito sigue encima de la mesa y, como en el cuento de Poe, el del corazón palpitante, es un golpeteo que se le incrusta en el medio del cerebro. Peina otra línea, mas gruesa que la anterior y la vida ya es una mierda “Esta frula que me vendieron no pega para nada, es puro corte, no le compro más al guacho ese” piensa mientras snifa con la Bic. “Debería tirar todo a la basura y comenzar de nuevo. Mañana dejo de tomar y hablaré con ella y le pediré perdón. ¡Si!. ¡Si! mañana dejo de tomar ya vas a ver” se miente por centésima vez en la vida y comienza a buscar en el cenicero restos de colillas para fumar. Apura el último sorbo de Criadores y estrella la botella en el tacho de basura “Que cagada, mañana lo tengo que limpiar”. Ya el papelito se vació. Solo queda para media línea y no necesita peinarla, se la toma directamente y su agredida nariz se pegotea con el polvo blanco. Con un dedo humedecido de saliva trata de rescatar lo que quedó y se lo pasa por la encía que volverá a tener ampollas. “La puta que lo parió no queda mas. Mejor así no tomo” piensa pero comienza a desesperarse. Apaga el equipo de música y se va para el botiquín del baño.
Una caja de bromazepan lo está esperando y se cuela tres pastillas. Se desploma en la cama y el sueño es un rebelde que no aparece. “Empieza a mirar el techo y en el techo no hay nada, viejo Moris, hay solamente un techo. ¿Que puedo hacer? ¿Que puedo hacer? Es muy tarde son las tres de la mañana y se me acabo. Los bares están cerrados, las mujeres duermen ¿que puedo hacer? ¿Que puedo hacer? Estoy solo y aburrido, nadie me mira, todos pasan a mi lado....”
El infierno está mas cerca de lo que parece.
JULIO 2000.
Hemos paseado por nuestros infiernos más de una vez.
ResponderEliminarExtraña sensación de euforia y "bienestar" con que nos destruía(mos) poco a poco.
Fueron duros los noventa (en muchos sentidos, sí).
Suerte que ya quedaron muy atrás.